julio 30, 1998

De bolívares y tiempo compartido

La tantas veces mencionada Ley de Salvaguarda del Patrimonio Público impone controles sobre la venta o liquidación de los activos públicos. Es interesante notar que esta ley es completa y totalmente ignorada a la hora de la venta, día tras día, hora tras hora, de lo que debe ser clasificado como principales activos públicos del país, es decir, su reserva de dólares.
En este punto en el tiempo, dudo que haya un economista que, tras haber analizado la evolución de los precios relativos y las previsiones para los niveles de ingresos del país (básicamente petróleo), no considera que el Bolívar está sobrevaluado por una suma de al menos 20%. Eso significa que el dólar debería valer al menos Bs. 670.
¿Por qué, entonces, no nos devaluamos? No sé la respuesta correcta para esta pregunta, pero si usted me pide especular, probablemente diría que es debido a factores tales como la ignorancia o terquedad. Todavía me recuerdo cuando en 1982 solicite una modesta devaluación del bolívar con el fin de reflejar correctamente las circunstancias económicas y que se asemejan mucho las presentes. El absurdo argumento en contra de tal devaluación que recibi de profesionales de fama y la reputación, era que esto era imposible ya que pronto celebraríamos el bicentenario de nuestro Libertador Simón Bolívar en 1983, y que una devaluación era equivalente a denigrarlo.
Tales referencias a la deshonra de la memoria de Bolívar, me resultan muy confusas. Fui educado bajo la influencia de un sistema de economías competitivas para quienes los verdaderos héroes eran esas autoridades que lograron devaluar las monedas de sus países un poquito más que sus vecinos, y así promover su propio desarrollo económico, incluso si esto se producía a expensas de la de otros. Considero que es patriótico buscar generar oportunidades de empleo interno por la vía de aumentar las exportaciones y reducir al mínimo las importaciones.
Es posible que todavía tenemos los servidores públicos que equiparan un reajuste a la baja del tipo de cambio con la debilidad nacional y un reajuste hacia arriba con fuerza. Si estas personas han invertido una gran cantidad de sus egos en tal argumento, que Dios nos libre si encuentran que teóricamente podrían volver a los días de Bs. 4,30 / US $ al aumentar los requisitos de reservas bancarias y el aumento de las tasas de interés.
Uno de los argumentos más ridículos que surgen de este debate es que el gobierno no está promoviendo una devaluación fiscal debido a que con ello demuestra una gran seriedad en el manejo de las finanzas del país. Las devaluaciones son la consecuencia de la gestión fiscal irresponsable, no la causa de la misma.
La única verdad devaluación motivado fiscalmente que ocurre es que, debido a la falta de confianza en el futuro del país, el mercado decide pagar una prima exagerada de moneda extranjera. Podríamos llamar a esto un impuesto sobre el nerviosismo. Cuando analicemos la reciente historia venezolana, no hay duda de que nuestros gobiernos han sido muy eficientes en su recaudación de este impuesto. "El presupuesto no cuadra. Vamos a asustar a los mercados y obtener más bolívares por cada dólar ".
Lo menos que cabe esperar de un gobierno en sus últimos días es que no dejan una gran brecha en la valoración de nuestra moneda basada exclusivamente en artificios tales como tasas de interés desproporcionadamente altos o de la simple quema de las reservas internacionales. El trabajo del próximo gobierno, sea quien sea, será suficientemente complicado sin tener que hacer frente a este tipo de problema.
El uso de mini-devaluaciones fijos dentro de una banda es una política razonable cuando uno está tratando de manejar las expectativas del mercado sobre la inflación y la devaluación en el futuro. El uso del sistema de bandas y mini-devaluaciones para ocultar hechos que ya existen (inflación y la caída de los precios del petróleo) es un insulto a nuestro país y nuestra inteligencia.
Si, en vista de todos sus errores, el Gobierno realmente quiere hacer un acto de penitencia, le sugiero que vayan reduciendo con seriedad y eficiencia la nómina pública improductiva. Y digo con seriedad y eficiencia por cuanto nuestros gobernantes en el pasado han demostrado su destreza en la aplicación de las técnicas utilizadas por los vendedores de unidades de tiempo compartido. Estos vendedores normalmente aumentan el precio de venta de US $ 15,000 para luego generosamente premios posibles compradores con un descuento de US $ 12.000. Lo mismo suele ocurrir con nuestros políticos, primero incrementan la nómina pública, para luego proponer su reducción.
Por cierto, se está diciendo que aunque el gobierno no ha sido capaz de reducir la nómina, que al menos ha diseñado los planes de reestructuración que permitan el próximo gobierno para lograr este objetivo "con facilidad". Con esto creo que, en lo que se refiere a la desvergüenza, nuestros políticos superan por largo rato la de los vendedores de unidades de tiempo compartido.




julio 28, 1998

Privatizar servicios públicos: ¿un impuesto oculto?

