mayo 10, 2001

Políglotas Margariteños

Políglotas Margariteños
¿TE CUENTO LA HISTORIA? Muchos hemos respondido con un sí a esa pregunta, cuando la formulan esos vivaces y dicharacheros niños, que se ofrecen como guías, en la isla de Margarita. Muy pronto en Puerto de La Mar, el puerto de cruceros de Margarita, se iniciarán cursos para que decenas de jóvenes, cuál superguías globalizados, reciban en varios idiomas a miles de turistas.
La meta es que cada uno de ellos, folclóricamente trajeados y supervisados, aprendan a narrar diez asuntos relacionados con Venezuela, en tres minutos por tema, en siete idiomas, incluyendo alguno exótico y todos con un pronunciamiento impecable. El sueño es formar los baquianos que ayuden al país a encontrar un rumbo por la senda del turismo.
¿Puerto de La Mar? ¿Un puerto de cruceros? ¡Pues sí! Permitiéndome parafrasear lo de Margarita en el Caribe, no hay duda de que este puerto es casi el secreto mejor guardado en Margarita. El otro día lo vi y simplemente no lo podía creer. Los que conocen de mi entusiasmo por el turismo y por Margarita, sabrán lo feliz que estoy.
Especialmente feliz ya que, en lugar de ser un proyecto turístico cobarde, de los que se amparan en explotar la naturaleza virgen, es valiente por cuanto al abrir las puertas a nuestro país sobre el bulevar Guevara, en Porlamar, también ayudará a reconstruir áreas deprimidas y deprimentes.
Especialmente feliz porque creo que los promotores, grupos privados y la Alcaldía, con el apoyo de la Gobernación y demás autoridades, están conscientes de que el reto no es sólo el construir con vigas y concreto, el reto es con creatividad y cariño, buscar aquellos equilibrios externos e internos, que un proyecto como éste requiere. En lo externo, el equilibrio turístico se consigue en ese justo punto donde lo desconocido se encuentra con lo conocido, en otras palabras, donde el turista siente que se encuentra en un lugar nuevo, fresco e interesante, que le amplía sus perspectivas, pero no le crea inseguridad. Ello resulta de especial importancia para el turista de cruceros, tan conservador que ni siquiera pernocta, pero que cuando le gusta, se sabe que regresará buscando la experiencia total.
Si el equilibrio externo es difícil de lograr, aún lo es más el interno. Un puerto de cruceros, como entrada al país, debe lograr retener los suficientes atractivos y puntos de venta que justifiquen su propia inversión, pero debe simultáneamente evitar convertirse en una odiosa alcabala, que lo enemistaría tanto con el turista como con la comunidad. ¿Cómo lograrlo? No hay una sola respuesta, pero lo básico es que exista la conciencia del problema y, en este caso, la hay. Una comisión autónoma de puerto, que representa los variados intereses, es una de las opciones.
Pero, volviendo a nuestros baquianos políglotas-diplomáticos en formación. ¿De qué van hablar? Bolívar a caballo, la vida de Luisa Cáceres de Arismendi, Humboldt y la Gran Sabana, Simón Díaz y la tonada, la orimulsión y el ibis scarlata son sólo algunos de los temas, pero aceptan sugerencias.
El Puerto de La Mar pronto abrirá otra puerta de Venezuela al mundo. Pero antes, con orgullo, debemos abrirle a esa iniciativa la puerta de nuestros corazones y darles nuestro apoyo. Para quien tenga acceso a Hugo, por favor ruéguele, que venga para que le cuenten la historia, y para que vea el futuro.


