febrero 23, 2006

¿Qué hacemos con ellos?

Sin opinar sobre cuando se acaba, si mañana o dentro de unos años, yo, cuando veo algo insostenible, lo considero insostenible. Siendo así, me parece oportuno pensar en el qué hacer con los contrarios, cuando llegue la hora de implementar los resultados de una elección, o se necesite manejar una transición, como la que pueda resultar de una renuncia.

Los verdaderamente fanáticos, quizás unos diez mil, pueden provocar grandes destrozos y constituyen un verdadero problema, que requiere de atención directa por parte de quienes saben de eso.

Los oportunistas, por definición, no presentarán ninguna resistencia al cambio, el cual, por el contrario, debe buscar como resistirse a ellos.

Los indiferentes, los “sólo-me-ocupo-de-lo-mío-día-a-día”, esos que generalmente no votan, pero que normalmente apoyan al gobierno de turno a cuenta del mejor vale lo malo conocido que lo bueno por conocer, se acomodarán, sin problemas.

Los convencidos, aquéllos que buscaban imponer una transformación social y que están decepcionados, de repente hasta podrán ayudar a realizar los cambios que siguen siendo necesarios.

Pero… y esos dos millones de venezolanos que con sinceridad de fe sembraron sus reservas de esperanzas en quién tan bonito les habló… ¿que rayos hacemos con ellos, y cómo evitamos que su desespero obstaculice encontrar una mejor ruta para el país? Encontrar una respuesta país que les haga querer seguir viviendo, es sin duda el mayor reto de quienes mañana aspiren a gobernar.

El Caracazo anunció con claridad la existencia de una bomba en Venezuela, pero como nadie hizo nada para desactivarla, hizo “poff”, cual triqui-traqui, lo que fue aprovechado por un carismático para llevarnos a donde nunca nos queríamos encontrar. Hoy, cuando necesitamos desmantelar una bomba armada inmensamente más poderosa y lograr mantener vivo a este proyecto país que tenemos, se requiere que todos comencemos por rectificar a fondo nuestras propias fallas como ciudadanos.

O nos vamos por la vía de la indiferencia y dejamos que una masa de compatriotas desilusionados deambulen cual unos sin casta, en cuyo caso Venezuela también seguirá perdida sin rumbo, o les damos ese cariño y esa atención que se merecen. Quién sabe si en la tarea de reparar dos millones de corazones partidos de repente nos topamos con ese gran país del que tanto nos vanagloriamos, pero que, la verdad sea dicha casi siempre, o quizás hasta siempre, sólo logra brillar por su ausencia.

Caracas, El Universal, 23 de Febrero de 2006 Censurado!!!

febrero 09, 2006

La Revolución Emprendedora

Cuando leí en el Financial Times de Londres los resultados del estudio hecho por Global Entreprenuership Monitor, se me nublaron los ojos al ver que Venezuela rankeaba en un clarísimo primer lugar mundial, en términos de la proporción de personas entre 18 y 64 años que califican como emprendedores empresariales. Venezuela 25%, seguida por Tailandia 21%, con Estados Unidos con un 12%, España, Alemania y Francia con un 6% y Japón relegado al penúltimo lugar con un 2%.

Se me nublaron los ojos, al pensar en donde podríamos estar si esta revolución se hubiese aliado con nuestros emprendedores para rescatar la responsabilidad social que tanta falta le hace al país, en lugar de entramparse en las telaraña de la corrupción, la ineptitud y la de un socialismo primitivo.

Se me nublaron los ojos al pensar en donde estaríamos si en esta revolución, en lugar de seguir la tradición venezolana de los gobernantes de turno de usar los ingresos petroleros para financiar sus propias ocurrencias, los hubiere usado para apoyar las iniciativas de nuestros emprendedores, con educación, infraestructura e instituciones funcionales y creíbles.

