La vista mas completa se obtiene desde el centro, ese lugar que en un mundo que cada dia esta mas polarizado, comienza tornarse en el verdadero extremo. Amigos, en este lugar se escribe en verde y espero de todo corazón que no lo lean solo en azul o amarillo.
https://petropolitan.blogspot.com/2000/03/opep-por-favor-negocie-con-firmeza.html
El domingo 12 de marzo, [en El Nacional] el Sr. Luis Giusti usando un “lenguaje muy sencillo, que pueda ser comprendido por Petra Pérez”, hizo un esfuerzo, en un artículo de prensa, por tratar de explicarle al país las bondades de que PDVSA fuese dueña de Citgo y de sus 15.000 estaciones de servicio.
Para darle fuerza a sus argumentos, Giusti, con fines pedagógicos, nos relata sobre las dificultades de un pequeño productor de leche, Pedro González, en lograr asegurar una adecuada remuneración para su producto. El sólo ordeñar y entregar la leche a puerta de corral, situó al pobre Pedro en tal desventaja que, para sobrevivir, tuvo que incursionar en el transporte de la leche y luego en su pasteurización. Al final de la saga, el Conglomerado González termina siendo propietario hasta de los supermercados donde se vende la leche.
Estoy de acuerdo con que la voluntad de trabajo de Pedro constituye un buen ejemplo para el país, pero no estoy del todo seguro de lo que aprendió el venezolano del simpático cuento de Giusti. En cuanto a mí, por fin obtuve la respuesta al por qué, un profesional con tantas calificaciones como Giusti, pudo haber impulsado una política petrolera tan equivocada.
El misterio me lo aclaró el mismo Giusti cuando, explicando su parábola, nos dice “El petróleo crudo en los terminales y los derivados en los muelles de nuestra refinerías, son como la leche a puerta de corral.” Por supuesto, quien parta de una premisa tan falsa como la de que el petróleo y leche son lo mismo, necesariamente tiene que llegar a conclusiones equivocadas.
La leche es un producto renovable, que puede ser producido en muchos lugares, y una integración aguas arriba, puede ayudar a maximizar las ganancias o por lo menos asegurar, que un solo eslabón no se quede con todas. Por cierto, a Giusti por algo se le olvidó aquello de crear valor económico adicional y no mencionó la interesante posibilidad de hacer quesos.
El petróleo, por el contrario, es un activo no renovable y su viabilidad económica sencillamente se fundamenta en tenerlo y poder extraerlo a un costo razonable. Si Venezuela tuviese petróleo ilimitado, cuyo costo de extracción y transporte fuese más barato que el de la competencia, tendríamos en un mundo de libre comercio, sin una sola gasolinera, el 100% del mercado. Si nuestros costos petroleros fueren más altos, tendríamos el 0%, aún con todas las gasolineras del mundo.
Claro está, hay productos de muy bajo valor, tal como el agua, que a cuenta de puro mercadeo, se puede vender a precios muy altos – hasta mayores que los de la gasolina – pero no creo que Giusti se refiera a esta posibilidad, por cuanto dudo que las estaciones de Citgo puedan vender su gasolina a un precio más alto que Esso, Texaco y BP.
El petróleo constituye para Venezuela una inmensa fuente de riqueza estratégica, que debe ser administrada con genuino criterio de escasez y un sagrado sentido de responsabilidad histórica. Jamás debe ser sólo una simple materia prima, que se explota intensivamente a cualquier precio que exceda su costo de extracción o, como entendería Petra, mientras el cuerpo aguante.
Uno de los aspectos más importantes que Giusti dejó fuera de su análisis es la interferencia de las naciones en el mercado. Como el entiende de leche, basta recordarle que, por muy integrado que estuviesen los productores de leche en Europa, hoy estarían quebrados si no fuera por el acceso a los subsidios de la Comunidad. Aún cuando en dirección opuesta, pechan y no subsidian, también los Estados interfieren en el la gasolina. Hoy, en muchas partes del mundo, de cada 100 unidades que el consumidor paga por ella, 80 son retenidas por el fisco del país y sólo 20 quedan para el productor y el distribuidor.