abril 21, 2001

Hugo, yo y la revolución

Hugo, yo y la revolución

Cuando veo nuestros cementerios industriales, donde por una equivocada apertura comercial muy mal implementada y una estúpida política cambiaria yacen las ilusiones de tantos venezolanos, sé que Hugo y yo queremos una revolución.
Cuando veo a Estados Unidos aplicar 60% de arancel a la importación del concentrado de naranja y sólo permitir importar la mejor calidad, mientras que Venezuela se aplica 20% y se le permite la entrada de cualquier porquería, condenando nuestros naranjales a morir, sé que Hugo y yo queremos una revolución.
Cuando veo cómo nuestro país firma tratados de propiedad intelectual, marcas y patentes, que lo obliga a respetar las fuentes de renta del mundo desarrollado, mientras que éste nos cobra un impuesto al petróleo de 115 dólares, por lo que de los 150 dólares que un consumidor europeo paga por el barril – y apartando los 10 dólares para su refinación y distribución - sólo nos quedan 25 dólares por sacrificar ese barril no renovable, sé que Hugo y yo queremos una revolución.
Cuando observo la muy injusta distribución de ingresos en mi país, la ineficiencia del gasto fiscal y noto cómo los esfuerzos por cobrar un impuesto sobre la renta, se abandonan por el facilismo del IVA y otros impuestos directos, sé que Hugo y yo queremos una revolución.
Cuando, con mala conciencia, por lo menos yo, reflexionamos sobre las décadas de silencio ante un pésimo sistema de educación y la obscena y violenta programación con la cual nuestras televisoras adoctrinan a nuestra juventud, sé que Hugo y yo queremos una revolución.
Cuando veo mi Venezuela sumergida en la anarquía, sin una autoridad capaz de controlar a ese pequeño porcentaje de abusadores, que en todas partes existen, sé que Hugo y yo queremos una revolución.
Pero, cuando Hugo dice que su revolución es hija de la revolución china o de la cubana, también sé que Hugo y yo no hablamos de la misma revolución.
Mi revolución sólo persigue la humilde meta de lograr un buen gobierno venezolano para los venezolanos y que, si en el trayecto alguna vez nos equivocamos, que por lo menos sea a favor de Venezuela. 
Mi revolución recibe contenta al inversionista extranjero, pero sólo es feliz cuando logra conservar el inversionista venezolano. 
En mi revolución, excepto por el fortalecimiento de la OPEP (incluyendo el gas e incorporando nuevos miembros), un Gran-Colombianismo pragmático y una racional solidaridad ambiental, no hay recursos ni tiempo para otras consideraciones geopolíticas.
Si bien considero que venderle a Cuba unos 53 mil barriles de petróleo en condiciones demasiado generosas es un pecado menor, comparado con la aún no tan lejana propuesta de venderle 5 millones de barriles al mundo a un precio de solo 7 dólares; el hecho es que mientras algún venezolano se muera de hambre, no reciba una buena educación o un servicio de salud digno, mi revolución no contempla regalarle nadita a nadie – salvo, una cristiana solidaridad en emergencias.
Hugo tiene una asombrosa facilidad para comunicarle, de manera pedagógica, mensajes venezolanos a la Nación y en tal sentido, para quienes sabemos que el futuro requiere construir puentes de entendimiento, representa para el país un activo muy valioso. Por esto, a quien tenga acceso a Hugo, por favor ruéguele, que se deje de ese invento y no desperdicie su talento, hablándole al soberano, en chino con acento cubano.

abril 16, 2001

Nos perdimos... ¿y ahora qué?

Nos perdimos... ¿y ahora qué?