Chávez, a estas alturas, ya intuye que no hay manera que pueda llevar al país adonde algunos ilusos quieren que lo lleve, por la sencilla razón de que el país se le muere en el camino. La “conciencia revolucionaria”, aquélla que ni se compra ni se vende, aquélla que según la teoría sería necesaria para lograr transformar el petróleo en energía útil para el país, simplemente no existe suficientemente, ni aquí, ni en ningún lado.

La frustración de Chávez, si le concedemos el beneficio de la duda, es entendible, pero si en lugar de amargarse y desesperarse corre hacia adelante y lanza una contrarrevolución, basado en “la conciencia emprendedora”, de repente consigue su salida, y nosotros la nuestra.

Que Chávez pueda ser un buen vendedor de la iniciativa privada es difícil, pero no imposible, si alcanzara entender que eso no requiere de su conversión al neo-liberalismo. Por ejemplo, pocas políticas públicas podrían impulsar más un modelo de democracia participativa, que la de entregarle los excedentes petroleros directamente al pueblo. Ali Primera, en su Sangueo para el regreso tenía toda la razón cuando sostenía que el pueblo es sabio, y que merece que le saquen a los mercaderes del templo público, quienes al fin y al cabo son los que más disfrutan y manosean la patria, en lugar de amarla.

El Universal, 9 de Febrero del 2006

enero 26, 2006

Desacreditando lo bueno

Los demagogos, aquellos que ofrecen soluciones fáciles e inmediatas a todo, se dividen en: vagabundos, los que usan la demagogia para adelantar sus propios fines, y los ilusos, los que creen excesivamente en el poder de las recetas mágicas que anuncian. En ocasiones, cuando están presentes unas circunstancias psicológicas algo especiales, un mismo demagogo puede pertenecer a ambos grupos. 
Una de las más tristes consecuencias de la demagogia es cómo ella termina por desacreditar de manera injusta las ideas que ella misma adelanta, al permitir que sus ejecutorias sean efectuadas, o por los vagabundos que buscan otros resultados, o por los ilusos que están convencidos que las ideas son tan poderosas, que compensan cualquier falla en su implementación. Tanto el cooperativismo como las privatizaciones de los servicios públicos, son dos ejemplos de buenas alternativas, que en nuestro país están sufriendo o han sufrido del abrazo de la demagogia. 
El cooperativismo es una de las formas socialmente más avanzadas de organizar los esfuerzos productivos y puede producir resultados extraordinarios, pero sólo cuando se encuentran presentes una larga serie de condiciones, que cuando no existen de manera natural son muy difíciles o casi imposibles de recrear. Hoy, en lugar de promover un movimiento cooperativista, lo que tenemos es más bien “el negocio del cooperativismo”, con lo que estamos haciéndole un daño profundo al cooperativismo auténtico.
Las privatizaciones, vía una cooperativa o vía una empresa tradicional, son una excelente manera de solventar y mejorar la prestación de servicios públicos, siempre que se haga bien. Por ejemplo, en el caso de la privatización del servicio eléctrico de Margarita, si el gobierno central en Caracas no le hubiese cobrado al inversionista los 63 millones de dólares, que tuvo que pagar por el 70% de los derechos de distribuir luz en la isla (en esencia una apropiación indebida), por supuesto que se pudiesen haber hecho muchas otras inversiones o los consumidores hubieran tenido que pagar tarifas mucho menores. Tal como se hizo, la privatización está siendo desacreditada y ya observamos una pelea incipiente entre la isla y los inversionistas de SENECA, mientras que los demagogos del entonces, hace tiempo se fueron.
Roguemos por que en nuestra Venezuela del futuro haya lugar para aprovechar lo bueno que ofrecen tanto las privatizaciones bien hechas, como las cooperativas bien nacidas.

enero 12, 2006

Controversialmente moderado

Si su hijo, por malcriado, estrella una torre de platos contra el piso argumentando que le da rabia el hambre que pasan en África… Usted no se pone a discutir el hambre de África con él.