Lo anterior, evidencia que para maximizar el valor del petróleo necesitamos de armas geopolíticas, tipo OPEP. Por cuanto el acceso a tales armas, depende de nuestras posibilidades para, de manera autónoma, decidir sobre la oportunidad y los volúmenes de producción, soy un convencido de que el petróleo, en su actividad primaria, debe ser 100% propiedad del Estado.
Lo del petróleo siendo 100% del Estado, no invalida propuestas dirigidas a permitir que una parte de las rentas petroleras pasen directamente al bolsillo privado del ciudadano venezolano, para de esta manera evitar algunas desventajas de la excesiva centralización de ingresos. Por supuesto, esto nunca puede ser vía alternativas hedonísticas, como el crear derechos a dividendos petroleros negociables, lo cual sólo significaría que una generación disfrute por adelantado de ingresos a costa de las futuras generaciones de venezolanos.
De igual manera, estoy seguro o, como dirían en lenguaje jurídico, más allá de cualquier duda razonable, de que una vez que el petróleo haya sido explorado, extraído y refinado, de ahí en adelante, cualquier cosa adicional que el Estado trate de hacer directamente con él, sólo servirá para perder parte de la riqueza petrolera obtenida. El intentarlo, por vanidad, le resta valiosos recursos, que de otra manera pudiesen ser invertidos en sus propias funciones, tales como salud, educación, seguridad y hasta la defensa de sus propios intereses petroleros.
Comprenderán entonces la frustración que, como venezolano y padre de tres venezolanas sentía cuando, durante la apertura petrolera, observaba como PDVSA, a cuenta de una falta de recursos, abría espacio a las inversiones privadas en el ámbito de la explotación petrolera, sólo para luego disponer de recursos en inversiones tan carentes de sentido como construir gasolineras.
No lograba entender cómo alguien podía visualizar el riesgo de que Kuwait le quitase a PDVSA participación de mercado en Chacao. Hoy lo entiendo mejor, Giusti se creía presidente, no de PDVSA, sino de Pasteurizadora de Venezuela S.A. y, como González, buscaba estaciones de servicio por cuanto éstas, aún las de Citgo, quizás ganan más vendiendo leche y chucherías que gasolina. ¡Qué mala leche la nuestra!
Hemos podido observar muchos casos donde propuestas y actuaciones económicas amparadas, con o sin razón, bajo el nombre del neoliberalismo, han producido desviaciones, que podrían hasta llegar a ser calificadas como satánicas. Por cuanto en ocasiones he sido defensor de algunos postulados neoliberales, considero oportuno aclarar, que tanto para esa línea de pensamiento, como para cualquier otra similar, el diablo siempre entra en acción cuando el uso del sentido común se abandona por un fanatismo irreflexivo.
En Venezuela existen muchas evidencias del fanatismo neoliberal, pero pocas tan obvias como las que se relacionan con nuestra política petrolera. A continuación, presentare cierta información que creo permite evidenciar tal opinión. La información presentada en las tablas, ha sido extraída directamente o calculada sobre la base de datos aparecidos en el libro World Oil Trends de 1999, publicado por Arthur Andersen y Cambridge Energy Research Associates.
Barril Arabian Light | 1980 | 1985 | 1990 | 1995 | 1998 |
US$ Nominales | 36.01 | 27.45 | 20.71 | 16.81 | 12.20 |
US$ Constantes – 1998 | 66.98 | 39.47 | 24.95 | 17.62 | 12.20 |
Precios 1980 = 100% | 100% | 59% | 37% | 26% | 18% |
Según la tabla, el petróleo en 1998 se situó en sólo un 18% del valor que tenía en 1980. Ahora bien, si observamos los datos incluidos en la tabla siguiente, podremos apreciar que la evolución de los precios de los productos petroleros, a nivel de consumidor, durante el mismo período, ha sido muy diferente.