No hace muchos años, Venezuela se encontró frente a una histórica encrucijada.
En un extremo, se perfilaba la posibilidad de sumergirnos de lleno en el océano de la globalización, buscando maximizar supuestos beneficios, pero diluyendo nuestra bastante frágil identidad como Nación, quizás hasta desaparecer. Por el otro, la alternativa de ni mojar el pie y de aislarnos del mundo, cual ermitaños, con la ambición de resguardar lo supuestamente nuestro. 
Lo lógico hubiera sido construir unas bien pensadas naves, que nos hubiesen permitido navegar por el océano global, por lo menos con la ilusión de fortalecer nuestra Nación.
Pero...¿Qué hicimos? Inventamos y nos lanzamos buscando un atajo, confiándonos en unos baquianos extremistas, que alimentados por su fanatismo, su ignorancia o su vulgar avaricia, nos gritaban “Por aquí es ... por mi madre que por aquí es”. 
Como resultado, hoy tenemos un país que se despedaza, lenta y dolorosamente, a pellizco limpio, sin nada que mostrar a cambio. En otras palabras...¡nos perdimos!.
Ahora...¿Qué hacemos? Una alternativa, que aún cuando muy triste sería mejor que lo actual, es capitular, después de negociar unos términos de rendición. Como mínimo, cada venezolano debería recibir la ciudadanía de un país de su agrado y un importante cheque en dólares. 
La otra vía es rectificar, buscando ser un país sostenible, pero esto requiere crear aquel tejido de sueños que, generación tras generación, inspira aquellos millones de pequeños sacrificios individuales, sin los cuales ni existe, ni se puede construir un país.
¿Y cómo se tejen esos sueños? Alí Primera despotricó contra quienes, en lugar de hacerle caricias a la Patria, la manoseaban. El manoseo puede tener dos causas, la primera, la peor, es cuando refleja bajos instintos y la segunda, la ineptitud, triste compañera frecuente de la buena intención. En otras palabras, La Rectificadora, necesitará tanto del corazón como del cerebro y la funcionalidad de ambos órganos, dependerá de la educación. 
Finalizo con una pequeña idea, sólo para hacer volar la imaginación. Comenzando por una sola cuadra del centro de Caracas, implementemos un plan de Cero Tolerancia Ampliado, es decir, que no se permita el abuso del individuo ni la desidia del gobierno. Conquistada esta cuadra, vamos a la siguiente - y quién sabe, si así, algún día tendremos la Venezuela que queremos.





 


 

marzo 29, 2001

El cuento de la participación

El cuento de la participación
Dudo que exista algún conductor capaz de olfatear el contenido de su tanque de gasolina y declarar: Así me gusta, 30% de Texas, 25% Saudita y 45% venezolana. Es más, hasta el tanque del Lincoln de la Casa Blanca pudiera contener un tigre 100% iraquí, sin que Hussein ni Bush se enteren. Tampoco creo que haya algún consumidor dispuesto a pagar más si la gasolina es de Shell, Texaco o Citgo, como de hecho sí está dispuesto a pagar, cuando elige su agua potable favorita. 
Lo anterior indicaría que el petróleo y sus derivados son productos genéricos y, como tales, se comercializan, ante nada, en función de su precio. Hablar entonces de la vital importancia de una participación de mercado, parece sin sentido y podría hasta resultar engañosa. 
En mi (auto-asignado) rol de ombudsman petrolero, le pido a la industria que me aclare a qué rayos se refieren cuando predican la importancia sine qua non de la participación del mercado, o del market share, como más elegantemente la llaman. Mientras tanto, protestaré tal dogma por cuanto con él se insiste en justificar una estrategia orientada a maximizar el volumen de producción, que sólo beneficia a los países consumidores y a proveedores de la industria, entre quienes se cuentan algunos locales, a quienes de vez en cuando le tiran un hueso. 
Igualmente creo que dicho paradigma alimenta un complejo de inferioridad, que nos debilita al momento de negociar con nuestros mercados naturales. En lugar de negociar bajo la muy razonable premisa de que ambas partes se necesitan por igual, se apunta a que nosotros los necesitamos más a ellos, que ellos a nosotros, por aquello del market share
Con esto no acuso a nuestra industria petrolera de falsear información, ya que quizás el insistir sobre la participación de mercado sea el resultado natural de nuestra manía por corporativizar nuestros intereses nacionales.
A Pdvsa, al igual que a las demás petroleras, lo que le interesa es maximizar sus ganancias, así que mientras el precio sea mayor que su costo marginal, buscará producir y vender más, lo que en sí no tiene nada de malo. No obstante, para nosotros, como nación petrolera, más nos debe interesar maximizar el beneficio del activo no renovable, que liquidamos para siempre en el mercado. 
Tal diferencia de objetivos explica el por qué la gestión de un ejecutivo petrolero como Giusti, de capacidad sobradamente evidenciada por la demanda que las empresas petroleras y los países consumidores hacen por sus servicios de asesoría, pueda resultar un desastre para un país productor. 
No sé hasta qué grado el argumento de la importancia de la participación de mercado puede haber sido usado para justificar nuestra inversión en Citgo. No obstante, y por cuanto considero que el rol de una Pdvsa 100% del Estado debe estar estrictamente confinado a la actividad exploradora y productora, debemos estar alertas. 
Como siempre, estoy dispuesto a rectificar cada palabra, pero para eso, me lo tienen que explicar mejor. Mientras, le ruego a PDV que por favor no gaste más dinero en cuñas – yo les garantizo que en Venezuela, el petróleo venezolano, tiene un cien por ciento de participación.

