octubre 17, 2002

Un control de cambio libre

Una apertura comercial mal negociada, la desaparición de las fuentes de créditos a largo plazo, el aumento en la volatilidad de las tasas de interés y, ante nada, la generación de una estúpida sobre-valuación cambiaria, hizo que Venezuela terminara siendo un estacionamiento asfaltado, donde cualquier lluvia de dólares corría inmediatamente al torrente de importaciones o como fuga de capital, sin siquiera humedecer la tierra.
Obviamente que el imponer un control de cambio, en tales circunstancias, sólo equivaldría a construir una represa, que con la acumulación de aguas estaría predestinada a reventar con incluso peores consecuencias. Más importante es arar la tierra, para que ésta pueda nuevamente absorber la humedad. El arado se ha comenzado con la (¿excesiva?) corrección de la paridad cambiaria, el (¿temeroso?) análisis de salvaguardas comerciales y con rascarse la cabeza para ver qué hacer en materia financiera.
No obstante, aún cuando desaparezcan las razones económicas, que pudiesen inducir a pensar en un control de cambio, una economía pequeña, como la de Venezuela, simplemente no podría manejar los desórdenes monetarios, que se derivan de los grandes y volátiles movimientos de los capitales globalizados. La magnitud y los daños que estos flujos producen, tanto “a la entrada” como a la “salida”, son cada día peores en la medida en que los especuladores aprendan técnicas más sofisticadas para aprovecharse de un mercado, que frecuentemente azuzado por esos mismos agentes, se bambolea entre el exceso de confianza y el pánico. 
En tal sentido, estoy convencido de que nuestro país, por lo menos durante los últimos 25 años, ha necesitado de un control de cambio, no por razones económicas, sino por razones financieras.
Ahora bien, hay distintos tipos de control de cambio y, en especial, distintas maneras de cómo venderlo. Un pago que se exige para salir, hace pensar en una cárcel, crea aglomeraciones y pánicos, mientras que, ese mismo pago, para permitir la entrada en la misma puerta y para controlar los mismos flujos, hace pensar en “un club exclusivo”.
Por todo lo anterior propongo estudiar la posibilidad de aplicar un control de cambio a la entrada de divisas, algo similar al que hasta hace poco estuvo vigente en Chile, que buscaría evitar que la marea de divisas se devuelva inundando nuevamente nuestros mercados, al acabarse de una manera u otra nuestra actual diatriba política.

Publicado en TalCual




octubre 14, 2002

Un éxito de todos… ¡ya!

Un éxito de todos… ¡ya!
CUAL cuero seco, que al pisar una esquina, se levanta la otra, los politicómicos de nuestro país pisaron durante unos seis años la tasa cambiaria, controlando la inflación, pero levantando, como era de esperarse, la esquina de las tasas de interés con sus expectativas de devaluación y, peor aún, la esquina del desempleo, por la falta de competitividad.
La situación se tornó insostenible y hubo que bajarse de la esquina cambiaria para pisar la del desempleo, pero por haberse acumulado tanta tensión, al soltar la tasa de cambio, se devaluó mucho más allá de lo teóricamente necesario, por lo que hoy sentimos fuertes presiones inflacionarias, ciertamente dolorosas, pero que no nos deberían preocupar demasiado, por cuanto se derivan más de los ajustes de costos, que del exceso de demanda.
Ante tales circunstancias y como todavía no hemos logrado disminuir el desempleo, les confieso que asuntos como la utilización por el Fisco de las utilidades cambiarias del BCV, no me quitan el sueño y, menos aún, cuando esas utilidades son más reales que aquellas con las que muchas empresas pagan sus dividendos. Por cierto, además de la inflación, existe otra amenaza aún peor, que ronda por el mundo, la deflación, que en términos reales llevamos tiempo sufriendo en Venezuela.
Cuando en un avión nos instruyen sobre el uso del oxígeno en casos de emergencia, siempre insisten en que debemos colocarnos nuestra propia máscara, antes de ponérsela a los niños. Eso no es por falta de amor, sino para poder ayudar. Digo esto por cuanto observo, que tanto los extremistas del oficialismo, como los de la oposición, a cuenta de su fanatismo, no se ponen las respectivas máscaras, así se vaya el país por el despeñadero con todo y niños. En la certeza de que nuestras diferencias políticas se resolverían mejor discutiendo sobre las bases de una economía sólida, le sugiero a todos buscar un éxito concreto YA.
Búrlense si quieren, pero les aseguro que con nuestro bajo nivel real de deuda externa y la inmensa incertidumbre que reina en el mundo, con muy pocas cosas y algo menos de gritadera, nuestra deuda podría aspirar a una calificación de riesgo de 'categoría inversión'. De lograrlo, saldríamos de esa trampa con la que sólo deleitamos a los mercados, ya que el carácter 'especulativo' nos obliga a refinanciar al plazo y al costo de una tarjeta de crédito. Con lo que nos ahorraríamos, pisaríamos muchas esquinas del cuero a la vez.