A mis amigos, en broma y en serio, les comento sobre una reciente pesadilla en la cual el abuelo cariñosamente les regaló a sus nietas, mis hijas, unas acciones de la CANTV, con el resultado de que ellas, utilizando mi menguado flujo de caja, ahora se dedican durante todo el día a efectuar llamadas con la firme esperanza de cobrar un dividendo. El conflicto de interés al cual apunto, es decir, por un lado el consumidor de un servicio público que desea un servicio eficiente y barato y por el otro lado el inversionista que requiere un rendimiento, ha sido muy ignorado en Venezuela.
Cuando en 1991 se otorgaron las concesiones a las empresas de telefonía celular en Israel, el criterio de adjudicación consistía en seleccionar la empresa que ofrecía el mejor y mas barato servicio al consumidor. En Venezuela las ventas de empresas de servicios públicos o de concesiones similares se fundamentan en la maximización del ingreso del Estado, logrado mediante una especie de cobro de impuestos por adelantado, el cual será repagado por el consumidor año tras año por la vía de tarifas altas. Los resultados están a la vista, en Venezuela el costo por minuto de la telefonía celular supera en mas de diez veces el costo prevaleciente en Israel. 
No hay razón para oponerse a que el Estado, por vía de la privatización, transfiera al sector privado la responsabilidad relativa a la prestación de un servicio público. No obstante, cuando la anterior transferencia se efectúa para enriquecer al Estado, al maximizar el precio de venta, nos enfrentamos a una nueva y extraña versión de un neoliberalismo tropical, inventado no para servir las necesidades de los ciudadanos, sino para satisfacer los inagotables requerimientos de ingresos de un sector político estatal. 
Hoy, como consecuencia de la venta de CANTV, estamos cancelando mensualmente altos impuestos al pagar tarifas telefónicas superiores a las necesarias de no existir los políticos o el fisco demostrado tanta avaricia en el momento de la privatización. Para colmo, nuestros pagos ni siquiera aparecen registrados como impuestos que son, permitiéndole así a los políticos seguir sosteniendo la absurda tesis de que Venezuela es un país con una baja presión tributaria.
En estos momentos se acaba de anunciar la próxima privatización del Sistema Eléctrico de Margarita (SENE). Entre los anuncios se menciona un incremento de tarifa del 20% para 1999 y una "tarifa especial" para los temporadistas. Por cuanto soy temporadista y sospecho que una "tarifa especial" no se trata de algo bueno sino de algo muy costoso (los políticos han aprendido mucho de los vendedores de tiempo compartido), protesto este nuevo impuesto.
Supuestamente el 29 de este mes anunciarán el Precio Base del SENE, precio mínimo al cual habrán de otorgar la concesión eléctrica de Margarita por 50 años. A los que tienen un interés en Margarita les conviene recordar que por cada dólar que indique tal precio habrá por parte del inversionista la exigencia de un rendimiento y para el usuario la consecuencia de una mayor tarifa. La relación es muy sencilla. Si suponemos que no se hubiese incluido la promesa de un aumento del 20% para 1998 es muy posible que un inversionista pudiese seguir interesado en acometer las inversiones necesarias para que Margarita tenga un buen servicio de luz pero por supuesto tendría que ofrecer un menor precio al Estado.
Alguien puede protestar que el Estado no tiene derecho de vender estos activos por nada. No estoy seguro. La verdad es que los activos eléctricos de Margarita fueron financiados por los ingresos del Estado (principalmente los petroleros) por voluntad propia del Estado y como resultado de la gestión política de distribución de ingresos que se había aceptado. En estos momentos en que el Estado de hecho se esta librando de la responsabilidad de darle servicio eléctrico a Margarita, el que además trate de cobrar por esto me parece mas que exagerado.
Es mas, para el caso de Margarita, antes de que la Isla acepte que el Estado se desentienda de su futuro eléctrico (lo cual de todas formas le habrá de convenir a la Isla) debería exigirle a éste que asuma la responsabilidad de construir un nuevo cable submarino para así asegurar que la Isla también pueda usar energía hidroeléctrica a un precio razonable, tal como se le permite a lugares mas distantes como el Zulia o se le quiere permitir a Brasil.
Muchos de los problemas aquí mencionados surgen de haber encargado de las privatizaciones de los servicios públicos a un ente como el Fondo de Inversiones de Venezuela cuyo objetivo natural debe ser el de maximizar los ingresos. Lástima que el FIV termine logrando sus objetivos en los casos equivocados.
Finalmente desearía comentar sobre la incomoda situación en que se ha colocado el Estado cuando por un lado existe la obligación política de ofrecer tarifas razonables a los electores y por el otro se ha dejado rastros de publicidad que han pregonado a los cuatro vientos (no necesariamente con permiso de la Comisión Nacional de Valores) las inmensas bondades de estas inversiones. De ser cierto el dicho "música paga no suena" o lo que es igual, "impuesto cobrado y gastado no rinde", no le auguro las mejores posibilidades a los inversionistas.
Para evitar cualquier malentendido debo precisar que estos comentarios se refieren a la privatización de empresas proveedoras de servicios públicos. Para el caso de empresas como Sidor, es lógico que el Estado haya buscado maximizar sus ingresos.