marzo 15, 2001

¿Podemos generar empleos así?

¿Podemos generar empleos así?
Pasé mi adolescencia en una Europa, donde el héroe del día era el gobierno que lograba devaluar su moneda más que el vecino, para lograr así darle un empujón a su economía. Puede que esto haya influido en mi formar de pensar, pero creo haber visto pocas cosas tan dañinas para nuestra Venezuela, como el haber permitido que el bolívar se haya revaluado tanto en términos reales. 
No se trata de que Venezuela no tenga con qué respaldar la actual fortaleza del bolívar, por lo menos en el corto plazo. Lo que algunos nos preguntamos es si el país en verdad tiene con qué generar suficientes fuentes de trabajo.
Simplificando, podemos decir que hemos tenido épocas con una moneda fuerte y mucho proteccionismo y otras épocas con menor protección, pero compensadas con una moneda débil. Hoy, quizás por primera vez, nos estamos enfrentando al mundo, desprotegidos y con una moneda fuerte debido a un proceso de apertura, que redujo las protecciones tradicionales, que ha coincidido con el fortalecimiento del precio del petróleo. ¿Podremos superar ambos obstáculos?
Al observar a nuestra pequeña e incipiente industria vuelta ruinas, provoca sentarse a llorar. Si bien como industria competitiva, quizás nunca sirvió para mucho, sin embargo fue una buena escuela y una gran fuente de trabajo digno para una generación de ingenieros, administradores y obreros venezolanos. Y no lo digo por nostalgia. Sin desvalorizar el rol de los servicios y del comercio, creo que ningún país logra desarrollarse sólo sobre la base de mesoneros y buhoneros. En algún momento, habrá de requerir lo que a veces llamo la biodiversidad profesional, que incluye, por ejemplo, torneros y agricultores.
Tampoco mantengo que un bolívar artificialmente débil o su alternativa de proteccionismo, sean unas soluciones económicamente eficientes, pero ante la disyuntiva de tener que escoger entre favorecer una actividad interna, no tan productiva, y una actividad externa, por productiva que sea, siempre me quedo con la primera. Acepto que son inmensos los problemas que se derivan de mantener un bolívar débil o una industria o agricultura muy protegidas. No obstante, el reto radica justamente en lograr minimizar los daños, no en “vender los sofás”.
Con frecuencia repito que Venezuela, contrario a lo que muchos sostienen, no es un país rentista. Considerando que sus ingresos provienen de la venta de un activo no renovable, Venezuela más bien es un país en liquidación. En tal sentido, mantener un bolívar fuerte sobre la base de la liquidación de un activo, es sólo dárselas de rico, sin serlo. 
Claro que estoy encantado con la disminución en la inflación, sostenida por la fortaleza del bolívar pero, si nos estamos muriendo... ¿qué nos importa si nos entierran en blue jeans o de etiqueta?

