abril 20, 1999

Tratando de minimizar los peajes a la red

Tocando las puertas del próximo milenio, es indiscutible que el mundo del Internet, red o web, como quiera llamársele, se vislumbra, en todas sus facetas: comunicación, información y comercio, como uno de los elementos más importantes para sustentar las expectativas de desarrollo de un país. De la manera como se regule, dependerán nuestras posibilidades para aprovecharlo.
Hoy, cuando en Venezuela observamos la posibilidad de una nueva Ley de Telecomunicaciones y próximamente enfrentaremos el (ansiado) final del período monopolístico de la CANTV, sin duda nos encontramos ante una encrucijada. En nombre del usuario, frecuentemente ausente en la toma de decisiones, deseo plantear de manera algo cruda la problemática presente.
De un lado, se encuentra todo el universo de jóvenes venezolanos, futuros empresarios, profesionales y obreros calificados, para quienes un acceso eficiente y gratuito a la red pudiese, con toda seguridad, significar mucho más que una Fedecámaras, una Universidad y un INCE, por representativos, buenos y eficientes que estos entes puedan ser.
Del otro lado, encontramos aquéllos para los cuales la posibilidad del cobro de un peaje por el acceso a la red conforma el negocio principal. Me explico.
Si el derecho de proveer el acceso a la red, la concesión, se otorga de manera gratuita, lo único que hay que asegurar, en materia tarifaria, es que éstas cubran los costos operacionales, la recuperación de la inversión directa y la generación de un cierto margen que incentive proveer al usuario del mejor servicio posible. 
Pero, y como ha sido costumbre en nuestro país, si por el derecho de proveer el servicio, la concesión, el Fisco desea cobrar una gigantesca prima, a las tarifas anteriores, habrá que añadirle las exigencias de rendimiento que la misma prima genera. 
Por cuanto es obvio que el usuario desea pagar lo menos posible y la empresa de comunicaciones no tiene un interés intrínseco de invertir más de lo necesario, resulta claro que los únicos beneficiados del esquema basado en captar una prima alta son el Fisco, los bancos que mercadean oportunidades de inversión y los capitales ávidos por rendimientos.
¿Qué puede hacer un usuario para defenderse de estas primas? En mi opinión, la única posibilidad que tenemos, es descubrirle el juego a los actores.
Las primas son, en todo el sentido de la palabra, impuestos entregados al Fisco por adelantado y que serán pagados a través de la aplicación de tarifas más altas que las necesarias, durante toda la vigencia de la concesión. 
De igual manera, podemos sostener que las primas equivalen a una deuda que contrae el Fisco ya que éste gasta (malgasta) los fondos y deja que el contribuyente sirva la deuda. Por supuesto, debemos hacer caso omiso a los débiles de mente que sostienen que en este caso no se trata de una deuda por cuanto, si no usamos la comunicación, no la tenemos que pagar.
La prima que recarga la inversión necesaria, especialmente cuando el país atraviesa dificultades con un limitado acceso a capitales, con frecuencia resulta financiada en mercados marginales, que presentan exageradas expectativas de retorno.
Igualmente, debemos aceptar que el Estado, siempre falto de recursos fiscales, simplemente no puede, por conflicto de intereses, cumplir de manera adecuada con el rol de representar o defender los intereses del usuario. En este contexto es indispensable para la sociedad civil imponer la figura del Ombudsman, de manera voluntaria o vía la Constituyente.
Debemos hacer algo urgentemente, por cuanto las recientes experiencias privatizadoras (de servicios públicos) no parecen favorecer a los usuarios. Basta citar, a título de ejemplo, el caso de la CANTV y el de la privatización eléctrica en Margarita. En el primero, sabemos que la CANTV se vendió sobre la base de generar altos ingresos para el Fisco y en cuanto a Margarita, ya los margariteños conocen que el precio por el “éxito” de la venta de la concesión eléctrica, no es otro que tarifas altas. 
El bien que un Ombudsman capaz puede hacer es grande. Como ejemplo y seguramente para frustración de los usuarios de celulares en Venezuela, me permito mencionar el caso de Israel, en donde las tarifas son 10 veces menos que en Venezuela. ¿La explicación? En ese país le otorgaron la concesión al que más líneas y menor tarifas ofreció. En Venezuela, al que más le pagó al Fisco.
Lo que sí es cierto es que El Defensor, el Ombudsman o como quiera que lo llamen, obligatoriamente debe provenir de un sector no tradicional. Aquellos representantes del sector privado o de los usuarios, que se dedicaron a aplaudir la “maravillosa” operación de la CANTV y los que hoy lloran (con razón) las posibilidades de que a Margarita le impongan un IVA, pero ayer aceptaron sin quejas una hipoteca eléctrica sobre la Isla, para remitirle al Gobierno Central una prima por millones de dólares, se encuentran descalificados para ocupar tal cargo.
Por Dios. No le robemos a nuestros jóvenes la posibilidad de tener un acceso lo más libre posible a la red. Si hay que cobrar impuestos, encontremos una manera menos regresiva para el futuro del país. Si no protestamos hoy, el día de mañana, algún genio, con la bendición de ese moderno Sheriff de Nothingham, el Fondo Monetario Internacional, se le ocurrirá la posibilidad de que el Gobierno venda una concesión de aire puro – oxígeno. ¿Cuántos recursos no se levantarían al considerar lo que el consumidor pagaría por respirar?
Economía Hoy 20 de abril de 1999