A los siete años el país no puede seguir dividiéndose por discutir de si Chávez es bueno o malo, neoliberal o comunista, patriota o entreguista, Bolivariano o Zamorano, generoso o cínico, o cuantas cosas más, ya que lo que importa, es si sirve como Presidente y ya la mayoría sabe que no. ¡Qué lástima!... Tenía apoyo como para hacer cosas buenas, pero… mejor pasamos esa hoja.

Hoy, al trazar un plan de gobierno para el 2007, lo que el país espera y merece es un modesto plan orientado a darle un respiro, una calma y a gobernar razonablemente bien. En otras palabras, un plan muy distinto al que visualizan quienes dicen que necesitamos una alternativa que compita en ilusiones de grandeza con las confusiones de Chávez.

Quien tiene reservas puede darse el lujo de apostar a grandes mejoras pero, quien no tiene ni asegurado su pan de mañana, cualquier radicalidad que le pueda alterar su frágil equilibrio le significa un riesgo horrible. En este sentido, la mayor pobreza que hoy tenemos, en lugar de favorecer un cambio, obra como una fuerza conservadora. Digo esto por cuanto ya hemos oído unos llamados a otra Constituyente, lo que aparte de una estupidez política, suena hasta insolente para el país, cual primer artículo Carmoniano cuando, en lugar de extender la mano al lado contrario, como las circunstancias requerían, la arrogancia los indujo a comenzar con rebautizar al país.

No despedir ni un solo empleado público por un año; no suspender ni una sola misión hasta que pueda ser reemplazada por algo mejor; colocar toda la fuerza del Estado tras el objetivo de evitar cualquier retaliación ilegal o anárquica, son el tipo de ofrecimientos que necesitamos… en otras palabras, un gobierno controversialmente moderado.

Si Chávez logró conectarse con el pueblo ofreciendo cambios e instigando revolución, el próximo presidente deberá poder ver al pueblo venezolano a los ojos y convencerlo, con esa sinceridad que produce la intención de cumplir, que la transición les traerá paz, tranquilidad y gobierno. Amigos, hoy tenemos un país muy cansado que merece un descanso. Al próximo que se le ocurra ofrecerle a nuestros necesitados un agite populista… pues hasta este tranquilo extremista del centro se le puede poner violento.

diciembre 29, 2005

Otros asambleístas defraudados

Los asambleístas más defraudados tienen que ser, sin discusión, aquéllos quienes con cariño sembraron una nueva Constitución, albergando grandes esperanzas de que de tal árbol surgiese un futuro mejor para nuestro país y hoy observan como por descuido, vagabundería y hasta maldad, ese árbol está creciendo torcido y degenerado y ni siquiera llega a ser una mala caricatura de sus ambiciones. Pero la frustración pica y probablemente se extienda a otros asambleístas…

Varios venezolanos se ofrecieron como candidatos a la Asamblea para representar, conforme al Artículo 201 de la Constitución, a todo el pueblo con su voto “personal”, obedeciendo “solo a su conciencia”, sin estar “sujetos a mandatos ni instrucciones”, para cumplir así con las responsabilidades asignadas a la Asamblea Nacional. Normalmente, quedar electo como diputado constituye un inmenso honor para cualquier venezolano que ama a su país.

¿Cómo deben sentirse entonces hoy quienes con sorpresa ven como, en lugar de este Diciembre haber sido electos a una Asamblea, lo fueron para formar parte de un coro vestido de rojo, donde no se les permite ni siquiera cantar, y cuyas posibilidades de expresión quedarán limitadas a levantar las piernas o los brazos, al unísono, tal cual unas (unos) Rockettes del Radio City de Nueva York, con la circunstancia de que, para colmo de males, están dotados con piernas mucho menos agraciadas?

