enero 15, 2004

El Amazonas

APARTE DE CONOCERLO como el principal pulmón de la Tierra, sé poco del Amazonas. Como no creía que sus selvas pudieran sustentar actividades económicas muy rentables, jamás me preocupé demasiado por la tala de sus árboles, pensaba que los estragos ecológicos avanzarían con relativa lentitud, y que, de llegar a ser demasiado graves, siempre podrían ser paralizados con un poco de voluntad y de recursos. Ya no estoy tan seguro de eso.
En un estudio reciente de Sergio Margulis, publicado por el Banco Mundial, él sostiene que la ganadería en las tierras del Amazonas es una actividad altamente rentable, desde la perspectiva privada. Paralelamente, en un artículo publicado en el Clarín, de Buenos Aires, leí que esas mismas tierras, donde hasta hace poco pastaban las vacas, están siendo destinadas al cultivo más rentable del Brasil, la soya, cuya demanda ha sido impulsada por el crecimiento económico de China.
Ya sea ganadería o soya, lo cierto es que todo parecería indicar que el talar los troncos del Amazonas es un tronco de negocio. En consecuencia, el costo de oportunidad de no desarrollar el Amazonas está subiendo, de allí que haya llegado la hora de hablar, de verdad, sobre los recursos necesarios para proteger nuestro pequeño planeta. El reto es inmenso, entrampados en un mundo donde en los países desarrollados cada día importa más el corto plazo (los resultados financieros del próximo trimestre) y en los no desarrollados donde sólo pueden pensar en hoy y no en la próxima mañana, al subir las tasas de descuento inducidas por el desespero del hambre y del desempleo.
El problema del Amazonas es global y actual... El presidente Lula recientemente expresó que "no se puede tratar esta región como si fuera algo del otro mundo, intocable, en la que la gente no tiene derecho a ningún beneficio".
¿Por dónde comenzar? No sé, pero ante la escasez de recursos y la inmensidad del problema, se hace indispensable una mayor objetividad en el análisis económico de los costos y beneficios de las diferentes alternativas energéticas. Los intereses del petróleo, carbón, molinos de viento, paneles solares, plantas nucleares y demás energías tuercen descaradamente las verdades a su favor y así jamás tendremos la posibilidad de cumplir con la responsabilidad implícita de aquel viejo proverbio, según el cual no hemos heredado el mundo de nuestros padres, sino que lo hemos tomado prestado de nuestros hijos.
El Universal