Hace semanas, con una larga y variada hoja de experiencias profesionales, se me ocurrió “enlistarme” y responder al llamado de la Asamblea Nacional, que buscaba asesores económicos. Más vale que no. Fuí sometido a un interrogatorio académico, donde se me preguntó hasta sobre la curva de Phillips, de la cual sólo me recordaba el nombre. A los “sacerdotes” o sindicalistas neoliberales que me examinaron, no les interesó ni por qué yo estaba ahí, ni lo que yo creía poder hacer por mi país y ante opiniones tan herejes y tan faltas de ética como las aquí emitidas, me excomulgaron.










marzo 07, 2001

Cuidado con la consolidación bancaria

Cuidado con la consolidación bancaria
Cada día quedan menos bancos en el mundo. Para quienes hemos oído historias de terror sobre quienes para solucionar problemas de retiros fraudulentos de sus tarjetas, deben conversar por teléfono con voces anónimas y tratar de sonar inocentes, pensar en la posibilidad de que algún día nos quede un solo banco, nos recuerda a Kafka. 
Pero, aparte de vivencias dignas de un Stephen King, la consolidación bancaria, una evolución que se nos ha vendido como una maravilla, puede contener otros riesgos no suficientemente comentados – o felizmente ignorados. Entre éstos los siguientes: 
Menor diversificación de riesgos. Hagan lo que hagan las autoridades para garantizar la diversificación de los bancos, no hay duda que menos bancos, significan menos cestas en donde poner los huevos. Cuando leo que durante los primeros cuatro años de la década de los 30 en los Estados Unidos fracasaron un total de 9.000 bancos – me pregunto qué hubiese sido de ese país de haber existido un solo banco. 
El riesgo regulador. Antes existían muchos países y muchas forma de regular la banca. Hoy, cuando en Basilea con soberbia se dictan normas de aplicación mundial, los efectos de cualquier equivocación, pueden ser explosivos. 
Excesiva similitud. Fomentar que bancos adopten reglas y normas comunes, es ignorar las diferencias entre economías, por lo que algunos países terminarán con sistemas bancarios poco adaptados a sus necesidades. Ciertamente, normativas cuyo objetivo principal aparenta ser el de salvaguardar capitales, entran en conflicto con otras funciones de la banca, tales como la de fomentar el crecimiento económico y democratizar el acceso a los capitales. 
Menor diversidad de criterios. A menor número de participantes, menor la diversidad de opiniones y, con esto, mayor riesgo de que prevalezcan concepciones equivocadas. Quien lo dude, que lea los análisis unidimensionales que publican las calificadoras de riesgo. 
Reacción violenta. El desarrollo de los procesos decisorios, tiene eneficios pero también riesgos. Así vemos que la propia velocidad de la información, que promueve una respuesta rápida e inmediata, puede agravar los problemas. Antes, entre los que se llevaban a casa el problema para estudiarlo y los que se enteraban tardíamente, se proveía al mercado de un amortiguador, que muchas veces lo salvó de decisiones intempestivas y mal pensadas. 
Beneficios pocos claros. Hasta la fecha no hemos visto un banco extranjero otorgar, por ejemplo, créditos hipotecarios con términos de plazo e intereses globalizados. En tal sentido, no resultan claros los beneficios de una banca global, cuando ésta opera sustituyendo a la banca local. 
Costo de auxilios globales. Cuando la banca en Venezuela tuvo su última crisis, entre otras causas por comprar bancos a precios excesivos, fue triste pero lógico, que el costo fuese pagado por nuestro país. Hoy, con bancos globalizados, que no están inmunes a cometer loqueteras, como también comprar otros bancos al precio que sea, ¿quién pagará la cuenta? 
En la actualidad, cuando el mundo pide fusiones o consolidaciones bancarias, me pregunto si, por el contrario, no se le debería imponer a la banca la creación de reservas especiales por tamaño. A más grande el banco, peor la caída y mayor la necesidad de evitarla.