Ni el país, ni la mayoría de los 167 diputados electos se han percatado del verdadero significado del 167 a 0. Un 167 a 0 es tan contrario a la esencia de la democracia, que hasta se podrían vender paquetes turísticos para permitir observar ese extraño fenómeno, que por cierto de repente también termina mercadeado como la Democracia del Siglo XXI.

Entiendo si muchos de Ustedes no lo creen posible pero, en estos mismos instantes, entre esos 167 venezolanos electos a la Asamblea, debe haber unos cuantos que están contemplando la posibilidad de renunciar, por la sencilla pero muy poderosa razón de que no están de acuerdo con un 167 a 0 y no desean que la historia de Venezuela los registre como formando parte de aquello. A ellos, quienes sean, si al fin deciden renunciar, lo que reconozco no será fácil, les aseguro que por lo menos este articulista les extiende su agradecimiento y apoyo.

¡No al 167 a 0! ¡No al 0 a 167! ¡Sí a 167 asambleístas venezolanos con criterios propios e independientes! ¡Feliz Año 2006!

diciembre 18, 2005

¿Qué debe hacer el mundo financiero con Venezuela?

 Traducción de una carta enviada al Financial Times

Señor: En Venezuela, al igual que en la mayoría de los demás países, se supone que el Congreso ejerce control sobre el poder ejecutivo. Por ejemplo, su Constitución establece que «no se celebrará ningún contrato de interés público municipal, estatal o nacional con Estados u organismos oficiales extranjeros, ni con empresas no domiciliadas en Venezuela, ni se traspasará a ninguno de ellos, sin la aprobación de la Asamblea Nacional».

 

Si bien hoy en día se conoce a Venezuela como una nación profundamente polarizada, lo cierto es que, tras las elecciones del 4 de diciembre de 2005, su Congreso cuenta con 167 miembros partidarios y obedientes a quien desea ser llamado «Comandante», y carece de representación alguna para los muchos que no comparten en absoluto los divagantes y confusos planteamientos de Chávez sobre su visión del socialismo del siglo XXI. Esto plantea, sin duda, serios interrogantes sobre su legitimidad y, por consiguiente, importantes desafíos para quienes emiten opiniones al respecto.

 

Por ejemplo, ¿qué deben hacer los asesores jurídicos o las agencias de calificación crediticia tras recibir una carta de un ciudadano venezolano (o incluso tras leerla en el *Financial Times*) en la que se les informa de que, tarde o temprano, las deudas contraídas actualmente por Venezuela podrían ser cuestionadas por considerarse «deuda odiosa»? Ello se debe a que no han sido debidamente aprobadas por un congreso legítimo ni son necesarias, como lo demuestran las numerosas donaciones que Venezuela —a pesar de contar con una gran cantidad de ciudadanos en situación de extrema pobreza— ha realizado recientemente, incluidas aquellas destinadas a los relativamente pocos habitantes de Massachusetts que viven en condiciones de cierta precariedad.

 

Señor, si una empresa como Nike debe preocuparse por las condiciones laborales en las fábricas a las que subcontrata su producción, ¿por qué debería permitirse al mundo financiero ignorar las cuestiones de representación civil en aquellos países que ayuda a financiar?

 

Esa carta al *FT* la incluí en mi libro *Voice and Noise* (2006) —escrito tras mi experiencia como director ejecutivo del Banco Mundial (2002-2004)— y ahora, tras haber señalado debidamente el fragmento anterior, la ofrezco libremente a cualquier abogado que deba preparar una diligencia debida sobre Venezuela y a cualquier miembro de las agencias de calificación crediticia que deba calificar al país, junto con estas palabras: «...y no olviden que un ciudadano venezolano —que tiene toda la intención de impugnar en el futuro, si se le presenta la oportunidad, todas las deudas odiosas y las dádivas— les advirtió: "No tengo la menor idea de si mi caso tiene fundamento jurídico... pero ¿están realmente seguros de que no lo tiene?"».