Originalmente en el Daily Journal 19 de Junio de 1997





julio 14, 1998

Whakapahone

Recuerdo hace pocos años haber leído sobre la forma en que los Maories de Nueva Zelandia expresan su protesta; mediante un rito al que denominan Whakapohane y que simplemente consiste en mostrarle, a la persona objeto de la protesta, el trasero desnudo.
Sin indagar más de cerca sobre dicha tradición, debo expresar el que no obstante lo primitivo de ella como también lo probablemente muy feo del espectáculo, me parece que refleja un método civilizado y eficiente de protesta. Civilizado por cuanto no le hace daño a nadie (excepto aquellos que puedan tener un sentido estético muy desarrollado) y eficiente por cuanto lograr concentrar en un solo acto y gesto todo el sentido que le podemos atribuir a una verdadera sanción social.
No hay dudas que a veces y ante la frustración de no encontrar una forma de expresar una vehemente protesta ante las estupideces, inocentadas y criminalidades que diariamente vemos afectan negativamente a nuestro país, la posibilidad de conformar un grupo de ciudadanos, padres de familia, profesionales, encorbatados y salir a Whakapohanear a sinvergüenzas, provoca.
Lo que verdaderamente se ha logrado demostrar en Venezuela durante las últimas décadas es la absoluta incapacidad gubernamental para manejar recursos. A quién entonces, como el Fondo Monetario Internacional, viene a predicarnos que la solución de Venezuela está en darle más recursos (vía impuestos y como si el darles los ingresos petroleros no es un impuesto) claramente se deberían merecer una Whakapohaneada de la sociedad.
Las licencias bancarias se otorgan para que estos entes participen activamente en fomentar el crecimiento económico del país. No para que simplemente devuelvan el dinero ya que a tal fin debe ser mas eficiente comprar un colchón y guardarlo en una bóveda. A quienes entonces todavía siguen en forma puritana solo dedicados a ver como aprietan las tuercas de la solvencia financiera y sin importarles la verdadera función de la banca; se tienen que merecer una Whakapohaneada.
A aquellos gobernantes que conocen de los daños que sobre una economía pueden causar los capitales golondrina, y que saben de la existencia en otros países de buenas legislaciones que limitan estos daños, y no se toman las 48 horas para copiar e implementar dichas leyes; no hay dudas que merecen una Whakapohaneada.
A aquellos petroleros que no han logrado ver ni advertir al país sobre los riesgos de las caídas en los precios petroleros; que predican la conquista de mercados pero ante cualquier movimiento adverso salen llorando a refugiarse tras las faldas de cuotas y que invierten recursos que le son escasos en proyectos de tan poca significancia como el de elevar la capacidad de las gasolineras para vender chucherías, no hay duda que hay que brindarles una gran Whakapohaneada.
A aquellos ilustres representantes del sector privado que aplaudían como genial la privatización de CANTV sin darse cuenta que todo era un truco por parte del fisco para cobrarse unos impuestos por adelantado y los que ahora nos toca pagar vía unas tarifas exageradas, le sale una buena Whakapohaneada.
A aquellos defensores a ultranza de la apertura económica y que no logran entender que en un mundo globalizado cada país, a la hora chiquita tiene que defenderse por si sola y garantizar un cierto empleo interno; hay que Whakapohaneadar con urgencia.
A todo el sistema político económico sustentado sobre una centralización de ingresos y descentralización de parcelas de intereses; que por el daño que le han hecho al país deberían ser considerados traidores; y que siguen sin lograr proveer una solución real habría que (en el aeropuerto de la Carlota) suministrarles la Madre de todas las Whakapohaneadas.
La posibilidad de introducir en el esquema político venezolano una ancestral costumbre aborigen de Nueva Zelandia no debe ser descartada a la ligera.
En estos días en que oímos sobre el posible regreso al país de unas de las personas mas claramente cuestionadas, y por cuanto todos los plazos legales han prescrito; solo les ruego imaginar el efecto si existiese la posibilidad de que una pequeña delegación de los notables pudiesen bajar a Maiquetía para dar un recibimiento que incluya una mini Whakapohaneada.
Whakapohaneadores del mundo, unámonos. Las alternativas son peores.