marzo 01, 2001

He aquí la familia energia

He aquí la familia energía

El papá Petróleo, un tipo recio y trabajador, quien trae el pan a la casa. Es bastante solitario ya que la familia, aún cuando le gusta que gane bien, lo ignora, por considerar que mercadear el excremento del diablo, no tiene suficiente status social. En su trabajo, al enfrentar dificultades como los impuestos al consumo, busca la compañía de los muchachos de la OPEP, aún cuando éstos también luzcan algo falta de ganas.
La mama Hidro, siempre presente con su limpia y pura energía. Mientras exista buena comunicación, no necesita de halagos y cumple sus deberes sembrando en la familia un calor renovable.
El hijo mayor, Carbón, un muchacho sólido y conservador, aún cuando algo aburrido. No se queja mucho pero, buscándole la lengua, podemos oírle comentar lo injusto de que lo ignoren en su casa, mientras que en países como Alemania y España, sus pares gozan de subsidios tan extraordinarios, que hasta se tutean con su papá Petróleo.
El segundo, Petróleo Pesado, un varón que no obstante que se parece al papá, no posee ni remotamente la personalidad de éste. Es un tipo lento y pesado, pero, si alguien sólo le dictase unas clínicas técnicas, quién sabe si en el futuro no podría convertirse en un verdadero cuarto bate. Hace poco trató de hacer algo, poniéndose la franela de la Orimulsión pero, hasta en la Florida, dizque un estado amigo, ni lo dejaron jugar.
El muchachito Gas – que todos conocen como el genio de la familia - pero nada que logra arrancar. Si bien es un buen asociado de papá Petróleo, ayudándole a ocupar los espacios vacíos que deja, no logra hacerse valer cuando anda solo y libre. No obstante, algún día será una estrella
La hembrita eólica y sus primitas alternativas, aún son demasiado jóvenes para saber cómo habrán de comportarse, pero pintan bien.
Por último, hay un tío nuclear que por vivir fuera del país, casi nadie lo conoce.
¿Y a qué viene todo esto? Se me ocurrió que describir de esta manera a nuestra familia energía, podría ayudarme a explicar, lo que algunos pocos consideramos como posibles errores de nuestra política energética como país. Veamos.
El muchachito Gas, en lugar de prepararlo para explotar todos sus talentos en el futuro y asistirlo en formar su propia OPEG, lo queremos lanzar a la calle solo, porque hemos leído que en otros países está de moda. Ni cuenta nos damos de que una de las razones de su popularidad radica en que al no estar organizado, es un perfecto rompehuelgas a ser usado contra su papá Petróleo. Además, y aún cuando no sea malo generar electricidad, al considerar su verdadero potencial, quemarlo en esta tarea, es como darse por satisfecho con que lave platos, con tal de que esté en Nueva York.
Respecto de Petróleo Pesado, si en la Faja del Orinoco le vendiéramos barato, por unos 30 años, a varios grupos nacionales y extranjeros el bitumen que necesitan y como contraprestación desarrollan tecnologías en sitio para plantas generadoras, podríamos hacer del muchacho un campeón. ¡Qué tanto mejor que hacerlo pasar la pena global de hoy, por gordo, sucio y fofo!
Finalmente, Carbón no deja de tener razón. Si pueden usarlo en otras partes del mundo y si en verdad no se vislumbra que su valor suba explosivamente en el futuro, ¿por qué no le permitimos ser útil, generando electricidad?
Obviamente que todo esto sólo son asuntos que una familia unida comprende y considera.