INDICE DE PRECIOS PRODUCTOS PETROLEROS A NIVEL CONSUMIDOR
País | 1980 | 1985 | 1990 | 1995 | 1998 |
Estados Unidos | 100% | 101% | 104% | 89% | 91% |
Francia | 100% | 179% | 154% | 170% | 185% |
Alemania | 100% | 122% | 96% | 110% | 111% |
Inglaterra | 100% | 151% | 156% | 214% | 247% |
Al comparar el 18% de índice petrolero de la primera tabla, con los resultados del índice de los productos petroleros a nivel consumidor, observamos que en Estados Unidos éste se ubica con un 91%, lo que corresponde al valor mas bajo; mientras que en Inglaterra, dicho índice llega a un exorbitante 247%. Lo cual nos lleva a preguntarnos: ¿Cómo _ _ _ _ fue esto posible?
La respuesta abarca muchas variables pero, sin duda, la más importante obedece a los continuos aumentos de los impuestos a productos petroleros aplicados en los países consumidores. Resaltan especialmente, entre éstos, los impuestos a la gasolina.
TOTAL DE IMPUESTOS APLICADOS A LA GASOLINA EN RELACIÓN A LOS INGRESOS OBTENIDOS POR EL PRODUCTOR Y EL DISTRIBUIDOR.
País | 1980 | 1985 | 1990 | 1995 | 1998 |
Estados Unidos | 12% | 30% | 37% | 49% | 49% |
Francia | 138% | 163% | 285% | 456% | 456% |
Alemania | 96% | 96% | 170% | 335% | 317% |
Inglaterra | 85% | 117% | 163% | 317% | 456% |
Japón | 59% | 64% | 85% | 113% | 150% |
En esta tabla observamos, que si calculamos los impuestos en base a comparar los ingresos percibidos por el Fisco con los que reciben todos los demás eslabones de la cadena juntos, el alza impositiva ha sido exagerada, llegándose a extremos, como en el caso de Inglaterra, en donde subieron de un 85% en 1980 hasta un 456% en 1998.
Con vista a los datos anteriores, procedemos, a continuación, a analizar dos propuestas, catalogadas comúnmente como neoliberales.
Propuesta de Apertura Comercial: Los impuestos que se aplican a los productos petroleros equivalen, para todos los fines prácticos, a aranceles comerciales discriminatorios y proteccionistas. En consecuencia, cuando un país como Venezuela se lanza, por la vía de la apertura comercial y reduce sus propios aranceles, sin ni siquiera protestar los aumentos de aquellos aranceles que se le aplican a su principal producto de exportación, considero nos encontramos ante la presencia de un fanatismo neoliberal satánico.
Propuesta de Incremento en la Producción: Un neoliberal diría, sin vacilación, que el valor de un producto, es el precio que el consumidor está dispuesto a pagar. Luego entonces, si en casi toda Europa pagan por un litro de gasolina algo más de US$ 1.20 y consideramos que de cada barril de petróleo podemos extraer 80 litros de gasolina (aparte de unos 80 litros de otros productos petroleros), podríamos decir - en lenguaje neoliberal - que cada barril de petróleo vale mucho más de US$ 100.
Si partimos de esa premisa, aquellas propuestas de inspiración neoliberal de aumentar la producción y/o de privatizar la industria petrolera, formuladas cuando Venezuela percibía US$ 9 por barril, sólo pueden ser explicadas a luz de un fanatismo satánico.
Este fanatismo neoliberal no es monopolio exclusivo de Venezuela. En Argentina también está presente en cuerpo y alma cuando fijan los precios del gas sobre la base de su costo marginal, sin reflejar en ellos, la naturaleza no renovable de tan preciado recurso, lo cual trae como consecuencia un despilfarrador uso de gas en la generación de electricidad.
En fotos viejas, en blanco y negro, podemos ver como los pobladores de nuestra Caracas se vestían de abrigos y demás ropaje adecuado para un clima temperado. Lo anterior, ya debería ser historia, por cuanto el mundo, según fuentes confiables, a ritmo rápido, iba hacia un recalentamiento.
Algo debe haber ocurrido para explicar el como una famosa tienda de España, ubicada en un famoso centro comercial de nuestra capital tropical, ofrece y vende ropa de invierno - no de otoño - de invierno.
