enero 31, 2013

Tres trompetillas

En la semana pasamos la vergüenza y la tristeza de leer en The New Yorker un artículo de Jon Lee Anderson titulado "El Señor del Barrio", y donde califica a nuestra Caracas como una "ciudad fallida", y sin que podamos encontrar algo sólido con qué rebatirlo. 
Pero más vergüenza y más tristeza siento cuando tengo que explicar en el extranjero lo de la gasolina regalada. Ahí sí quedamos como unos verdaderos primitivos. Desde más de una década y en más de cien artículos lo he protestado. 
Ya en 2002 escribí: "deberíamos cobrar por la gasolina, como mínimo, el precio que cubra sus costos directos. No hacerlo significaría meter la mano en el bolsillo a quien menos use la gasolina, para favorecer a quien más la use... ¡Un robo!... Pero de igual manera... cada litro de gasolina que vendamos a un precio menor al que obtendríamos exportándolo, significa quitarle un ingreso a quien menos use la gasolina para favorecer a quien más la use... ¡Una injusticia! 
Y en 2005 subí el volumen de mi protesta: "Es difícil entender cómo nuestros pobres no han introducido una demanda en contra de nuestros gobiernos por ante alguna Corte Internacional de Derechos Humanos, por los crímenes económicos cometidos al regalar tanto a quienes usan carros, en detrimento de quienes no". 
Y este 10 de enero les recordé que "el país, por la vía de la gasolina a precio regalado, le entrega a los compradores de gasolina un valor superior a lo gastado en todas las demás misiones juntas... y eso no solo es asqueroso desde la perspectiva de la justicia social, sino además una aberración total de las señales económicas necesarias para que los recursos se orienten eficientemente, para el bien de la economía". 
Por lo anterior comprenderán mi satisfacción cuando esta semana, en El Universal leí un artículo de Luis Oliveros B. titulado "La gasolina regalada", basado en el estudio "Las realidades del subsidio a la gasolina", publicado en la revista del Centro Gumilla de mayo 2012, el cual aún no he leído. 
Los ajustes en el precio de la gasolina que ese artículo propone me parecen mínimos, pero es un comienzo. No obstante lo más importante es que el tema se discuta, puesto que el silencio de quienes deberían ser las elites, es una ensordecedora trompetilla que estos le han lanzado a su país. 
Y hablando de trompetillas, eso es lo que le lanzó el Tribunal Supremo de Justicia a todo el pueblo venezolano, cuando sostuvo que no había méritos para enviar una junta médica a certificar las condiciones de salud de un presidente que llevaba ausente y silente 30 días. Uno lo cuenta y no se entiende, hasta que uno también cuenta que vivimos en un país donde más del 97 por ciento de todos los ingresos por exportación ingresan a las arcas formales o informales del Estado, y entonces todo se entiende. 
Pero, al entenderlo todo, surge entonces la pregunta: ¿De facto, ahora quien gobierna más en Venezuela, "El Encargado", "El Constitucional" o quien está en posesión de "La Chequera Petrolera"? Por supuesto, si leen lo que llevo décadas diciendo sobre el poder de la chequera con nuestras resultas petroleras, sabrán muy bien lo que pienso. 
Y es que casi oigo a los dos primeros.... "¡Porfa!" Y es que casi le oigo al último su trompetilla... "Vendan primero el oro que tienen en el BCV y luego hablamos... quizás". 
PS. Por lo que yo entiendo el oro venezolano no lo pueden ni siquiera comprar, pues nadie se los quiere vender a la tasa de cambio por dólar que ellos mismos se han obligado a pagar.

enero 24, 2013

El ausente

El "ausente", con la chequera de nuestras resultas petroleras en manos, durante catorce años, como un "Yo Soy El Todo" fungió como el único punto de referencia nacional, para tutilimundi. En tal sentido no hay porqué sorprenderse sí a alguien hoy podamos parecerles, en el más amable de los parecérseles, a un Kindergarten sin maestra. 
Mientras dure la ausencia del "ausente", quién sabe de repente a nuestra imaginativa Corte Suprema de Justicia se le ocurre decretar un período presidencial sabático, permítame escribirles sobre otro tema que me ocupa, el de las regulaciones bancarias.