Antecedentes:

diciembre 16, 2005

Carta pública sobre el 167 - 0

Carta pública dirigida a los inversionistas extranjeros, bancos intermediarios, calificadores de crédito y demás entes relacionados con el endeudamiento publico del actual Gobierno de Venezuela.

Estimados Señores.

El Sr. chávez frías, quien protagonizo un golpe militar y a quien sus adeptos llaman comandante, fue electo Presidente de Venezuela, en unas elecciones democráticas, por una mayoría abrumadora de la población venezolana, harta de los vicios del pasado.

Desde los inicios de su gestión, ésta ha sido, por decir lo menos, muy controversial, en especial por cuanto ha desplegado unas tendencias autoritarias nada compatibles con las tradiciones democráticas del país. Desde hace ya un tiempo, chávez domina todos los poderes públicos, habiendo impuesto adeptos-adictos suyos en la Corte Suprema de Justicia, la Contraloría, la Defensoría del Pueblo, el Banco Central, las fuerzas armadas, la Asamblea Nacional y demás entes públicos, aparte de que, como petro-autócrata de turno, controla la chequera pública y la cual ha estado muy bien alimentada por los ingresos petroleros.

El Comandante, independientemente de las tantas necesidades que tiene el país también se ha dedicado a divulgar por el mundo un programa que denomina el Socialismo del Siglo XXI y que algunos proclaman como una visión, pero que la mayoría sospecha es solo una gran confusión. Para mercadear su propuesta, así como la marca Comandante chávez, ha regalado activos del pueblo venezolano por doquier, hasta en lugares tan insólitos como el Estado de Massachussets, y lo cual, en gran parte, lo ha financiado con préstamos internacionales, provisto por Ustedes, o por lo menos con la ayuda de Ustedes.

Por supuesto que estos empréstitos públicos han causado gran preocupación a muchos de los venezolanos pero como hasta la fecha carecíamos lamentablemente de unas pruebas lo suficientemente claras, sencillas y contundentes para presentar nuestras quejas ante personas y entes como Ustedes, quienes no tienen porqué someterse a oír unas detalladas exposiciones, o quienes, por otras causas, prefieren ejercer la opción de hacerse los locos.

Ahora bien, a partir del 4 de Diciembre, las circunstancias han cambiado y hoy podemos presentarnos ante Ustedes colocar sobre su mesa el hecho que la Asamblea Nacional estará constituida por 167 partidarios del Comandante y ni un solo representante del resto del país, aún cuando igualmente es públicamente notorio y hasta aceptado por el Gobierno que el país se encuentra polarizado. Consideramos que lo anterior constituye una prueba sencilla, contundente, transparente e irrefutable de que en Venezuela no existen las condiciones de una adecuada y amplia representación política de la voluntad pública nacional.

¿Que la responsabilidad del 167 a 0 recae sobre la oposición? ¡Absolutamente irrelevante! El principal responsable por haber creado las condiciones políticas y electorales que hubieren permitido reflejar las voluntades del país recae ante nada en ese quien gusta que lo llamen Comandante.

Es en tal sentido que mediante la presente le solicitamos abstenerse de inmediato de otorgar nuevos créditos a Venezuela hasta que por lo menos se haya subsanado lo anterior y se hayan convocados nuevas elecciones.

El desconocimiento de esta alerta nuestra los expone al riesgo que en algún momento la sociedad proceda al desconocimiento total de dichos créditos, amparándonos a tal efecto en la incipiente doctrina relativa a los créditos odiosos. Como Ustedes bien saben la doctrina sobre deuda odiosa y que pudiese ser invocada para exonerar al país de cancelar una deuda pública contraída se fundamenta sobre los siguientes tres pilotes; la ausencia de una efectiva aprobación de la ciudadanía a la contratación de los créditos (167-0), el hecho que los fondos no sean usados para el país (los numerosos regalos de Venezuela a otros países) y el conocimiento del hecho por parte de los acreedores (esta carta).