abril 11, 1999

Asemaster

Nueva directiva de Asemaster
La Asociación de Egresados del Master del IESA, Asemaster, eligió a su nueva junta directiva para el período 1999-2001. Como miembros de la asociación fueron designados Luis Soto, presidente; Blanca Garzón, vicepresidente; Ana María Guevara, tesorero; Amelia Crespo, secretario. Como vocales fueron electos: Juan Aguilera, Christian Burgazzim Nelson Belfort, Agustín Cangas, Valery Cohen y Per Kurowski.
Luis Soto señaló que la nueva junta directiva se propone el fortalecimiento de la asociación para servir mejor a los intereses de los egresados del master, del IESA y del país con una actitud de responsabilidad y solidaridad social.

abril 06, 1999

El petróleo, el ausente en la Cumbre de Comercio y Ambiente

Durante los días 15 y 16 de Marzo, la Organización Mundial de Comercio (OMC), organizó en Ginebra un seminario sobre Comercio y Ambiente, de extraordinario interés para un país como Venezuela, que por ser petrolero, es víctima por excelencia del “proteccionismo verde”. Para los lectores que no conocen el origen de mis planteamientos en los próximos tres párrafos hago un breve resumen. 
Conocemos que el valor de algo es lo que el consumidor está dispuesto a pagar por él. Hoy, de cada 100 unidades monetarias que un consumidor europeo paga por un tanque de gasolina, al productor de la gasolina refinada le tocan 10, al distribuidor 5 y al fisco del país donde se expende 85. El hecho de que el fisco ajeno perciba 85, en relación a los 10 del productor, equivale a la aplicación de un arancel comercial del orden de los 850%, lo cual es la causa fundamental de una demanda petrolera deprimida. 
De igual manera, en artículos anteriores hemos llegado a la conclusión de que es falso que los actuales precios del petróleo sean bajos, todo lo contrario. En realidad, nuestro problema consiste en que de unos precios altos, como productor, cada día nos toca menos.
Lo anterior, no se limita a Europa sino que aupado entre otros por el Fondo Monetario Internacional, pronto abarcará todo el globo terrestre y sólo irá de mal en peor. Ya varios países han oficializado planes para duplicar los impuestos, lo cual, a precios de hoy, implicaría un precio de gasolina en muchas partes del mundo de $ 2.50 por litro y correspondiéndole al productor, salvo que los países petroleros hagamos algo al respecto, sólo $0,125. 
El seminario de la OMC sobre Comercio y Ambiente constituía un excelente foro para iniciar la defensa de nuestros intereses.
En sus palabras de apertura, el Director General de la OMC, el Sr. Renato Ruggiero, explicó que el objetivo de la OMC es el de disminuir barreras, evitar la discriminación y, en fin, crear un sistema de comercio internacional basado en las reglas y no en la fuerza. Dijo: “tenemos que … garantizar que la pelea en contra de la degradación ambiental no tenga implicaciones proteccionistas” ¡Qué oportunidad más clara para denunciar a los impuestos petroleros como el ejemplo más vil de todos los proteccionismos!
El Sr. Schorr, del World Wildlife Fund, una de las organizaciones ambientalistas más prestigiosas del mundo, se refirió, dentro del marco del mencionado Seminario, a los subsidios pesqueros, cuya cuantía estimó en decenas de billones de dólares anuales y opinó que éstos contribuyen, directa o indirectamente, a generar un exceso de capacidad en la flota pesquera mundial, causa principal de la pesca excesiva que está agotando los mares. ¡Qué ejemplo más oportuno para recordarle a una audiencia la teoría del “cuero seco”: lo pisas en una esquina y se levanta en la otra, indicando que gran parte de esos subsidios son financiados por los impuestos a la gasolina!
La delegación de Canadá declaró: “No puede haber desacuerdo sobre el hecho de que el comercio genera desarrollo y crecimiento económico. La riqueza así generada provee los recursos necesarios para sostener nuestro ambiente”. ¡Qué oportunidad para exponer que con una reducción de los impuestos al petróleo, habrá más crecimiento de la economía mundial y, por ende, más recursos para defender el ambiente!.
El Sr. Klaus Topfer, Director Ejecutivo del UNEP (Programa Ambiental de las Naciones Unidas) señaló que el comercio y la política ambiental no pueden estudiarse de manera aislada de los problemas de las deudas internacionales y de la necesidad de aliviar la pobreza. ¡Qué oportunidad para reclamar el hecho que Venezuela, por recomendación de la banca internacional, se endeudó y hoy no puede servir tal deuda, encontrándose sumergida en la pobreza a causa de la confiscación de sus ingresos petroleros!
Argentina expresó, también dentro del seminario, que los países que se presentan como los campeones del ambiente necesitan remover subsidios que distorsionan el comercio y que crean pobreza alrededor del mundo. ¡Qué oportunidad para informar a quien podría llegar a ser nuestro socio en Mercosur, sobre nuestro problema cuando ellos, como tantos otros países, siguen las “recomendaciones” del FMI y aceptan aumentar los impuestos petroleros!
La Cámara Internacional de Comercio sostuvo que no necesariamente deberían haber conflictos entre el comercio y las normas destinadas a proteger el ambiente, siempre y cuando la OMC asegurase que éstas fuesen aplicadas de manera no discriminatoria. ¡Qué buen momento para protestar por la discriminación a la que, como fuente energética, está sujeta el petróleo! ¿Quién ha oído hablar sobre impuestos del 850% a la energía nuclear (Chernobil), carbón (sucio) o hidroelectricidad (desviando los causes naturales de las aguas)?
Portugal sostuvo que el problema ambiental es un problema global, que requiere de una solución global si se desea evitar el proteccionismo. ¡Qué oportunidad para expresar nuestro acuerdo y dejar claro nuestro desacuerdo sobre el hecho de que los mayores “costos ambientales” hoy recaen, de manera injusta, sobre los productores del petróleo!
En fin, el mundo ante nuestro continuado silencio podrá seguir argumentando su ignorancia. Es urgente que ante la OMC y, de manera formal, denunciemos al proteccionismo “verde-fiscalista”, que se encuentra presente en los actuales impuestos a la gasolina y a otros productos petroleros. No creo que logremos resultados inmediatos, la pelea es larga pero, al menos, quedará establecido oficialmente, que de ese día en adelante, los daños que nos causen, ya serán con dolo.
Economía Hoy 6 de abril de 1999