enero 17, 2013

La defensa del territorio nacional

Recientemente el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Suecia opinó que ese país probablemente estaría en capacidad de defenderse de una invasión extranjera unos siete días. ¡Siete días! ¿No más? Como se imaginarán allá se prendió la discusión.
Siendo mi madre sueca y especulando conocer algo de las realidades de ese país, mi primera reacción fue: Todo depende de quién es el invasor. Si por ejemplo es Noruega, llevándole a Suecia el petróleo que esta no tiene, quizás hasta con una sola bala les sobra, para no registrar ni un solo soldado noruego muerto. Si por el contrario el invasor es su "archienemigo" Rusia, puede que desearían tener municiones hasta por 7 meses, si es que por 7 o 70 años no les resulta posible.
Y me pregunté: ¿Para cuantos días de defensa del territorio nacional estaremos preparados militarmente en Venezuela? Me imagino que en Venezuela la respuesta dependerá de quien la responda... y quizás mejor no oírla.
Volviendo a lo de Suecia: ¿Y si la preparación de los militares es de sólo siete días, para cuantos días está preparada la voluntad del ciudadano sueco para defender su territorio nacional? Digo esto por cuanto eso es tan o hasta más importante que lo militar para el resultado final, y países que como Suecia han eliminado el servicio militar obligatorio, pueden que estén señalando un cierto desgano.
Y me pregunté: ¿Cuántos días aguantaría la voluntad de defensa del ciudadano venezolano? ¿Serían los mismos independientemente de ser Brasil, Colombia, Cuba, Estados Unidos, Rusia o China el invasor?
Volviendo a lo de Suecia: ¿Y qué significa prepararse para la guerra hoy en día? Lo digo por cuanto si yo fuese ministro de defensa de un país, antes de pedir más para lo militar, sugeriría por ejemplo prohibirle durante un año el uso de todos los medios modernos de comunicación digital a los jóvenes de entre de 11 a 18 años. Y eso para que conozcan más del mundo real, no solo por la vía virtual. Por ejemplo que sepan orientarse con una brújula y no solo dependan de un GPS.
Y me pregunté: ¿Y qué significa en Venezuela el prepararse para defender el país de una invasión extranjera cuando ni siquiera se defiende el acceso de nuestros jóvenes a sus propias calles dejando estas en manos del hampa?
Volviendo a lo de Suecia. ¿Y acaso las fronteras territoriales son las fronteras más importantes a defender? Qué hay de las fronteras comunicacionales, o las fronteras regulatorias? Un país como Suecia y que en tanto se debe a la capacidad y la voluntad de sus ciudadanos de tomar riesgos, y en cuyas iglesias se rogaba "Dios háganos audaces", ahora, y sin darse cuenta, ha permitido que todo su sistema bancario fuese invadido por los del Comité de Basilea, y quienes imponen regulaciones que incentivan una estúpida aversión a lo que ellos perciben como riesgoso. ¿Y puede haber algo más riesgoso para un país que una exagerada aversión al riesgo?
Y me pregunté: ¿Y acaso nuestras fronteras terrestres son tan importantes cuando algunos militares y civiles, sin gastar una sola bala, parecen estar dispuestos a entregarle tanta de nuestra soberanía nacional en tantos asuntos a otro país?
Y me tranquilicé algo pensando en que la verdad es que siete días son pocos, sólo si la capacidad del invasor invadiendo es de ocho días o más.
PS. Por cierto mi madre no alberga algún temor de que unas hordas llaneras venezolanas, al mando de un Genghis-Zamora-Khan criollo, invadan a Suecia. ¡Puf que alivio!

enero 04, 2013

¿Y quién resucita a Venezuela?

Hay amores que matan, y somos un país donde un líder, adorado por más de la mitad del pueblo, de talla internacional, no se sintió capacitado para aumentar el precio de la gasolina en 14 años, y como resultado su roja-rojita revolución bolivariana, se desgasta gastando más en gasolina regalada que en todas las misiones sociales juntas. 
¿Y quién tiene el liderazgo suficiente para aumentar el precio de la gasolina... digamos unos 1.000 por ciento para comenzar? 
Hay amores que matan, y el Estado se nos puso tan obeso que si deseamos sobrevivir, y que no se nos caiga encima y nos aplaste, tenemos que imponerle una dieta muy estricta. 
¿Y quién tiene el liderazgo suficiente para despedir a unos cuantos cientos de miles de empleados públicos, pagándoles sus indemnizaciones con bonos de poco valor? 
Hay amores que matan, y el Estado, de manera desorganizada, para financiar las amorosas ocurrencias del líder, y el desaforado consumismo del pueblo, endeudó al país hasta el tequeteque. 
¿Y quién tiene el liderazgo suficiente para exigirle al país los sacrificios necesarios para servir tal deuda? 
Hay amores que matan, y celos que generan odios, y muchos venezolanos comenzaron a odiarse profundamente los unos a otros. 
¿Y quién tiene el liderazgo suficiente para inspirar una verdadera reconciliación nacional?
Hay amores que matan, y el país desperdició las resultas petroleras satisfaciendo necesidades innecesarias, subsidiando un consumismo importado y el turismo en el extranjero. 
¿Y quién tiene el liderazgo suficiente para decirle a la clase media que esa Misión Importación y Viajecitos es una insolencia acabada? 
Hay amores que matan, y por lo que cientos de miles de jóvenes venezolanos recibieron una mediocre educación, que no les servirá para mucho, excepto para alimentar sus frustraciones.
¿Y quién tiene el liderazgo suficiente para contarles a esos jóvenes esa cruel verdad, y ayudarlos a recuperar sus irrecuperables años perdidos, sin que éstos pierdan la razón? 
Hay amores que matan, y el cariñoso de turno, sin justificación, elevó hasta las alturas la importancia relativa de su querido testamento militar. 
¿Y quién tiene el liderazgo suficiente para ahora pedirles a los militares que se bajen de esas nubes, de inmediato, y sin que a punta de los Kalashnikovs que les dimos, nos exijan sacrificarnos todos por ellos? 
Hay amores que matan, y tratando de facilitar unas grotescas caricias amorosas, el país cayó en el más profundo irrespeto a sus instituciones y a sus leyes. 
¿Y quién tiene el liderazgo suficiente para imponer, de manera firme justa e igualitaria, las leyes que se necesitan para lograr cimentar las ganas de construir un futuro? 
¡Sí! Hay amores que matan, y por lo que pregunto: ¿y quién resucita a Venezuela? ¿O es que nuevamente permitiremos a otro turno de sepultureros seguir bailando a nuestro muerto país, para sacarle ellos sus provechos? 
Como probablemente intuyen, mi respuesta a todo lo anterior, no es "quién" sino "qué". 
No sólo para resucitar a Venezuela, sino además para convertirla de la aldea con caciques que siempre ha sido en una gran nación democrática, hay que eliminar para siempre, la principal fuente de los amores que matan. Necesitamos evitar que con nuestras resultas petroleras en su poder, un cacique de turno pueda vender ilusiones de grandeza y riquezas inagotables, solo obtenibles plegándose a él y confiando por completo en su sabiduría y su amor. 
Dios bendiga a nuestra Venezuela. Feliz año 2013.