febrero 26, 2001

El agua del carnaval global

El agua del carnaval global
Hace unos años comencé a reflexionar sobre el agua, cuando descubrí una botellita de agua importada de Francia, cuya etiqueta declaraba que pertenecía a la cosecha del año 1998, pero que, a diferencia del vino, no mejoraba con el tiempo y sólo podía ser “consumida sin riesgo para la salud” hasta el 27 de Julio del 2000. Me preguntaba ¿qué esperarán que haga con ella llegado el 28 de Julio del 2000?
Carnaval es buena época para seguir meditando sobre el tema, especialmente en su estado globalizado. En Venezuela existen dos aguas minerales que compiten por la atención del consumidor: Nevada y Minalba.
Nevada establece en su etiqueta que su origen es de Pozo Profundo y Hecho en Venezuela, pero, eso sí, bajo la autorización de The Coca Cola Company. Ajustándose a normas más flexibles, no fija una fecha para su consumo libre de peligro para la salud, limitándose a establecer que “es mejor antes de...” Si el consumidor tiene alguna duda sobre el agua que ha de beber, puede llamar al 800 TOMEN, donde me supongo atienden su sed de conocimientos las 24 horas del día.
La otra marca, Minalba, no referencia una prestigiosa autorización internacional, lo que no la hace menos globalizada, ya que en su etiqueta no sólo se lee en inglés “Natural Spring Water”, sino que además adopta normas mundiales para declarar su contenido nutricional al incluir la indispensable información de: Calorías 0, Grasas 0, Carbohidratos 0, Proteínas 0 y Sodio 0.
Por supuesto que ambas aguas están equipadas con su código de barras, para que puedan viajar por el mundo, sin perder su identidad. Y la identidad debe ser importante ya que Perrier, la madre de todas las aguas – en precio - ha sido declarada de interés nacional por las autoridades francesas, lo que por supuesto se imprime en su botella.
Hoy, lunes de carnaval, los pongo a meditar acerca de qué será más importante para la globalización del agua, su identidad: el ser francesa, o su tecnología: el estar autorizada por Coca Cola. La respuesta tendrá implicaciones para las respectiva balanzas comerciales ya que, o terminan jugando carnaval en París con La Carioque o habrá que bañarse en Río de Janeiro con Perrier.
Entretanto, y esperando no haberle aguado el escocés a los globalizadores, me quedo con la ilusión de que el agua con que me carnavaleen este año, ni esté vencida, ni incumpla las estrictas normas Norven.


febrero 15, 2001

Sólo bajo estricta invitación

Hace poco, Camdessus, ex-director gerente del Fondo Monetario Internacional, declaró sin ruborizarse que “Nunca hemos forzado a ningún país a liberalizar sus cuentas de capitales. ¡Jamás!” 
La declaración me pareció similar a la de un traficante de drogas, que inicialmente regala la droga para crear la adicción y luego, en su defensa, sostiene que jamás obligó a persona alguna a comprarla.
Las políticas del FMI para la época y que bastante protesté, se centraban en aumentar los impuestos, haciendo caso omiso a que el país se encontrara en una recesión y en imponer una política monetaria con exorbitantes tasas de interés. Como consecuencia, se agravó la recesión y se fortaleció artificialmente el bolívar, asesinándose así las oportunidades de inversión a largo plazo y atrayendo, debido a los inmensos rendimientos reales, capitales especulativos a corto plazo. Los capitales golondrina no sólo eran consecuencia directa de las políticas del FMI, sino que además su sola presencia era el principal indicador para medir su éxito.
Si hoy hay conciencia del daño que causan tales capitales, ¿por qué entonces no se hace nada? Como en tantos otros aspectos sostengo, que la causa de nuestra timidez para actuar se debe a un complejo de insuficiencia globalizadora, causada por tanto repetir el falso mantra de Nos globalizamos o nos morimos”. 
En 1983, después de la devaluación, cuando alguien le increpó a las autoridades acerca del por qué no habían puesto controles de cambio antes, se le respondió con un “para qué cerrar las puertas de los establos si los caballos ya se fueron”. Al respecto, considero que para controlar flujos especulativos, es mejor hacerlo antes de que entren al país y no después. Quienes crean que se puede ganar algo dejando entrar los capitales, para luego retenerlos contra su voluntad, no conocen de la materia. Para comenzar, el daño que causan esos capitales al entrar puede llegar incluso a superar el daño que causan al salir.
En cierta forma, Venezuela ha tenido la suerte de no haber contado, durante la última década, con la confianza en demasía del inversionista cortoplacista. En la presente coyuntura, cuando algo de racionalidad económica nacionalista puede nuevamente convertir a Venezuela en un Boccato di Cardinale, debemos asegurar que a la fiesta no se nos cuelen invitados poco deseados.
En tal sentido, sugiero establecer de inmediato reglas, impuestos o encajes especiales, que disciplinen la entrada de capitales a corto plazo. El momento puede también ser oportuno para que, con exoneraciones fiscales y programas de conversión de deudas, demostremos nuestro interés por las inversiones nuevas a largo plazo.
Al controlar el flujo de capitales, lo que más importa es su plazo y no su origen. Por esto, los controles también deben afectar al capital venezolano, que si bien tiene y siempre debe tener el derecho a poder salir, no debe tener el derecho de entrar cuando le dé la gana, sólo para aprovechar una coyuntura cortoplacista. 
Amigos, no me he vuelto loco cuando en plena recesión, pretendo cerrar la puerta a capitales. Sólo busco asegurar que nuestro país logre atraer los capitales que le interesan, aprovechando además promocionar a Venezuela de la manera como se promociona algo verdaderamente bueno, es decir, como algo exclusivo cuyo acceso está restringido.