 

marzo 23, 1999

Es tiempo para la cédula hipotecaria en dólares

En nuestros países, muchos son los que en carne propia han sufrido pérdidas cambiarias derivadas de la inflación. Entre éstos destacan: las empresas que se endeudaron a plazos relativamente cortos (uno a tres años); los bancos que tuvieron que reflejar de inmediato dichas pérdidas en sus balances sin poseer activos compensatorios y, finalmente, los individuos con obligaciones a muy corto plazo, tales como las derivadas de las tarjetas de crédito.
De allí la razón de que, intuitivamente, suframos de una gran aversión a contraer deuda en dólares, lo cual es lamentable. Las siguientes observaciones van dirigidas a demostrar una de las oportunidades que se pierde a causa de tales prejuicios.
Por cuanto hoy existe un debate muy activo sobre los pro y los contras de una dolarización de la economía, comienzo por aclarar que los comentarios, que hago a continuación, no tienen nada que ver con ese tema y se limitan, estrictamente, al análisis de accesar a fuentes de financiamiento denominadas en esa divisa.
Supongamos que existiera un programa de adquisición de vivienda que ofreciese créditos en dólares a 20 años a una tasa del 10%. Una joven pareja profesional, que para enero de 1989 tuviese un ingreso mensual de Bs. 72.000, equivalentes en esa época a 1.930 dólares, podría haber contraído una deuda de 80.000 dólares, bajo la premisa de que no deberían destinar más del 40% de sus ingresos al pago de la vivienda.
El crédito anterior resultaría en una cuota mensual de 770 dólares, equivalentes, en su inicio, a unos Bs. 29.000. Si los ingresos de nuestra pareja hubieren aumentado de manera similar a la inflación, podría afirmarse, de acuerdo a cálculos basados en datos reales sobre la evolución de la inflación y de la tasa cambiaria en Venezuela , que no habrían tenido problema alguno para cumplir con el servicio de su deuda. 
Para febrero de 1999 el saldo del crédito estaría en 58.700 dólares y la cuota mensual, equivalente a Bs. 443.000, representaría sólo un 10% de su salario indexado. Aún para el caso de que el bolívar, que hoy la mayoría considera sobrevaluado, se devaluase en un 50% el pago resultante sólo equivaldría a un 15% de su sueldo indexado.
Lamentablemente para muchos, que no pudieron adquirir su vivienda, esta posibilidad de créditos en dólares no estuvo disponible. Hoy, cuando la necesidad de viviendas, de reactivar la economía y de encontrar en qué invertir los próximos fondos de pensiones es mayor que nunca, estamos en un momento muy propicio para liberarnos de prejuicios y desarrollar una cartera de créditos inmobiliarios en dólares.
Lograr crear un fondo en dólares, con recursos venezolanos y de entes multinacionales, para financiar en esa moneda, a largo plazo y a unas tasas de interés razonables, la adquisición de nuevas viviendas por parte de jóvenes profesionales, debería ser una de las medidas económicas más oportunas para una Venezuela necesitada.
En poco tiempo tal fondo podría acumular una sana cartera de crédito, que le permita, vía la emisión de Cédulas Hipotecarias en dólares, captar directamente sus fondos del mercado. Por cuanto la cartera estaría compuesta por operaciones que respondan a la mayor racionalidad económica, como lo es el financiar viviendas a la juventud, no me sorprendería que, con el transcurrir del tiempo, la captación se haga a tasas bastante competitivas, de la misma manera que PDVSA logra obtener mejores condiciones que la República de Venezuela.
Por supuesto, especialmente en su inicio, habría que otorgar ciertas garantías que permitan estimular el interés del mercado, tales como facilitar su redescuento y garantizarle al deudor, que en el supuesto de un control cambiario, tendría acceso especial a las divisas necesarias para servir las cuotas. De igual manera, resulta importante evitar errores, como el garantizar la recompra a una tasa fija, que significaron la muerte de la tradicional Cédula Hipotecaria venezolana, que tanta vivienda financió.
Si yo tuviera la responsabilidad de decidir en qué invertir los fondos de pensiones, para que en 30 ó 40 años puedan indemnizar, de forma adecuada, a los viejitos del mañana, para evitar que sufran las realidades de los viejitos del hoy, no creo que podría encontrar una opción más válida que la de las Cédulas Hipotecarias denominadas en dólares.
Por supuesto, el programa para garantizar su éxito, habría que iniciarlo una vez que el bolívar haya liberado en algo su ridícula sobrevalorización. Por cuanto tal hecho debería estar a la vuelta de la esquina, podríamos iniciar, desde ya, los preparativos del Fondo.
Para que lo anterior pueda llegar a ser una realidad, obviamente se requiere de la colaboración del Estado Venezolano para lograr la normativa necesaria, pero también, y me atrevo a decir que más aún, que los responsables por el Fondo lo cuiden como el precioso árbol que puede ser y no simplemente, sigan con la tradicional actitud de darle palos como a cualquier piñata.
Economía Hoy 23 de marzo de 1999