No se cuándo, pero algunos ejecutaron el concepto original

Daily Journal, 2 de Julio de 1998



mayo 20, 1998

Renta buena, renta mala

El pobre uso dado históricamente a los ingresos petroleros, así como los planes de elevar la producción de petróleo a seis millones de barriles diarios, hacen evidente la urgencia de disponer de un modelo económico razonable. En estos momentos de angustia nacional, cuando la única salida suena demasiado a “Fondo Monetario, sudor y lágrimas”, debe haber lugar para lanzar con entusiasmo un modelo que despierte y aliente esperanzas, que desarrolle criterios de exigencia en cuanto a calidad de resultados y, por sobre todas las cosas, que enseñe Venezuela a vivir agradecida, orgullosa y sin pena de una renta administrada responsablemente. 
¿De dónde habrá surgido la extraña noción de que ser rentista tiene una connotación peyorativa cuando toda la humanidad lucha para convertirse en rentista? Lo malo está en ser malos rentistas. Para Venezuela, el petróleo es una bendición y, como tal, debemos permitir que nos bendiga. Si en el pasado nos hemos visto en la necesidad de referirnos a él como “el excremento del diablo”, por la mala aplicación y administración de la renta, conviene recordar que los males no están necesariamente en el excremento sino, en todo caso, en quien los deposita. 
PD. Leo en la prensa (El Nacional, 30 de noviembre de 1997) las siguientes declaraciones del ilustre doctor Arturo Uslar Pietri: “No hemos crecido como país productor de riqueza sino como país rentista. No hay otro problema mayor y más amenazante en el futuro de Venezuela”. Además, el doctor Uslar advierte que a mediados del siglo próximo es posible que “… el hidrógeno (…) reemplace al petróleo”. 
Por supuesto, no dudo de sus nobles intenciones, pero difiero absolutamente de el. El momento no es para abandonar el modelo rentista sino, todo lo contrario, para exigir la adopción de un modelo rentista exitoso. 
Una convocatoria para celebrar el “Día Nacional del Ingreso Petrolero”, que se inicie con una misa para agradecer a la Providencia (donde el evangelio sobre la parábola de los talentos sería una apropiada fuente de inspiración para el sermón), que siga con emotivos discursos de nuestros principales líderes (incluido el doctor Uslar) sobre la responsabilidad moral que significa una renta y que finalice con una estimulante presentación sobre el verdadero potencial del país, tendría un impacto mayor, en cuanto a la presión necesaria para corregir el rumbo de Venezuela, que los llamados derrotistas y a que ignoremos la renta. 
Per Kurowski E. 
Extracto de un artículo escrito para Debates-IESA.



abril 03, 1998

Impuestos: ¿Deber o Traición?