Publicado en El Universal el 15 de Febrero de 2001





febrero 01, 2001

No, gracias

 No, gracias


El párrafo que sigue lo extraigo verbatim del UK Energy Report 1999, publicado por el Ministerio de Comercio e Industria de Inglaterra.

El precio al detal de los productos se determina en gran parte por los impuestos, especialmente para los combustibles. Las cifras anexas ... ilustra la creciente proporción del precio de la gasolina, atribuible a los impuestos. La incidencia de los impuestos, ...explica alrededor del 85 por ciento del precio final de la gasolina sin plomo...  Se espera que los precios sigan creciendo, dado el compromiso del Gobierno Inglés de aumentar los impuestos al petróleo en promedio un 6% anual, por encima de la inflación."
Las cifras del reporte indican que el precio de la gasolina sin impuestos, bajó de 15 a 10 peniques por litro entre 1980 y 1999, una disminución del 33%. No obstante para el mismo periodo en Inglaterra, el precio al consumidor pasó de 26 a 68 peniques por litro, aumentando el 162%. La explicación de tal fenómeno se encuentra en los diversos impuestos a la gasolina, que de 11 peniques en 1980 se elevaron a 58 peniques por litro para 1999, un incremento del 427%.
Los impuestos, aplicados de manera discriminatoria al petróleo, que favorecen por ejemplo al carbón, afectan tanto el volumen como el precio de venta de nuestro principal producto de exportación y perjudican por lo tanto directamente a nuestro país. Toda Europa aplica impuestos del mismo orden y las demás economías consumidoras, exceptuando los Estados Unidos, evolucionan en esa misma dirección.
Fue sólo hace pocos meses que se comprendió la magnitud de estos impuestos y las consecuencias, por lo menos en Europa, fueron serias protestas por parte de los consumidores. Habrá que observar si en el 2001, países como Inglaterra y Alemania, aún cuando desnudados, prosiguen con sus alzas preprogramadas.
El relativo silencio de Venezuela y de otros países petroleros, los verdaderamente agraviados, sorprende. En ocasiones me pregunto si tal pasividad tendrá su origen en el hecho de que en este mundo globalizado, aún todos se mueren por la posibilidad de que algún día La Reina, los invite a tomar té en su palacio. 
En Noviembre del 2000, el presidente de la Fundación Europea de Energía de la Unión Europea, con gran cinismo anunció que en el diálogo entre consumidores y productores del petróleo, se podría discutir de todo, menos de los impuestos, ya que éstos no afectaban significativamente el consumo.
En Diciembre del 2000, la Unión Europea anunció un donativo de 55 millones de euros para la reconstrucción de Vargas, a ser desembolsado en dos años.
En un mundo que pregona el libre comercio, los impuestos al petróleo constituyen una hipocresía. Puede que yo, por ser venezolano descendiente de europeos reaccione en especial, pero estoy convencido de que tenemos que situar nuestra protesta en su correcta dimensión. En tal sentido, y aún cuando jamás hubiera rechazado la ayuda ofrecida por los Estados Unidos durante la tragedia en Vargas, hoy no dudaría en responderle a Europa: No gracias, no queremos su donativo, esa cantidad equivale a la que Venezuela obtendría cada semana si Ustedes, sobre las bases de un falso ambientalismo y una voracidad fiscal real, no aplicasen impuestos que discriminan al petróleo. No ayudaremos a calmarles su conciencia institucional, aceptándoles unos insolentes trueques con espejitos limosneros.