marzo 17, 1999

La injusta distribución de la actual bonanza petrolera

La injusta distribución de la actual bonanza petrolera
Henos aquí, consternados por la baja del petróleo, con nuestro país sufriendo hambre, cuando al mismo tiempo, en muchos países del mundo la gasolina está más cara que nunca. Por alguna extraña razón no deseamos darnos cuenta de lo que está pasando, en el sentido de que el petróleo no ha perdido valor, simplemente somos nosotros los que estamos recibiendo menos por él.
Si observamos que un carro, que hace poco se vendía en 30.000 dólares hoy se vende en 100.000, tendríamos que concluir, aun cuando en total se vendan algunos menos, el mercado para dicho carro está atravesando una bonanza. Si el fabricante sólo recibe 10.000, su preocupación no sería el mercado sino quién le está robando el diferencial. ¿Por qué no razonamos de forma similar con el petróleo?
Por ejemplo, con un precio para la gasolina de 20, si se le añaden 5 por distribución y 5 por concepto de IVA y otros impuestos (20%) ésta pudiese llegarle al consumidor en 30. Sin embargo, hoy día en Europa y otros países, el producto está en 10, la distribución sigue en 5 pero el fisco cobra 85, situando el precio final al consumidor en 100.
De los 85 referidos que cobra el fisco, 80 son definitivamente un exceso y conforman, en esencia, un arancel comercial del 800%. Me pregunto: ¿Qué otro producto pudiera vivir con un arancel del 800%? ¿Qué estaría diciendo un fabricante de carros si hoy tuviese que reducir su ingreso, de 20.000 a 10.000 por unidad, sufriendo además una contracción en la demanda, al tener que aumentar el precio final del vehículo de 30.000 a 100.000, por el solo hecho de que el fisco ahora, en vez de 5.000, quiere obtener 85.000 en ingreso fiscal por unidad?
La OPEP y los demás productores petroleros no dicen nada sobre el tema y me desespera pensar que en la próxima reunión de la OPEP sólo discutan la reducción de la producción petrolera, como única opción para fortalecer los precios.
El mundo, tal como yo lo veo, le ha declarado la guerra a los países productores de petróleo; ya les han ganado una inmensa cantidad de batallas y aún no se han dado cuenta. O reaccionamos o no tenemos salvación. Cada barril de petróleo que se extrae, al no ser renovable, equivale a vender, no un bien que se produce, sino un activo del país. Es nuestra responsabilidad asegurarnos de obtener el máximo por él.
La situación sólo ha de empeorar. Un país europeo, como parte de su política 'ambiental'-fiscal, ha declarado un plan de aumentos anuales de los impuestos a la gasolina en un 6% sobre la inflación. Nosotros, ilusos, ciframos nuestras esperanzas en una recuperación del mercado petrolero, cuando tales aumentos significarán para el año 2007 una duplicación del precio de la gasolina, sin que al productor le toque un céntimo más.
La globalización o la apertura de los mercados no significa que se pueda bajar la guardia. Por el contrario, requiere que un país esté más atento que nunca a la defensa de sus intereses. Como ejemplo, basta notar el hecho de que los Estados Unidos amenazan a la Comunidad Europea con unos aranceles del 100%, en defensa de la producción de cambures, fruta que ni siquiera producen en ese país.
Ya es hora de que empecemos a defendernos de verdad. Sugiero analizar las posibilidades de concertar acciones contra aquellos países que aplican, disfrazados como impuesto a la gasolina, unos aranceles exorbitantes al petróleo. Ante la gravedad del asunto, no me temblaría el pulso para imponer aranceles del 799% a los países que tengan impuestos a la gasolina en ese orden, ofreciendo, por supuesto, rebajarlos a 0% como un quid pro quo razonable.
Tampoco podemos seguir aceptando que el Fondo Monetario Internacional siga engañándonos, predicando un desarrollo económico sobre las bases de una apertura comercial y la baja de aranceles, al mismo tiempo que no solo alaba, sino además hace obligatorio para conceder su ayuda, el aumento de los impuestos a la gasolina. Por lo menos deberíamos estudiar las posibilidades de que la OMC intervenga para tratar de rectificar esta política claramente proteccionista, aupada por el FMI.
Acabo de leer un largo ensayo en la prestigiosa revista The Economist titulado el Petróleo Barato, en el cual asoman la posibilidad de que el precio por barril de petróleo caiga a 5 dólares. Aun cuando nos dan un muletazo, indicando que tal disminución, a cuenta del impuesto superior al 80%, no la notará el consumidor en la bomba de gasolina, no dedican una sola palabra al problema de la injusta distribución del ingreso petrolero. Como ciudadano de un país petrolero, me siento tratado como un estúpido.
El consumo actual del petróleo ronda los 73 millones de barriles diarios. Se estima que reducir la producción en 2 millones, puede lograr que los precios no sigan bajando. Señores OPEP y demás países petroleros, les pregunto: ¿Cuál sería el efecto en la demanda si los aranceles actuales del 800% se reducen a un nivel del 100%, aún exorbitante, y provocan de tal manera una disminución del 70% en el precio de la gasolina en Europa y muchos otros países?