Es la época del impuesto sobre la renta y acabo de cumplir con mi deber de ciudadano. Debo reconocer que comparado con lo que hubiese tenido que pagar en otras latitudes probablemente el ejercicio no me salio muy costoso. ¿Porqué no me siento satisfecho? ¿Será porqué me corroe una sospecha, ya con vicios de certidumbre, que de no haber pagado el impuesto mi país pudiese estar mejor?
El mismo día de mi declaración, justo al terminar de llenar mi planilla, leí en la prensa sobre la participación fiscal de PDVSA para 1997, equivalente a 4,87 de todos los bolívares del mundo y que, al recurrir a la calculadora, básicamente se traduce en 200.000 Bolívares por cada venezolano, rico o pobre, joven o viejo.
Me imagino que en el mundo internacional de las cargas fiscales, los 200.000 Bolívares y que equivalen a un monto cercano a los 400 dólares por año, no llegarían a ocupar una posición prominente pero, si lo expresamos en términos de algunos servicios públicos prestados, las cifras resultan abrumadoras.
Cada jubilado venezolano de aquellos a los que cariñosamente se denominan los viejitos, está supuesto a recibir 50.000 Bolívares mensuales. Usando la tecnología provista por la contabilidad moderna, la re-expresión, podemos entonces afirmar que cada venezolano, rico o pobre, joven o viejo contribuye al fisco, vía la cesión de sus ingresos petroleros, una cantidad equivalente a 4 meses de jubilaciones. Con esta cifras probablemente tendríamos derecho a aspirar, como contribuyentes, a un lugar en el Guiness Book de Records.
Y todo esto antes de incluir el impuesto a las ventas y cuyo monto no puede ser discriminado en el precio de venta del producto y para así tratar de ocultarle al contribuyente la realidad del tributo. Si a causa de mala conciencia o vagabundería que lo discutan otros.
Y todo esto antes de incluir los demás impuestos ocultos tales como las altas tarifas telefónicas que pagamos, a cuenta de que el fisco, para levantar nuevos recursos, venda cara las concesiones. Ya las autoridades (Conatel) anunciaron que para la próxima licitación de una concesión de teléfonos celulares "no hay que repetir el error de venderlo muy barato, en detrimento de los intereses del Estado y hay que cobrar mas de US$ 100 millones". Por supuesto que los 100 millones tendrán que ser repagados al inversionista por los usuarios, vía una tarifa más alta. Por supuesto nadie consideró el interés y el derecho del ciudadano de poder comunicarse de forma económica. Cualquier día de estos anuncian una concesión de aire puro.
Y todo esto antes de incluir los impuestos ocultos presentes en la prestación de unos pésimos servicio públicos.
Y todo esto antes de incluir las inmensas contribuciones que le hacen al fisco los médicos, profesores, maestros y demás profesionales que si trabajan y cumplen con sus deberes, percibiendo un ingreso menor al que les podría corresponder.
Y todo esto antes de los Impuestos sobre Activos Empresariales donde aún empresas que pierden deben pagar.
Y todo esto antes de los impuestos que hay que pagar sobre las ganancias derivadas de una revaluación teórica de los activos, pero donde según las últimas nuevas del Seniat, las pérdidas históricas sufridas, para fines de su compensación, no pueden ser re-calculadas a fines de considerar verdadero valor actual.
Y todo esto antes de considerar los impuestos astronómicos cobrados vía la seguidilla de devaluaciones y cuyo impacto queda evidenciado al establecer que nunca, antes o después de Colón, el sector público haya sido tan grande en relación al sector privado. La esencia de un modelo neoliberal es la reducción de la influencia del sector público. La interpretación tropicalizada que nuestros gobernantes le han dado a dicho modelo, les ha permitido justificar la venta de todo lo que ya paso la vida útil para ellos, sólo les causa problemas o peor aún requiere de inversiones. Daría la impresión que el sueño que en un horizonte visualizan, es quedarse con todos los ingresos fiscales pero sin ninguna de las correspondientes obligaciones.
Y toda ésta serie de inagotables contribuciones fiscales, voluntarias e involuntarias, abiertas o ocultas, son justificadas bajo la amenaza de que si no, viene el déficit fiscal, viene la inflación, y con estos dos viene el lobo. Señores, la inflación lleva años y hace tiempo que el lobo vino. Me parece que resultó ser el mismo fisco.
El problema de Venezuela no se encuentra por el lado de la contribución fiscal. El problema de Venezuela se ubica con una claridad cristalina por el lado del gasto fiscal. Es en tal sentido que presiento que, habiendo pagado mi planilla de impuestos, de verdad le pueda haber hecho un daño a mi país. Como alguien dándole drogas a un drogadicto. Como alguien dándole licor a un alcohólico.
La intención de estas notas no son la de satisfacer una simple curiosidad intelectual. La próxima vez que vean un niño sucio y hambriento abandonado en la calle y sin esperanzas, recuerden que el también le entrego al Estado de Venezuela, en 1997, 200.000 Bolivares.