octubre 10, 2002

Ni una ingeniería financiera más

Ni una ingeniería financiera más
En Junio de 2000, cuando la AES estaba comprando a la Electricidad de Caracas (EdC), escribí un artículo titulado “La EdC que yo quiero”, donde decía; “De mi distribuidora eléctrica local, lo que me interesa ver son unos buenos ingenieros con coloridos cascos, acompañados por contadores competentes con unas calculadoras sencillas, que sólo sirvan para sumar y restar. Observar la presencia de abogados, financistas, corredores, publicistas y demás profesionales poco relacionados con llevarme la luz a casa, francamente no me gusta”.
Dicho y hecho. Hoy, a poco mas de dos años, la EdC ya tiene dificultades para hacer las inversiones necesarias. Sus nuevos accionistas extranjeros ordeñaron las cuentas patrimoniales de la empresa por 900 millones de dólares, cuando probablemente cualquier propietario nacional, mucho menos versado en ingeniería financiera, seguro hubiera destinado gran parte de tales recursos a reducir la inmensa deuda externa, que actualmente pesa sobre la empresa.
Igualito pienso con respecto a las finanzas públicas. Ante el enredo total que presenta la deuda pública de Venezuela, en mucho heredada, existe presión para que se profesionalice su manejo, pero, si ya nos resulta difícil evaluar lo que está pasando, imagínense como será cuando vengan tan refinados “artistas” ejecutando “puts”, “calls” etc. y etc. 
¡No! En lo que respecta al pasivo público de Venezuela, si no puedo tener acceso a un administrador de haciendas, como Juan Vicente Gómez, que simplemente la cancele y se olvide de esa tontería, mil veces prefiero una pulpería.
Supongamos que a los gobernantes de Venezuela sólo les estuviese permitido emitir deuda hasta por un porcentaje fijo del PNB y que además ésta tuviese que ser contratada exclusivamente a través de la emisión de bonos a 15 años, con 15 amortizaciones anuales iguales y consecutivas. 
Semejante medida acabaría con la perniciosa tendencia de financiarnos tipo “costosa tarjeta de crédito”, que por empujar la arruga nos han llevado a la actual situación, donde si bien como país no debemos mucho, sin embargo por la gran acumulación de vencimientos en el corto plazo, los mercados nos exigen y pueden cobrarnos un ojo de la cara. Un perfil de amortización plano, con nuestro modesto nivel de deuda, de seguro nos haría acreedor de una calificación de riesgo crediticio infinitamente mejor que la actual.
Además, la utilización de un solo tipo de instrumento, le daría una profundidad y liquidez maravillosa al mercado de deuda de Venezuela. En cuanto a la demanda por diversos plazos de colocación, ésta podría ser atendida por el propio mercado, con sus mecanismos que le asignan distintos vencimientos a los distintos tenedores.
Por último, lo mejor, LA TRANSPARENCIA. El país siempre sabría a ciencia cierta cuál es el costo real de cualquier proyecto del Estado, sin tener que recurrir a la calculadora financiera o a expertos, quienes siempre representan un alto costo directo, así como un altísimo costo indirecto, por todas las vainas que inventan.