marzo 12, 1999

Sobre mangos y bananos

Por varias razones, el debate sobre la economía mundial recientemente me ha recordado la fruta. El sabio Henri Pittier escribió su Manual sobre plantas comunes en Venezuela en 1926. En él escribió lo siguiente sobre el mango:
"Se cosecha en abundancia, y son muchos los que, durante la época en la que están maduras, dedican todo su tiempo a la búsqueda de esta fruta, que durante algún tiempo se convierte en su única fuente de alimentación, muy a menudo en detrimento de su salud. Uno puede vacilar, a continuación, en decidir si la introducción de este árbol [de Asia] ha sido una bendición o una maldición. El autor de estas palabras se inclina a creer que este último ya que el mango conduce al ocio, a la invasión de la propiedad de otros y de la vagancia; además, no importa lo bueno o saludable que sea, cuando se ingiere con moderación, a veces provoca trastornos digestivos y está lejos de ser una comida sana. Altera, entonces, tanto la moral, así como la salud pública. "
Esta cita interesante nos muestra que, además del petróleo, los mangos deben ser clasificados en la lista de culpables que han sido la causa de nuestro pobre desarrollo económico. De cierto, además del mango y del petróleo, también hay que añadir a esta lista el sol, las playas y todas aquellas variables que, sin duda, hacen que sea más fácil para sobrevivir una recesión económica en Caracas tropical que en un Moscú invernal.
Puesto que parece evidente que la simplicidad de la vida en los trópicos conduce a la pereza, mientras las penurias del invierno promueve la disciplina y la ética del trabajo que han inspirado en última instancia, el desarrollo económico global de hoy, nos corresponde para ver el calentamiento global con renovada preocupación y de una forma totalmente nueva ángulo.
He hecho mis propias observaciones empíricas acerca de la evolución del calentamiento global. Cada fin de semana de Carnaval, por ejemplo, me paseo mi playa en Margarita, la isla venezolana tropical en el mar Caribe, y tomo nota de la anchura de la costa desde la línea de agua a la calzada. Incluso cuando tuve terribles dificultades para encontrar un lugar en el que anclar sombrilla de playa, nunca preocupe realmente por eso. Simplemente me atribuí esta dificultad a la creciente popularidad de la isla y no a una invasión de los océanos.
Hoy, sin embargo, albergo serias dudas sobre la validez de mi método de medición puesto que desde dondequiera que miro me parece poder ser una evidencia nueva y concreta de un avanzado estado de calentamiento global.
¿Cómo si no, que no sea asumiendo un cierto desplazamiento hacia el norte del paralelo de las repúblicas bananeras, podemos explicar los actuales enormes déficits fiscales y comerciales que actualmente se desarrollan en los Estados Unidos.¿Cómo si no, que no sea asumiendo un cierto desplazamiento hacia el norte del límite geográfico de las repúblicas bananeras, podemos explicar las posiciones opuestas recientemente sufridas por superpotencias como Europa y los Estados Unidos sobre la cuestión de los plátanos, como si fueran alguna moderna versiones de Lilliput.
¿Cómo si no, otros que al asumir la creación de las condiciones climáticas propicias para el cultivo de mangos, podemos entender por qué Japón no ha sido capaz de combatir la ociosidad y estimular la reactivación de su economía? Todos hemos leído que el Japón ha reducido las tasas de interés a un ritmo anual del uno por mil. ¿Te imaginas lo impresionó como un botánico Henri Pittier sería al observar este ejemplar único de un mango?