Reciban un cordial saludo,

diciembre 15, 2005

DOS INCONGRUENCIAS NUMÉRICAS


LA DECLARACION Universal de los Derechos Humanos dice: "La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público; esta voluntad se expresará mediante elecciones auténticas que habrán de celebrarse periódicamente, por sufragio universal e igual y por voto secreto y otro procedimiento equivalente que garantice la libertad del voto". Sin embargo, Venezuela se presenta hoy ante el mundo desnudada de su tradición democrática, con una Asamblea de 167 diputados a favor del Gobierno y 0 en contra y sin que exista un solo venezolano que, con la mano sobre el corazón, pueda jurar que esa composición sea un reflejo auténtico de la voluntad del pueblo. ¡Por Dios, si hasta en la Zimbabwe de Mugabe existe un 107 43!
El Gobierno achaca la culpa de tal aberración democrática a la alevosía y premeditación de unos grupos opositores. Eso es una excusa inaceptable; ya que el responsable de crear las condiciones, que permitan y estimulen al pueblo a expresar su voluntad, es el Gobierno. Al igual que la culpa de las inundaciones, nuevamente como que la tiene la lluvia y no la falta de limpieza del alcantarillado. Por el otro lado, tampoco triunfó la abstención, por cuanto sorprende que no haya sido aún más alta.
Massachusetts, en Estados Unidos, con un ingreso per cápita en el 2004 de 41.801 dólares anuales, tienen muchos pobres y eso es una vergüenza. Pero, más vergüenza aún es cuando el gobierno de un país, como el nuestro, con un ingreso de apenas 4.020 dólares per cápita y muchísimos más pobres mucho más pobres, dedica recursos a ayudar a los de Massachusetts, y lo anuncia con un irónico: "Este programa de asistencia de combustible no tiene que ver con política. Tiene que ver con el ofrecer ayuda humanitaria a los que la necesitan. ¿Qué pudiese ser más americano que eso?".
A Estados Unidos no le preocupó un bledo cuando nuestro petróleo cayó por debajo de los siete dólares por barril en 1998 y todavía recordamos cómo nuestro gobierno rechazó su ayuda humanitaria cuando lo de Vargas. Aun cuando sospecho que tal publicidad sólo refleja otra ineptitud, les juro que se me revolvió el alma de pensar en nuestros más pobres, cuando en el anuncio de la donación de Citgo y Pdvsa salía además la foto de una bella casa, de dos pisos, con jardín y terraza, toda iluminada.
PD: Sugiero que la "nueva" oposición rete a Chávez a un debate sobre su gestión de gobierno. ¿Se atrevería él aceptar ese reto?

diciembre 01, 2005

El guión de "Chávez"

Primer Acto. Venezuela tenía durante los años 80 una democracia que necesitaba rejuvenecerse y una economía que sufría de una fuerte resaca, como consecuencia de la borrachera producida por los excesos petroleros de los 70. Comenzando los 90, trató de curarse con una mayor descentralización de poderes (gobernaciones) y con un proceso de apertura comercial. Los cambios fueron demasiado rápidos, se cometieron errores y quedó servida la mesa para que algo ocurriese.

Segundo Acto. Aparece Chávez, uno de los mejores cuenta-cuentos que jamás haya visto el mundo y logra conectar con una audiencia ávida de cariño y de esperanzas, interpretando un sublime Hugo-es-como-tú-y-sólo-piensa-en-tí, sacado de ese libreto socialdemócrata, que se le había perdido a AD cuando descuidó la negociación de la apertura comercial, por hacerle caso a los fundamentalistas de esa época.

Tercer acto. Chávez logra subirse a la cúspide nutriéndose tanto del petróleo como del frondoso árbol del anti-yankismo, aprovechando que últimamente ambas fuentes han sido extraordinariamente generosas produciendo la savia con que alimentar a sus parásitos. Por si fuera poco, muchos de sus críticos, a quienes les gusta tener un enemigo importante, refrendan su éxito y elevan a este humilde soldadito y frustrado pelotero, a las alturas de ser un gran ideólogo visionario.