 

octubre 02, 2002

Trancando y destrancando

El Tamarindo, en Playa Guacuco, Isla de Margarita, es un hotel que está ubicado en unos de los sitios mas privilegiados del mundo por lo que, con una buena dosis de cariño, dedicación y capacidad por parte de un buen operador, así como una colaboración razonable de las autoridades, debería estar hasta el tequeteque con turistas satisfechos y deseosos por regresar. Pero, qué va, … cerrado y abandonado a las inclemencias de nuestras realidades tropicales, poco a poco irá desapareciendo hasta terminar en otro resto, que algún día le evidenciara a un antropólogo, la increíble desidia de nuestra sociedad.
Qué fácil sería definir una concesión para el Tamarindo, por treinta años y sujeto a muy pocas normas, como por ejemplo cuidarlo y a partir del tercer año cancelarle al Estado un monto x por noche ocupada… y entregarlo de manera gratuita a quien haya sido seleccionado, por sorteo, entre los grupos deseosos y calificados. Pero NO, por cuanto nuestra sociedad requiere que, para entregarle algo a alguien, hay que pagar algo hoy… el futuro queda trancado.
Cadafe, es una empresa eléctrica que durante décadas cumplió fabulosamente con la misión de electrificar a Venezuela pero que, por no saber reorganizarse a tiempo, hoy es una organización con el corazón y las arterias tan calcificadas, que regresando por sus mismos pasos, está des-electrificando al país.
Qué fácil sería crear alrededor de su sistema distributivo unas 20 concesiones y entregarles estas, gratuitamente, a cooperativas, empresas privadas, empresas municipales o cualquier otra forma de asociación, que esté dispuesta aceptar las normas de la concesión desarrolladas sobre la base de reconocer el interés público del servicio eléctrico. Pero NO, por cuanto nuestra sociedad no puede convivir con la idea de soltar algo que pueda significar una pérdida de poder… el futuro queda trancado.
Contrario a lo que uno pudiese creer, de oír a quienes predican sobre lo indispensable que es para el desarrollo proteger la propiedad intelectual con patentes, el Internet, uno de los avances más significativos de nuestra época, logro su desarrollo solo gracias a la absoluta libertad y gratuidad de acceso a toda sus fuentes de programas.
Qué difícil será, evitar que las oportunidades de negocios, infrinjan y recorten sobre la libertad de la red, como de hecho ya está ocurriendo. No obstante y sin ser un experto en la materia, tengo la impresión que la reciente decisión del Ministerio de Planificación y Desarrollo, de asegurar que toda la información pública así como todo el desarrollo informático oficial de Venezuela, esté, de manera preferencial, basada en un software libre, puede ayudar a destrancar el futuro de un país joven.
Publicado en TalCual



 

septiembre 26, 2002

Lo riesgoso del riesgo país

¡Qué horrible debe ser trabajar como controlador aéreo! Cualquier pequeña equivocación puede provocar una horrible tragedia humana. Con razón dicen que estos profesionales se “queman” rápido. Supongo que algo parecido debe pasarles a los calificadores de riesgo soberano… aquellos que con su cuidadoso juicio dictaminan el riesgo país.

La importante labor de las calificadoras de riesgo tiene dos funciones. La primera, aquélla por la que se les paga, consiste en analizar si el deudor puede o no honrar su deuda, lo que determina si los fondos de pensión, bancos y empresas de seguro invierten o no en los papeles de ese país. La segunda función, más importante aún, consiste en transmitirle al gobierno deudor señales, que lo ayuden a mejorar su gestión.

¡Qué tarea más difícil la de los calificadores! Si se les pasa la mano y subvalúan el riesgo del país, éste seguro será inundado de préstamos y endeudado hasta el tequeteque, para luego tener que enfrentar una ola de ajustes. Si por el contrario, exageran el riesgo país, ello por sí solo puede causar una baja en las cotizaciones de la deuda, aumentar el costo de intereses para el país y dificultar su acceso a los mercados financieros, hasta el punto que la equivocación inicial, podría terminar siendo verdad. En todo caso, cualquier extremo suele acarrear hambre y miseria humana.

