mayo 01, 2008

El sinpropósito y el peligro de las regulaciones bancarias

Durante las reuniones de primavera 2008 del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional un asunto que ocupó mi interés como miembro de la sociedad civil, fue lo relativo al sistema financiero y en especial a las regulaciones bancarias. Éstas no sólo han fallado rotundamente en evitar la crisis financiera que se encuentra en pleno desarrollo, sino que en mi opinión han jugado un papel muy importante en causarla.

Como antecedente, permítanme contarles que a finales de los ochenta, los reguladores bancarios de los principales países desarrollados por intermedio del Comité de Supervisión Bancaria de Basilea, hartos de que se les echase la culpa por las recurrentes crisis bancarias, inventaron las Normas de Basilea I. Estas normas contenían como pieza fundamental calcular unos requerimientos mínimos de capital para la banca sobre la base del riesgo de la cartera de los bancos, tal como ese riesgo fuese medido por las calificadoras de crédito. Desde el primer momento a mí ello me pareció una locura y el primer artículo que publiqué, 1997 en el Daily Journal, se titulaba "Puritanismo en la Banca" y versaba sobre ese tema. Ahora, a más de diez años de aquel artículo, permítanme resumirles algo de lo que de nuevo sostuve sobre ese tema en Washington este abril.

1. ¡El riesgo es el oxígeno del desarrollo! Es absurdo creer que Estados Unidos y otros países hubiesen alcanzado un nivel de desarrollo sin las crisis bancarias. Cuando el Comité de Basilea desarrolló sus requerimientos de capital basado sólo en los riesgos, esto equivalía a colocar un impuesto sobre el riesgo, algo de por sí muy arriesgado. El verdadero peligro no es que los bancos quiebren; el verdadero temor es que los bancos no ayuden a la sociedad en su crecimiento económico y su desarrollo. El no llegar a tener un dolor de cabeza (una crisis bancaria) puede ser sólo el resultado de no haber ido a la fiesta.

Necesitamos dejarnos de observar sólo las crisis y comenzar a medir los resultados de los ciclos completos, desarrollo y crisis, fiesta y dolor de cabeza. Por ejemplo, el ciclo de alto crecimiento de Corea del Sur y que terminó en su crisis bancaria de 1997-1998 al haber dejado tantos rastros de industrialización, parece haber sido inmensamente más productiva para Corea del Sur que lo que parece haber sido para Estados Unidos este actual siglo de crecimiento-crisis.

Existen en el mundo evidencias más que suficientes que el haberle colocado un impuesto regulatorio al riesgo bancario, esto solo ha estimulado el crecimiento del crédito a lo que se puede disfrazar como menos riesgoso, tales como préstamos al sector público y créditos basados en diversificadas carteras de financiamiento del consumo; todo a costa del financiamiento de proyectos más riesgosos pero con mayores posibilidades de generar empleos decentes.

Para devolverle a la banca comercial un propósito ya que su simple no quebrar no constituye un propósito razonable para una sociedad que tarde o temprano ha de pagar por sus errores… ¿no será hora para unos requerimientos de capital basados en unidades de riesgo de quiebra por posibilidad de empleo decente creado?

2. ¿Cuándo pararemos de cavar en el foso donde nos encontramos? El detonante de la actual crisis financiera fueron unas hipotecas muy mal otorgadas al sector de riesgos mayores pero que hubieren sido inocuas si las agencias calificadoras de crédito no hubiesen ayudado a transformarlas en unos instrumentos sin riesgo, AAA, listos a contagiar todo el mundo. Tan es así que el primer banco que quiebra como consecuencia de estas operaciones es un banco alemán que no daba créditos hipotecarios.

Dado que los reguladores bancarios fueron los que nombraron a las calificadoras de crédito como sus comisarios de riesgo es importante recordarles lo siguiente: Tanto el "errar" como "el bajar la guardia si otro supuestamente vigila" es de humanos. En tal sentido, de insistir en seguir usando las calificadoras de crédito para influenciar la dirección de los flujos de fondo en el mundo, dénlo por seguro que en algún momento los seguiremos sobre precipicios aún mucho más peligrosos.