enero 02, 2003

La lotería

¿De qué le sirve a un jugador saber que las probabilidades de que salga cara o sello son de 50-50, si de todas maneras cree que el resultado es obra y gracia de Dios… o de algún sustituto terrenal inferior, como la “suerte macha” o el concejo de algún astrólogo iluminado?

Peter Bernstein, en su libro “Contra todos los Dioses”, sostiene que la verdadera frontera entre la antigüedad y los tiempos modernos, se define cuando el hombre decide que puede y debe administrar el riesgo, lo que el autor sitúa en el renacimiento, a mediados del siglo XVII, cuando se inicia el verdadero desarrollo de las estadísticas o matemáticas probabilísticas.

Hoy, cuando observo como “profesionales” venezolanos se prestan a recomendarle las loterías a su compatriotas, como un elemento “probado” para adelantar su desarrollo individual, a veces hasta ofreciendo recomendaciones técnicas, no me cabe la menor duda de que en la desesperación de agarrar impulso, muchos de ellos están tomando un gigantesco paso atrás hacia el oscurantismo.

Por ejemplo, en el sector bancario, donde las autoridades buscaban, a veces exageradamente, como obligar a la banca a reportar sus tasas “efectivas” para disminuir la asimetría de información, llegamos a observar con estupor como durante bastante tiempo casi aupaban la libertad cabalística.

¡Pero bueno Kurowski!… ¿como que te estás volviendo puritano? ¡Que va amigos! Yo no soy de los que pensaría ni un segundo en quitarles la oportunidad de un trabajo honesto a esa multitud de vendedores de lotería, que diariamente recorren las calles. No obstante, no por ello renuncio a decirles que cuando observo la inmensa cantidad de recursos publicitarios, que se invierten en la sola competencia entre los sueños, estoy seguro de que la calidad de los sueños ofrecidos dista mucho que desear… y que el tradicional rol social de la lotería quedó en el absoluto olvido.

¿A qué viene todo esto hoy, en mitad de esta trágica convulsión nacional? Pues bien, una de las razones por las que observamos la actual ausencia de propuestas país, se debe simplemente a que las propuestas fáciles y políticamente atractivas se han agotado… hasta un grado tal donde sólo los mas neo-ilusos y/o los posibles intermediarios en la venta, aún creen que el país podría ganar algo privatizando a PDVSA y poniéndola a competir sin el amparo de la OPEP.

Así que amigos, las propuestas, para que sean válidas para la Venezuela de mañana, tienen que necesariamente incluir el ponerle mucho orden y disciplina a muchas cosas… y entre otras a las loterías, gústele o no a quien sea.

Ahora bien, no todo tiene por qué ser restrictivo. Hoy, cuando resulta evidente que el costo directo de la última crisis bancaria ha sido ampliamente superado por el costo de su mal manejo, la posibilidad de repartir los activos recuperados sobre la base de una gran lotería nacional, podría ser una opción interesante a la alternativa de tener que dejar tales activos trancados para siempre… en respaldo de los crecientes planes de jubilación de Fogade.

Publicado en El Universal el 2 de Enero de 2003