¡Qué pesadilla ser calificador! Imagínense tratar de conciliar el sueño, pensando en la posibilidad de que un Juez, de los nuevos, que globalmente se inmiscuyen en todo, olfatee y determine que la quiebra de un país se debió a una equivocación o descuido suyo y proceda contra él por delitos de lesa humanidad. Si la responsabilidad de calificar a países soberanos fuese mía, buscaría asegurar un proceso totalmente transparente, aún cuando ello levante algo el velo de sofisticación de la profesión y me obligue a sacrificar parte de mi propio valor de mercado.

¡Qué suerte la nuestra, que no somos ni controladores aéreos, ni calificadores de riesgo soberano! Aún así, por cuanto podríamos ser víctimas de una de sus equivocaciones, aunque sea por instinto de sobrevivencia, nos conviene asegurarnos que ambos hagan bien su trabajo.

En recientes reportes de país observamos que luego de haberse introducido en una caja negra metodológica, producen finalmente, como por arte de magia, una calificación crediticia. Muchos de estos reportes me lucen similares a las críticas de películas, porque percibimos más el gusto personal del calificador por la manera de como los directores de un país buscan honrar sus compromisos, que un estricto análisis financiero de fondo sobre la capacidad que tiene o no el país de servir su deuda.

Lawrence Lessig, en su libro “El Futuro de las ideas”, sostiene que una época se marca, no tanto por lo que se debate, sino por lo que se da por cierto y no se debate. En tal sentido, al existir el riesgo de que el “riesgo país” se convierta en el principal riesgo del país, no creo que debamos asignarle tan alegremente un AAA a las calificadoras de riesgo.


septiembre 18, 2002

Paraísos de ilícitos aduaneros

No hay forma de que un país, como el nuestro, pueda aguantar lo que significa una apertura comercial lícita, si al mismo tiempo no logra eliminar la ilícita. En consecuencia, si aceptamos reducir los aranceles, no podemos también permitir que éstos se cobren sobre valores artificialmente reducidos. 
El comercio internacional lleva tiempo inmerso en discusiones sobre cómo evitar la sub-facturación, debate en el que se contraponen los intereses de los exportadores/importadores, por asegurar que las aduanas no cobren más de lo debido, con el del fisco/productores-domésticos, para que no se cobre menos de lo debido. En los países en vía de desarrollo, frecuentemente importadores de mercancías difíciles de valorar, es dramático ver los pocos recursos con que cuentan para defenderse tanto en las negociaciones, como en las aduanas. Tienen todas las de perder… un lujo que no se pueden dar.
Un aspecto de los ilícitos aduaneros, sobre el cual he buscado información, es el relativo a como se castiga a aquellos exportadores, que facilitan los ilícitos, por ejemplo, sub-facturando. No conseguí nada sobre el tema, ni aún en el anexo H delConvenio Revisado de Kyoto de 1999 para la Simplificación y Armonización de los Regímenes Aduaneros, que versa justamente sobre las infracciones aduaneras. Advirtiéndoles que no soy abogado, por lo cual existe el riesgo que desconozca otros procedimientos, pero que de existir, estoy seguro son poco ágiles, se me ocurrió que de la misma manera que hay legislación que afecta a los países (paraísos) que facilitan la evasión fiscal, debería existir alguna normativa global que permita o, por lo menos, ayude a castigar a los colaboradores de contrabandistas… estén donde estén.
Por ejemplo, aún cuando sea poco conocido, muy flexible y mucho menos aplicado, desde 1997 existe un Convenio entre los países de la OECD, que busca limitar la mala competencia, evitando la práctica de corrupción en la negociación con funcionarios públicos… estableciendo que al corruptor se le aplicarán las normas vigentes en su propio país de origen, como si hubiese cometido el delito allí … y no en un paisucho cualquiera.
Me parece, que desde tal iniciativa, deberíamos analizar la posibilidad de exigir la cooperación de los países exportadores para reducir la complicidad con los ilícitos aduaneros, identificar los otros culpables, aplicarle prohibiciones especiales a todo exportador-colaborador y hasta quizás cobrar un arancel especial a toda importación, que provenga de “paraísos” que inciten los ilícitos aduaneros.
Publicado en TalCual el 18 de Septiembre de 2002
PD. Igualmente hay que aprovechar al máximo la tecnología. La posibilidad de unir vía una huella digital la factura original con los documentos de embarque, podría eliminar la costumbre de las dos facturas… una verdadera y una para el fisco.



septiembre 13, 2002

¿Miami o La Habana?