marzo 09, 1999

Mi Presidente, vamos a lo básico

Para su información, de cada 100 dólares, que en Europa y en otros países paga el consumidor por la gasolina, al fisco le tocan 85, al distribuidor 5 y al que extrae y refina el petróleo, sólo le corresponden menos de 10 dólares. Si estimamos que 5 de los 85 dólares cobrados por el fisco, corresponden al IVA u otros impuestos normales, llegamos a la conclusión de que, en esencia, a la gasolina le están aplicando un arancel comercial del 800%. 
Aún cuando pueda ser irrelevante, lo anterior sencillamente no es justo, menos cuando la relación sólo tiende a empeorar, al aprovecharse cualquier baja en los precios para subir los impuestos, sin que los consumidores lo noten. 
Hoy, debido a la globalización, observamos cómo los países defienden cada vez más sus intereses comerciales. Estados Unidos está amenazando a Europa con aranceles del 100% para quesos y textiles, como consecuencia de una disputa comercial sobre cambures, un producto que ninguno de los dos produce. 
Hay entonces algo equivocado, cuando un país como el nuestro, que transita por una profunda crisis económica, no protesta hechos que obviamente lo afectan. El limitarse a cumplir con un "Manual de Buenas Costumbres Económicas" que "desinteresadamente" se nos sugiere adoptar, para así lograr acceso a créditos al 18%, no resolverá la urgencia 
Ya oigo los gritos: "¡Cuidado! Kurowski es otro de aquéllos que creen que la prosperidad económica de Venezuela, sólo depende de factores externos, sólo depende del petróleo." Esto es falso y para quien lo dude, coloco años de artículos que indican lo contrario. Sostengo que entre los muchos aspectos internos, que hay que rectificar, se encuentra justamente aquél que garantice una cohesión nacional alrededor de sus intereses vitales.
El impuesto a la gasolina se aplica por ser una vía expedita para generar ingresos fiscales, que les permite, además, el escudarse tras el moralismo ambiental de ayudar al mundo a conservar energía y a evitar el recalentamiento de la tierra. Ello acarrea unos términos de intercambio altamente desiguales. En Venezuela aplicamos aranceles módicos, por ejemplo, el 26% a la champaña, mientras que Europa y otros aplican el 800% a un producto que, en esencia, representa toda nuestra oferta de exportación. 
Nuevamente oigo gritos: "¡Cuidado! Kurowski es otro de aquéllos que creen que debemos acudir al proteccionismo". ¡Falso! Sólo sostengo que una política comercial debe tener como horizonte el interés del país y exigir razonables contrapartidas, no sólo en divisas, sino además en generación de empleo. Como un quid pro quo aceptable, estaría dispuesto a considerar la total eliminación de los aranceles, 0% para la champaña a cambio de 0% para el Petróleo. 
El hambre es una violación a los derechos humanos y en mi país, gracias principalmente al populismo, hay gente inocente sufriendo hambre. No obstante, en la batalla en contra del populismo interno, con frecuencia se ha caído en la trampa de aceptar inocentemente la prédica del populismo económico externo, a veces, hasta aumentando el hambre. Es hora de que Venezuela aprenda a pelear por sus intereses.
Cada barril de petróleo que extraemos es irremplazable, por lo tanto Venezuela está vendiendo sus activos y no un simple producto comercial. De la misma forma en que estamos obligados a dar un mejor uso a los ingresos, hasta hoy vergonzosamente dilapidados, es nuestra responsabilidad la de tratar de obtener el mejor precio posible por el petróleo. De no lograrlo, es preferible dejarlo en el subsuelo. 
En tal sentido sugiero, para comenzar, convencer a la OPEP y a otros productores de petróleo, sobre la necesidad de imponer aranceles del 800% a todos los productos originados en países que apliquen excesivos impuestos a la gasolina, ofreciendo reducirlos en la misma proporción en que ellos reduzcan los suyos. La baja resultante en los precios para el consumidor, avivaría la demanda mundial, fortaleciendo de inmediato los precios del petróleo.
Aún cuando opino que nunca se ha debatido con suficiente determinación, lo que expongo, no es nada nuevo. Siempre se ha rechazado la eliminación del impuesto a la gasolina, esgrimiendo todo tipo de argumentos rebuscados. Entre éstos, el que define al petróleo como un producto de demanda no elástica, no se consume más por bajar el precio y lo cual, al contrastarse con el argumento ambiental de subir los precios para que se consuma menos, resulta francamente contradictorio. Igualmente, cuando alegan una similitud entre el impuesto a la gasolina y el impuesto al tabaco, ignoran el hecho de que el productor de tabaco, a diferencia del productor de petróleo, tiene la alternativa de otro cultivo.
Al no haber argumento, que pueda rebatir el hecho de que sería mejor para nosotros lograr revertir la situación y recibir 90 dólares de cada 100 pagados por el consumidor, es obvio que la pelea se sitúa de lleno en el campo político. En tal sentido, por lo menos, tenemos una cierta ventaja en el hecho de que en Estados Unidos no existen los mencionados impuestos, al menos, no en esta ridícula magnitud. De pronto encontramos hasta aliados inesperados entre los mismos consumidores.
Mi Presidente, le ruego asegurar que el asunto se debata con sentido de Patria en la próxima reunión de la OPEP. Mientras tanto, nosotros trataremos de analizar las posibilidades existentes para impugnar, por discriminatoria ante la OMC, los impuestos a la gasolina. 
Economía Hoy 9 de Marzo de 1999