Traducido del Daily Journal



diciembre 13, 1997

Sabas Nieves

Sabas Nieves es uno de los senderos más populares del Ávila. En los últimos años, también ha sido objeto de frecuentes controversias, principalmente relacionadas con la forma de hacer un uso correcto de él sin causar un dolor indebido a los habitantes de la zona.

 Soy un visitante frecuente de Sabas Nieves; durante ciertos períodos me he vuelto casi adicto. Habiendo hecho evidente ahora el origen de la probable naturaleza subjetiva de mis comentarios, me abstendré de excusarme.

 

El ambiente entre vecinos y escaladores se ha desbordado con frecuencia. Recientemente ha llegado al punto en que los vecinos estuvieron cerca de poner barreras para limitar el acceso a la zona. Además, habiéndose tomado muy en serio la aplicación de modelos teóricos que exigían la imposición de tarifas por parte del Estado para todo tipo de servicios públicos y derechos de acceso, casi empezaron a cobrar peajes.

 

Una protesta sólida de los usuarios de los senderos, basada básicamente en la realidad amenazante de los números (es decir, los votos), le dio a los vecinos una derrota inicial. Lamiendo sus heridas, tuvieron que retirarse a sus guaridas e intentar idear nuevas estrategias.

 

Habiendo hecho eso, ahora han renovado su ataque. En esta ocasión, han desarrollado un plan mediante el cual ofrecen a los montañistas la alternativa de estacionar sus vehículos debajo de la Plaza Francia (todavía Altamira para algunos de nosotros veteranos) y ser transportados en modernos y cómodos autobuses hasta la base del montaña, disfrutando de videos ecológicos y esperando cantar alegres alabanzas sobre las ventajas de una solución tan generosa. Pero, he aquí, el costo inicial de esta solución se estima en el orden de Bs. ¡¡20 millones!!

 

Los montañeros, en cambio, habiendo descubierto que hay recursos a mano para una “solución”, analizan actualmente la posibilidad de solicitar la expropiación de la propiedad de algunos de los vecinos para ampliar el aparcamiento en la entrada de Sabas. Nieves.

 

Evidentemente, entre los usuarios de los senderos, hay todo tipo de personas poco educadas, irrespetuosas que crean todo tipo de dolor a los vecinos. Sin embargo, hay criaturas desvergonzadas presentes en todo tipo de asociaciones, en las mejores familias e incluso entre los vecinos de Sabas Nieves.

 

La solución a este tipo de problemas debería normalmente desarrollarse en un entorno de mejor educación y con la creación de presiones sociales que, a través de un sistema de castigo y estímulo, generen medidas correctivas. El tipo de solución que está dando la sociedad venezolana en el caso de Sabas Nieves, es decir, arrojar dinero a todo lo que se mueve, debe ser rechazada total y absolutamente si queremos tener alguna posibilidad de empujar al país hacia un futuro mejor.

 

En la montaña, hay carteles que indican que está prohibido transitar por los senderos sin camisa y otras prendas adecuadas. En lo que a la camiseta se refiere, esta regulación parece evidente ya que reduce la posibilidad de que algún co-montañista jadeante te frote el sudor. También es estéticamente más apacible en muchos casos.

 

Muchos compañeros de montañismo ignoran estas prohibiciones y no visten camisetas. En una muestra de solidaridad equivocada, la mayoría de nosotros no protestamos con la suficiente vehemencia. Estoy seguro de que si los venezolanos en general comenzamos a exigir un mejor comportamiento de nuestros hermanos, encontraremos soluciones inmediatas a muchos de nuestros males. Entre ellos, los enconados en Sabas Nieves.