Cuando vemos niñitos venezolanos armados con rifles, sentados frente a un mural con un Cristo armado, y se nos pasa por la cabeza que quizás sea mejor que los niños se queden con las armas y no las devuelvan a sus maestros cargados de resentimientos, odios y locuras... es difícil ignorar que nuestro poblado se nos está desbarrancando... por la mismas vías de una Cuba, o de otra similar tragedia primitivista. 
Pero cuando leemos noticias de La Habana sobre como un restaurante "nacionalizado" ha sido recuperado, restaurado y reabierto por el nieto del dueño original; y otro restaurante, El Chaplin, es manejado con espíritu emprendedor por un excanciller de Cuba y expresidente del ala juvenil del Partido Comunista... igualmente se nos pasa por la cabeza, un ojalá fuésemos por lo menos en la misma dirección que la Cuba actual 
Desde siempre, como radical del medio, como extremista del centro y ante nada como venezolano, he sostenido: "Ni Miami ni La Habana... ¡Caracas!". 
No obstante hay momentos donde hay que saber responder: ¿Si llegada una hora de las chiquitas, con quién debería estar Venezuela... con una Miami de Bush u Obama, o con La Habana de Fidel? ¿Si llegada la hora de tener que enviar un hijo al extranjero, de por siempre... a una Miami de Bush u Obama o a La Habana de Fidel? 
Y estoy convencido que la inmensa mayoría de los venezolanos responderían "¡Miami, ni loco pa' La Habana!"; por lo cual el cacique de turno, con su discurso tipo bocazas en pro de la Habana de Fidel y en contra de Miami, o sea, silbando en la oscuridad para insuflarse de valor, no representa el país. Ya quisiera verlo atreverse hacer el referéndum ... "¿Jóvenes, dentro de 40 años, en qué espejo se quieren ver, en un Estados Unidos de Bush u Obama, o en una Cuba de Fidel?".
Una de las principales razones por las cuales los pobladores perdonan al protagonista principal del gobierno hecho reality show, es por cuanto están convencidos que Estados Unidos, el día de mañana, no se lo habrá tomado tan a pecho como para tomar represalias en contra de un pueblo que en esencia sabe ser muy mayamero. Si así no lo creyesen... ¡Ay mamá! 
Parte de la fortaleza de la mentira cubana surge del mito de siempre encontrarse esperando un hombre nuevo. En Venezuela, no pasa lo mismo... aquí el hombre nuevo viene, y rapidito se va. En elecciones todos los candidatos se dicen hombres nuevos, para después de las elecciones argumentar, con caritas tan lavadas, que lo que pasa es que aún no les han llegado. 
Lo digo por cuanto no entiendo cómo candidatos puedan, o mentir tan descaradamente, o creer tan descaradamente, en que ellos ahora si saben como administrarle las resultas petroleras al pueblo venezolano, para que el pueblo venezolano se crezca, aún sin llegar el pueblo a saber cómo administrar sus propias resultas petroleras. 
¿Cuánta diferencia puede haber entre una y otra propuesta política en un país donde más del 95 por ciento del ingreso por exportaciones la recibe el cacique? Sólo la diferencia que puede haber entre un mejor y un peor gobierno comunista. 
PS.-1 El cacique de turno nos debe la lista Kalashnikovs. ¿Dónde está cada una de los 100.000? 
PS.-2 Debo expresar una gran satisfacción por la llegada del oro a Venezuela, por lo menos lo que llegó se salvó, por los momentos. Donde ése oro se encontraba podría fácilmente desaparecer, en un santiamén, con solo un cheque. ¿Y ahora qué esperan para repatriar el resto del oro... y el petróleo?
El Universal