febrero 23, 1999

Mensaje a mi Presidente

Hace 25 años entré a la Administración Pública, al Fondo de Inversiones de Venezuela, ente que para ese momento estaba en plena gestación. Antes de haber cumplido un mes, antes de haber recibido los muebles de mi oficina, renuncié. La única razón, de lo corto de mi servicio público, fue que se le exigió a mi departamento preparar, en menos de una semana, un estudio que demostrara la factibilidad económica de invertir unos cuantos miles de millones de dólares, en el plan de expansión de Sidor. Con la impulsividad de la juventud, declaré en ese entonces: "¡En una semana eso es imposible!” – “Si el proyecto no resulta y se pierden los recursos, la Nación tendrá derecho a reclamar nuestra responsabilidad y a guindarnos en la plaza Bolívar". Cerré la puerta y nunca más tuve algo que ver con el sector público.
Hoy, con la impulsividad de un padre que, como Usted, está preocupado por el futuro de sus propios hijos y de todos los hijos de Venezuela, me permito alertarle sobre los cantos de sirena destinados a convencerlo de invertir, como Estado, en el sector de la Petroquímica. 
Señor Presidente, la vergüenza colectiva que debemos compartir ante el hecho de que niños en la Venezuela de hoy necesiten limpiar tumbas, cubrirse con periódicos y sean testimonio vivo de nuestra ineptitud como país, en un alto grado se debe, justamente, a la pobre gestión fiduciaria del Estado, gracias al cual se derrocharon los recursos, que por obra y gracias de Dios y del Espíritu Santo le fueron concedidos a Venezuela, en proyectos donde nada tenía que buscar el Estado como empresario, gerente o acreedor.
La exploración y producción del petróleo, en una país con tantas reservas, es un buen negocio, donde lo pongan. La única dificultad de tal negocio reside en evitar la tentación de malgastar parte del generoso margen que se obtiene, en actividades e inversiones innecesarias, que sólo sirven al propósito de satisfacer egos personales de la petrocracia o de generar negocios laterales. Venezuela, con una buena logística de transporte y refinerías adecuadas, que garanticen la calidad de nuestro productos, tiene más que suficiente para competir exitosamente en un mercado de productos genéricos o "commodities", como el petróleo. Cualquiera que observe el mercado se da cuenta, que las cotizaciones se expresan en términos de calidad u origen del producto, por ejemplo “Brent” y nunca en términos de una marca como Shell, Calvin Klein, Citgo, agua Perrier, Mobil o Marlboro. Sólo la Orimulsión, por cuanto es un producto para el cual hay que desarrollar un mercado, presenta un reto gerencial de importancia.
La Petroquímica, por el otro lado, aún cuando se pueda tener la impresión, que por el nombre sea familia cercana al petróleo, de verdad, representa un animal muy distinto. Es una industria sumamente competida, con márgenes muy estrechos y que requiere, para sobrevivir, de toda aquella eficiencia que sólo puede ser desarrollada en "ciertos" ambientes privados, propicios al desarrollo de instintos primitivos, de lucha a cuchillo limpio. En otras palabras, no es una industria a donde enviar burócratas.
La industria petroquímica es sumamente intensiva en capital, lo cual significa que necesita mucho dinero para cada puesto de empleo que genera. Además, la rentabilidad de sus proyectos, dicho hace algunos años hasta por los propios directivos de la industria, es inferior a las tasas de interés que actualmente debe cancelar Venezuela en los mercados internacionales.
Señor Presidente, reconozco y comparto plenamente su angustia sobre la necesidad de reactivar la economía venezolana pero, definitivamente, no creo que la Petroquímica sea la tierra mas fértil para sembrar nuestros recursos petroleros. Considero, que la única cosecha que nos esperaría, de seguir adelante, es la de hacer crecer el árbol de los subsidios requeridos. En este último sentido, hasta el aluminio, sector que por su mal manejo puede requerir de una inmediata privatización, presenta ventajas comparativas más importantes que la Petroquímica.
Lo dicho no significa renunciar al desarrollo de la industria petroquímica de Venezuela. Dentro de sus posibilidades, el Estado debe hacer todo lo que pueda para propiciar, que inversionistas encuentren condiciones para acometer nuevos proyectos. Por cuanto se conoce que el volumen de gas, que actualmente se extrae, puede, a corto plazo, no alcanzar para los proyectos que ya existen, incrementar su producción sería un lógico primer paso. Posteriormente, ofrecer contratos de suministro de gas a precios interesantes, pudiera resultar un incentivo efectivo. Si el proyecto va bien, generará empleos e ingresos vía impuestos. Si no resulta, por lo menos, no dejará una hipoteca que grave el futuro de nuestros hijos. 
Señor Presidente. En la venta de cada irreemplazable barril de petróleo estamos vendiendo una parte del país. Ante Dios y ante las generaciones que nos habrán de seguir, tenemos una clara responsabilidad por el uso de los recursos obtenidos. Ante una duda, sobre lograr dicho objetivo, es preferible dejar el petróleo en el subsuelo. Usar el ingreso del petróleo para educar nuestros hijos es inobjetable. Usarlo para proyectos de petroquímica, sólo puede inspirarse en la pecaminosa arrogancia de considerarnos superiores a todos aquellos compatriotas que, a través de la reciente historia, nos han provisto de tan abundante y abrumadora evidencia de fracaso.