Al comentar el hecho con uno de mis socios, él, agitando un pasaporte español, evidentemente nuevo y sin sellos, me argumento que lo anterior no tiene nada que ver con la evolución climática, sino que se inscribe en las nuevas realidades del mundo globalizado. Como entenderán, mi socio pertenece al grupo de venezolanos, que de manera instantánea fueron convertidos en españoles globalizados, en virtud de la incorporación de España al Mercado Común Europeo.
Según mi socio, sus neopaisanos son numerosos en Venezuela y representan además una importante capacidad adquisitiva. En tal sentido, la referida Tienda, solo estaba prestando sus servicios a un mercado domestico globalizado. Ante mi aparente sorpresa, mi socio casi me recrimino sobre ¿quién era yo para cuestionar el derecho de los españoles de aquí de poder accesar los mismos productos que los españoles de allá?
Mi intención no era cuestionar los derechos de mi socio y así se lo hice ver, ratificándole mi profunda admiración por el servicio global de las cadenas españolas. Pero, ya era tarde, mi socio, ratificando en su voz su origen español, siguió, en un tono algo enardecido.
"Es injusto que yo, como español globalizado, no tenga acceso automático a las mismas facilidades financieras que aquellos paisanos que por pura casualidad residen en España." Entendí de inmediato por donde venia y estando interesado en que nuestra sociedad perdure, inmediatamente me le uní, echándole leña al fuego.
Sostuve la tesis que todo Banco de origen español, con Oficina en Venezuela, debe ofrecerle, a toda español aquí residente, créditos hipotecarios a 30 años, al 6% anual o lo que sean las superventajosas condiciones del momento y rematé con un "Si los bancos españoles pueden traer a Venezuela algo tan español como los cochinillos y los sorteos, también deben traer sus prestamos baratos".
Felizmente terminada la discusión, seguí reflexionando sobre las relaciones entre los mercados domésticos y los globalizados. Algunas posibilidades, poco exploradas, se vislumbran como interesantes.
Según el evangelio de la apertura comercial, las diferencias salariales entre países, son, en principio, de carácter temporal y se supone que el crecimiento económico resultante, debe hacerlas desaparecer. No obstante, en una fase inicial, está claro que las diferencias salariales son sin duda uno de los principales elementos de competencia disponibles para países en vías de desarrollo, y de no ser así hubiese sido imposible mercadear la apertura.
Pero, en los últimos meses nos ha sorprendido ciertos planteamientos hechos ante la Organización Mundial de Comercio (OMC), por algunos movimientos sindicales de países desarrollados. En estos se ha comenzado a presionar por medidas proteccionistas destinadas a compensar la injusta competencia, que, según tales sindicatos, surge del hecho de que países en vías de desarrollo tengan salarios bajos. Lo anterior plantea la amenaza de nuevas restricciones comerciales para los países en vía de desarrollo.
También, durante los últimos años, hemos podido observar como la oferta de servicios profesionales, a nivel mundial, cada día se concentra en menos y menos empresas. Como resultado, nuestros abogados, contadores, publicistas y demás profesionales, tienen que destinar mas y mas de sus ingresos a cancelar las franquicias exigidas por estas modernas patentes de corso. Tal evolución ha definitivamente cambiado el ámbito tradicional de los servicios no transables y no estoy nada seguro que esto represente una evolución favorable para nuestro país - o en general para los países en vías de desarrollo.
Tratando desarrollar una defensa para lo anterior se me ocurre que una manera de devolver la pelota, se encuentra en las siguientes preguntas:
Si es posible referirse a la posibilidad de mercados domésticos globalizados, ¿podríamos entonces pensar en condiciones laborales domésticas globalizadas? y, si los sindicatos de países desarrollados pueden acogerse a una cláusula de salarios distintos a su nivel doméstico, para negociar protección para sus bienes transables, ¿podríamos nosotros aplicar el mismo concepto para los servicios no transables?
Una respuesta afirmativa a lo anterior nos permitiría estudiar la posibilidad de exigirle a las empresas extranjeras que operan localmente en el sector de servicios, por ejemplo empresas contables, que tengan que remunerar, a su personal local, con salarios mínimos equivalentes a los que pagan en sus propios países.
Si lo que es igual no es trampa, para ellos, lo que es igual, no debe ser trampa para nosotros.