septiembre 12, 2002

De Andersen y otras cofradías

Lou Dobbs, en su programa de CNN, sostuvo que“No es posible, que porque algunos de los contadores de Andersen (caso Enron) hayan cometido algunos errores, se enjuicie a toda esa empresa, afectando la fuente de empleo de miles de personas…”. No sólo que es posible, sino que así debe ser. Durante décadas miles de profesionales de Andersen gozaron “las maduras”, por trabajar guapos y apoyados bajo el manto de esa reconocida “marca”, así que, lo justo es que ahora acepten “las verdes”, como lo hemos tenido que hacer tantos independientes, desprovistos de semejante armadura.
Hace dos años, en una junta directiva de una empresa industrial intervenida por el Estado, uno de los burócratas de Fogade nos informó, que en lo sucesivo, todos los avalúos y las valorizaciones de “empresa en marcha”, debían ser hechos por empresas vinculadas a las consultoras internacionales de renombre y no por profesionales venezolanos independientes, por muy buenos que fuesen. Obviamente que todos entendemos, que si se busca obtener el precio máximo por la venta de una empresa venezolana a un inversionista internacional, no hay duda de que tal meta se facilita si los avalúos son efectuados por una empresa con la que el inversionista se sienta identificado… no obstante, tengo que confesarles… que me provocó cachetear al pobre mensajero.
Durante los próximos años seguramente presenciaremos intensas discusiones mundiales sobre el tema de la liberación del comercio internacional en el campo de los servicios. Si nos descuidamos, corremos el riesgo de quedar amarados para siempre a la necesidad de pagar un peaje o vacuna por cualquier servicio que necesitemos, lo que, en esencia, sólo constituye una pobre versión globalizada de las cofradías o gremios medioevales.
Francamente no me gusta la idea de limitar el acceso a los servicios, pero si debo elegir entre decretar formalmente que “toda contabilidad de una empresa venezolana deba, hasta cierto grado, ser efectuada por un contador venezolano” o aceptar, de facto, que toda contabilidad tenga que ser efectuada por una de las grandes… yo me quedo con la primera alternativa… ya que, si me equivoco, siento que por lo menos es a favor de los míos.
Y de que son grandes, lo son, basta observar el listado de las 100 empresas contables más importantes de los Estados Unidos para el 2001, donde las cinco primeras (hoy cuatro) se llevaban el 87%, dejando sólo el 13% a las restantes 95… ¿donde está procompetencia en ese campo? 
Lo anterior nos debería hacer meditar acerca de la conveniencia de que en asuntos tan delicados, como la búsqueda de una evaluación objetiva del significado, que debería tener para Venezuela, el proceso de internacionalización de PDVSA, tratemos de evitar que las responsabilidades queden diluidas o amparadas bajo un velo corporativo y lejos de contratar con una neo-cofradía tipo Andersen, más bien busquemos profesionales, que con su propio nombre, apellido y residencia le respondan al país y a sus hijos por la transparencia de los resultados. 
El Universal