 

febrero 09, 1999

Venezuela y Don Quijote

En términos de Realpolitik, Venezuela, como productor petrolero, posee dos armas importantes. La primera, es la de tener amplias reservas de un producto que, sin duda alguna, tiene un carácter estratégico. La segunda es el poder de compra, que deriva de la liquidación de estos mismos activos petroleros y que, a diferencia de la gran mayoría de los países, obtiene sin tener que negociar un “quid pro quo” comercial.
No deseo dejar entrever, ni siquiera un instante, que el hecho de esgrimir las armas que mencioné, de por sí garantizan un desarrollo económico para Venezuela. Sin embargo, creo que como país tenemos la obligación de lograr, por cada irreemplazable barril de petróleo que extraemos, algo más que los míseros dólares que las actuales condiciones del mercado generan.
En tal sentido, necesitamos urgentemente salir de la trampa que significa el aplicar, a la ligera y sin meditación, el recetario de moda. Diariamente me asombra la facilidad con la que, observadores de renombre sostienen la tesis de que por el sólo hecho de copiar medidas, tales como privatización y apertura comercial, podamos gritar ¡Bingo! y garantizar prosperidad eterna en Venezuela. 
Antes de que se me acuse de intereses ocultos, permítanme aclarar que soy un convencido de que medidas tales como privatizar o abrir la economía, en general, son buenas y necesarias para el país, pero no debemos olvidar, que en esencia, sólo son utensilios para cocinar y que en ningún momento constituyen los propios ingredientes. En tal sentido, para que sirvan, deben implementarse de forma correcta e insertarse en una inteligente y coherente estrategia de desarrollo. 
Además, creo indispensable recordar que nada, absolutamente nada, relacionado con las políticas económicas aplicadas en el mundo de hoy, implica una reducción en la intensidad de la competencia y la agresividad con la cual un país defienda sus intereses individuales. Con frecuencia tengo la impresión de que en Venezuela, cuan el inocente caballero Don Quijote, enfrentamos las bárbaras hordas comerciales, en la creencia de que estamos participando en un civilizado juego de croquet. 
El mundo de hoy, justamente, por ser globalizado y abierto, requiere de astucia, carácter y, lamentablemente, de una alta dosis de hipocresía. La forma como Venezuela se dejó vencer por unos intereses comerciales extraños, al habérsele prohibido, sin razón alguna, el uso de la Orimulsión en la Florida, es un típico ejemplo de nuestra inocencia comercial. Venezuela decidió no protestar ante la OMC, por cuanto Estados Unidos argumentaba que la prohibición era una decisión local de Florida, por lo cual, a nivel Federal, no podían hacer nada. Me pregunto que harían los Estados Unidos si el alcalde de Higuerote, a cuenta de una opinión personal, de que los autos norteamericanos son muy duros y por lo tanto golpean muy fuerte al chocar, prohibe su circulación.
Igualmente, y aún cuando las medidas, en general, pueden ser excelentes, esto no necesariamente garantiza su aplicación en todos los casos. Por ejemplo, para el caso de una apertura comercial ejecutada vía convenios, bi o multilaterales, ésta tradicionalmente se justifica en términos de la ventajosa especialización que resulta de un mayor intercambio comercial. No obstante, en el supuesto de un país petrolero, la especialización es el resultado de una intervención “Divina”, que nada tiene que ver con convenios comerciales. Se puede argumentar que el principal resultado de un convenio comercial, para Venezuela, es erosionar el valor de su poder de compra, al reducir, de forma voluntaria, el número o el surtido de los botiquines del mundo a los cuales accesar para comprar sus cachivaches. 
Para evitar malas interpretaciones, debo aclarar, que para el caso de convenios establecidos entre vecinos, tales como Colombia y Venezuela, existen muchas otras ventajas, adicionales a la especialización, que los justifica.
En el lado de las finanzas, notamos que Venezuela mantiene una deuda externa, que aún cuando imperdonable, no resulta exageradamente alta en relación a su capacidad de pago. En un mundo globalizado, esto debería permitirle desarrollar muchas opciones financieras para lograr aliviar el peso que representa el actual cronograma de pagos. Cuando entonces el país, sin estructurar soluciones institucionales basadas en su fortaleza estratégica, por un problema de liquidez y no de solvencia, sale a contratar préstamos en los marginales mercados privados emergentes, justo cuando están en crisis y terminan pagando intereses mas que usureros, resulta obvio que no tenemos la suficiente sagacidad.
Por cierto, mis críticas a la manera como Venezuela aplica las herramientas de moda, no se limitan a la apertura comercial. El privatizar a la machinberra, reducir el déficit fiscal estrangulando al sector privado y contemplar sustituir nuestra política monetaria por una rendición a otra moneda, no producirán resultados. Lo más probable es que los fracasos sólo servirán para desacreditar todo lo bueno que, en esencia, puedan tener las medidas, garantizando, como respuesta natural, el sumergir a Venezuela en un medioevo económico.
Economía Hoy 9 de Febrero de 1999