mayo 20, 2004

Monsters Inc.

VI NUEVAMENTE con mis hijas la película de dibujos animados Monsters Inc. En ella, sus dos simpáticos monstruos, Sulley y Mike Wazowski, tienen que entregarse en cuerpo y alma al perfeccionamiento de las técnicas del susto, para así lograr la máxima carga emocional en los gritos de los niños, de cuya extracción depende Monstrópolis para su generación eléctrica. A sabiendas de que "sin gritos no hay poder", estos tipos buenazos se sienten plenamente identificados con el lema de su empresa, "asustamos porque nos preocupamos". Por supuesto, el pavor que ellos, a su vez, sienten por los niños les ayuda a cumplir con su desagradable tarea cívica.
Debido a una creciente crisis energética originada porque "los niños de hoy ya no se asustan como antes", y al encuentro directo con una simpática y muy poco asustadiza niñita, Boo, nuestros héroes inician una aventura donde llegan a descubrir que el amperaje de la risa es diez veces superior al de los gritos y, en un final feliz, se redefinen profesionalmente como unos grandes comediantes.
Después de tantas historias de horror y que de no ser ciertas dejarían envidiosos a Stephen King, no hay duda de que en nuestra Venezuela existe miedo. Aún cuando un cierto miedo prudencial pueda ser bueno, sabemos que el miedo crónico es malo, paraliza todo y hasta puede llevar al suicidio colectivo, por lo que no dudamos que nos urge a todos espantar la oscuridad.
Me pregunto qué pasaría si, al prenderse la luz, descubriéramos que nuestro país, sin saberlo, sólo era Monstruicos 2, una película sobre un experimento social, que todo el resto del mundo veía para aprender a cómo manejar los conflictos, que puedan resultar de una polarización de opiniones.
¿Y si de repente descubriéramos también que la audiencia se está riendo de todos nuestros monstruos, ya que ellos sí pudieron detectar que éstos no eran más que unos globos, que los guionistas inflaron con aire caliente, para que se elevasen y nos asustasen?
Entonces tendríamos que concluir que fuimos los protagonistas de la Madre de todas aquellas Revoluciones y Contra-revoluciones que pudieran clasificarse como del tipo: Café, Bodega o Cantina y, en cuyo caso, nos restaría tenerle miedo al ridículo pero... ¡bienvenido sea!
¿Iluso? Quizás, pero mientras más observo cómo se encoge el mundo, más me convenzo que en Venezuela nos libraremos del miedo. Así que amigos, en palabras de Dory en Buscando a Nemo, la película que siguió a Monster Inc... sigan nadando... sigan nadando.

mayo 06, 2004

Las ganas de fracasar

A VECES DEBEMOS enseñarle a los alumnos a no tenerle miedo al éxito, decía una maestra de color, con 32 años de experiencia en los colegios públicos de Washington. Tiene razón, pero en Venezuela a veces tenemos hasta que pelear contra las ganas de fracasar.
La globalización es algo irreversible. Hasta a Estados Unidos le ha tocado dar su brazo a torcer (o así pa rece) y desconectar los subsidios, que artificialmente venían manteniendo con vida a unos pocos de sus culti vadores de algodón, a costa de muchos otros agricultores en los países pobres.
Por ser un fuerte crítico de la manera como Venezuela ha manejado la globalización, puede que sea tildado de globalifóbico, tanto por los ineptos, que ni se dan cuenta de sus peligros, como por los sifrinos, que sólo la ven como algo fino. No obstante, la verdad es que entre quienes peleamos, para que Venezuela tenga éxito con la globalización y quienes creen que el país puede tener un mejor futuro, dándole la espalda, hay un mundo de diferencias.
Reconociendo que la globalización es difícil y trae riesgos, los que aceptamos el reto de nadar con la corriente y buscamos sacarle el mayor provecho para el país, sentimos simpatía y comprensión por quienes de verdad creen que estaríamos mejor como ermitaños. Los que sí no merecen nuestra simpatía, comprensión, ni perdón, son quienes se oponen a la globalización, sólo para garantizar el fracaso del país y asegurar así esa mediocridad, que les permite mantener su propia cuota de poder.
Por cuanto a la larga, el fracaso no es sostenible, ni en un mundo globalizado, ni en uno colonizado, o tenemos éxito en nuestra tierra Venezuela, u otros lo tendrán en ella. En tal sentido, los busca-fracaso, entre quienes siempre encontramos a algunos que dicen actuar en nombre de quien nos ganó la patria, cínicamente se dedican a perderla.
A los que creen que lo anterior es imposible, a cuenta de las buenas intenciones de su proceso, basta recordarles que si bien es difícil mantener una revolución sin recursos, más lo debe ser con esa abundancia, que atrae a todo tipo de calaña.
A los que creen que todo se arreglará con sólo salirnos del proceso, ¡cuidado! ya que nuevamente podemos terminar con los ojos claros y sin vista, no por miedo al éxito, sino por las tantas ganas al fracaso.
A los que creen que de la globalización sólo saldrán perdedores, descuiden, cada día somos más quienes queremos hacer ganadores de todos. ¡No le tengamos miedo al éxito!