septiembre 09, 2002

Mea culpa

Mea culpa
QUE en la mitad de tu vida te corten las alas, pierdas tu empleo y tengas que ir a casa con la sospecha de que o consigues algo rápido o pronto estarás demasiado viejo... es algo horrible, aun en una cultura donde no esperan que vayas a lanzarte por un barranco, para evitar ser una carga para la sociedad, como lo hacían los vikingos.
No obstante, el que a un joven se le esté negando la posibilidad de usar por primera vez sus alas y no pueda alzar el vuelo en ese primer trabajo, que lo haría sentirse hombre, es más que horrible... ¡es criminal!... Como criminal ha sido la negligencia de nuestra sociedad al ignorar la necesidad de generar empleos... a como dé lugar.
En julio de 1997 escribía. 'La industria petrolera no es una gran generadora de empleo y además, por los ingresos que le produce al país, sostiene la paridad cambiaria alta, dificultando mantener la competitividad de las actividades económicas intensivas en mano de obra. Ahora bien, si sabemos esto ¿cómo es posible que seamos tan puritanamente neoliberales que aceptemos recetas tales como proteger nuestros parques públicos, mediante el cobro de derecho de acceso a los mismos, pero nos desmayamos ante la posibilidad de darle un poco de protección arancelaria a ese inmenso parque público, llamado la agricultura?'.
Hoy, cinco años más tarde, sólo nos resta constatar que el país siguió con la manía de querer estar en el 'Fashion Global Club', así fuese pagando una fortuna en pérdidas de empleo y, parafraseando a Groucho Marx, sin darnos cuenta que no nos convenía estar en un club que tanto nos deseaba como miembro.
Nuestra generación, la que recibió de todo, la capacitada por Funda Ayacucho, es la responsable de que el país esté a punto de perderse y NO EXISTEN EXCUSAS. Churchill, si resucitara, probablemente nos diría que nunca tantos, con tanto... hicieron tan poco por su país.
¿Qué podemos hacer para redimirnos ante la historia? ¡Muchísimo! ¡Gracias a Dios! Pero todo comienza por entender, que sólo en la unión puede estar la solución.
¿Cómo lograr esa unión? Como ya dije en algún artículo reciente: no limitándonos a ofrecerle al país una puerta de escape, un retorno a la mediocridad, sino buscando rescatar la capacidad de soñar, mostrándole una puerta de entrada a algo grande.
En un mundo donde está evidenciado que el recurso más escaso es el empleo, una buena meta sería que Venezuela le garantice alas a todos, viejos y jóvenes.

"Una puerta de entrada a algo grande"? 17 años después.



septiembre 04, 2002

Un pactico chiqitico

Creo que es infinitamente más productivo convencer a un país, relativamente sano, sobre lo que le conviene, que a un país que se encuentre delirante de fiebre. Es por ello que no entiendo por qué algunos dejan para mañana la aplicación de los remedios, que urgentemente necesitamos ¿será que tienen miedo a que el “enfermo” mejore? Entre las medicinas preoperatorias, que cualquier doctor recetaría para Venezuela, estarían las tres siguientes:
En cuanto al precio de la gasolina, debe buscarse su justa medida, ya que si bien no debemos regalarla, tampoco debemos irnos de bruces estableciendo impuestos adicionales al que más consuma, ya que ello no se justifica en un país energéticamente bendecido como el nuestro. De allí que el precio de la gasolina, siempre deba situarse en un nivel tal, que garantice cubrir los costos directos de su producción, para evitar así la transferencia de un subsidio del común de los venezolanos a los que compren más gasolina. 
Siempre he sostenido que la prestación de servicios públicos básicos, tales como luz y agua, pertenece a esas tareas no delegables, cuya ejecución forma parte del proceso de aprender a ser Nación. Hoy estamos a punto de tener que delegar tales tareas a extranjeros, no porque queramos, sino simplemente por cuanto ya casi no nos queda más remedio. Entonces, a sabiendas de que, por ejemplo en el sector eléctrico, el 90% de las dificultades de este sector podrían solucionarse de sólo lograr cobrar las tarifas actuales, es obvio que el remedio más urgente, sería justamente cobrarlas. Si como incentivo quieren bajar las tarifas un 20% para todo el mundo… perfecto… pero que las paguen TODOS… así sea a palo. Subir las tarifas un 20%, sólo para que menos consumidores las paguen, lo único que lograría sería empeorar aún más al enfermo.
Contrabando, siempre habrá… pero ese contrabando grande… descarado…de ilícitos aduaneros cometido en presencia de las autoridades…que nos desangra como país, sencillamente tiene que acabarse… sea como sea.
Ese es todo el récipe, MÁS NADA… pero si evalúan el impacto, que podrían tener estas medidas sobre la economía venezolana, si logran implementarse en un año, se darán cuenta de que Venezuela, gracias a Dios, tiene con qué salir de esta crisis con simple medidas de pulpero racional; a diferencia de otros países, que tienen que recurrir a la magia de las ciencias económicas ocultas.
El hecho es que cuando con un “pactico”, tan chiquitico como el propuesto, diseñado, ni para el gobierno, ni para la oposición, sino sólo para Venezuela, sabemos que podemos lograr tanto y, aún así, no somos capaces de celebrarlo, no nos queda más que avergonzarnos todos. 
Publicado en TalCual 4 de Septiembre de 2002