Cuarto acto. Buscando satisfacer las crecientes expectativas del público, Chávez sube a la escena a algunos de sus fanáticos, pero éstos no sólo resultan ser unos pésimos actores, sino que además, entre ellos, se le cuelan sus propios parásitos, dispuestos a chupar. El público comienza a reclamar; Chávez preocupado busca la suerte poniendo en escena unas tramas absurdas… y comenzamos a anticipar el final. Sabiendo que hasta el mejor actor se vuelve fastidioso, vemos como un protagonista cada vez mas nervioso e inseguro, inicia un vertiginoso joropo con el cual busca darle más y más a su audiencia, pero sólo logra entregar menos y menos… hasta que...

Aún no conocemos el exacto final, pero por cuanto la obra nunca representó en realidad un enfrentamiento entre dos visiones, sino más bien entre dos inmensas confusiones, desde ya sabemos que una parte del público saldrá contenta con la caída del monstruo, y otra muy triste, por la pérdida de su santo-líder. Lo trágico de esta bufa comedia convertida en tragedia griega, es que ahora ambos tendrán que buscar como convivir en un mismo país.

Caracas, 1 de Diciembre de 2005



noviembre 03, 2005

¿Sin militares?

La única búsqueda de unidad decente y responsable en la Venezuela de hoy es la que busca la unidad del país… lo otro es simplemente ya un vulgar sectarismo. Y, el único armazón para cualquier unidad, es un proyecto país que inspire. ¡Hoy simplemente no lo hay! ¡De ningún lado!

Para crear ese proyecto que tanto necesitamos, en un mundo de tantas transformaciones, es necesario analizarlo todo. En tal sentido, considero que el país debe preguntarse si en verdad necesita de unas defensas militares como las actuales. Quizás su eliminación pudiera abrir los espacios, que necesitamos para lograr un país mejor preparado para enfrentar los retos del mañana.

¿Necesita un país tener defensas? Por supuesto que sí, resulta absolutamente vital y es justamente por ello que debemos asegurar que nuestras defensas sean nuestras mejores defensas. Para ello no necesitamos poner en duda, para nada, la calidad intrínseca de nuestros militares, es más, podemos hasta suponer que sean los mejores del mundo, pero aún así puede que existan mejores alternativas. Buscarlas es patriotismo, evitarlas sólo patrioterismo.

Para comenzar, todos hemos visto como ejércitos mucho mejor preparados que los que nosotros podríamos soñar con tener, han sido volados del mapa, en pocos días.

La Constitución de Costa Rica de 1949 establece, “Se proscribe el Ejército como institución permanente. Para la vigilancia y conservación del orden público, habrá las fuerzas de policía necesarias. Sólo por convenio continental o para la defensa nacional podrán organizarse fuerzas militares; unas y otras estarán siempre subordinadas al poder civil; no podrán deliberar, ni hacer manifestaciones o declaraciones en forma individual o colectiva.” Nadie puede decir que a Costa Rica no le ha ido bien sin sus militares y nadie puede dudar que si alguien se mete con ella, habrá un mundo que sale a defenderla.

En el país hay fronteras, que pueden ser más importantes defender que las geográficas. Por ejemplo, si nuestra economía no es fuerte, tendremos que entregarle mucho más de nuestro subsuelo al extranjero, por lo que hasta podría llegar el día en que nuestros gloriosos militares estarían defendiendo un cascarrón vacío.

Además, cuando a momentos pareciesen abrirse las puertas de nuestros cuarteles para que entre el Caballo de Troya Caribeño, a un patriota no le queda más remedio que preguntarse sobre el qué dicen nuestros soldados… ¿será acaso… nos vamos a casa?

El Universal, Caracas, 3 de Noviembre de 2005