 

Montañeros y Amigos, nos conviene evitar que otros compañeros aparquen mal y molesten a los vecinos de Sabas Nieves. Quizás, entonces, los vecinos de Sabas Nieves puedan a su vez evitar que unos pocos vecinos exagerados y demasiado sensibilizados promuevan soluciones extremas. Quizás entonces, los copeyanos, masistas y otras criaturas similares evitarán y censurarán los actos de corrupción de adecos, copeyanos, masistas y otras criaturas similares.

 

Mientras tanto, ahorren los autobuses. Cuando subo el Ávila por Sabas Nieves a primera hora de la mañana, lo hago un poco por el ejercicio físico y sobre todo por la tranquilidad espiritual que me ofrece, que a su vez me ayuda a superar los ajetreos diarios de una gran ciudad. ¡Bajo ninguna circunstancia voy a sufrir la tortura de un autobús ecológico con un conductor suicida que va de Altamira a Sabas Nieves… con viaje de regreso!


Publicado en el Daily Journal



diciembre 04, 1997

Encerrando la manada

Con frecuencia hemos visto ejemplos de cómo las economías que permiten una libertad total para los flujos de inversión extranjera, especialmente aquellas que son en esencia inversiones a corto plazo, a menudo deben enfrentar más dificultades que aquellas que imponen ciertas restricciones.
Como sucede con muchas cosas en la vida, los problemas a menudo tienen su origen en la exageración. Es posible que, por un lado, la confianza y la magnitud de los flujos resultantes lleguen a ser tan grandes que realmente puedan ocultar problemas o disminuir la presión ejercida sobre las autoridades locales para que tomen medidas correctivas. Por otro lado, puede establecerse un pánico masivo absoluto, creando el medio para el tipo de accidentes que normalmente se atribuyen a tal respuesta (por ejemplo, la debacle mexicana y el resultante “Efecto Tequila”).
Dado que en la mayoría de los casos es muy difícil identificar un evento especial como la guerra, los terremotos o la muerte súbita de un líder importante como el detonante de un cambio de sentimiento, y como supuestamente vivimos en un mundo de información virtual y perfecta, ¿Cuál podría ser el posible origen de las reacciones excesivamente exageradas de los administradores de fondos?
Sobre todo, sospecho que la montaña rusa financiera a la que nos vemos sometidos tiene su origen en la búsqueda tradicional del tipo de seguridad que se suele encontrar en los rebaños. Este instinto predomina en la mayoría de las decisiones. Me refiero específicamente a la actitud "no importa si las cosas van bien o no, siempre que esté en buena compañía".
Como ejemplo, puedo remontarme al período inmediatamente posterior a que Venezuela abandonara la estabilidad cambiaria (febrero de 1983). Observé con sorpresa cómo los tesoreros de las grandes empresas multinacionales firmaban alegremente contratos que aseguraban los tipos de cambio futuros a costos tan increíbles que parecían francamente irracionales. La prima pagada superó fácilmente las posibles pérdidas cambiarias que causarían devaluaciones razonablemente predecibles.
Cuando intentaba llegar al fondo de esta locura (con frecuencia ayudaba en mi investigación ofreciendo un trago de whisky), recibía invariablemente la siguiente explicación: “En realidad, tenemos dos registros contables. En el primero registramos las ganancias o pérdidas de cambio per se. En el segundo registramos el costo de las primas de seguros para cubrir los riesgos cambiarios. Nuestra oficina central se ha vuelto tan sensible al riesgo cambiario que no combina ambas cuentas para analizar los resultados netos totales. Por el contrario, aunque le ahorre una fortuna a la empresa al no contratar esta cobertura, pero incurro en pérdidas cambiarias de hasta un centavo, me entregarían mi boleta rosa en un santiamén ”.
Entonces, ¿a qué apunta esta observación? Simplemente que incluso cuando un individuo o empresa es perfectamente amigable, capaz y básicamente digno de una invitación para invertir en nuestro país, si su inclinación como administrador de fondos es seguir la manada en estampida, la nación simplemente no puede permitirse el lujo de permitirle y su empresa para entrar.
En este sentido, debemos preguntarnos por qué nuestras autoridades monetarias no han logrado desarrollar un conjunto coherente de regulaciones para limitar la entrada de inversión internacional cuando obviamente se pretende que sea por períodos de tiempo irracionalmente cortos, en montos extremadamente grandes, o ambos. en lugar de perder tiempo y dinero intercambiando bonos y reestructurando deuda que vence en 20 años.
Países como Chile, que se han ganado la confianza de los mercados internacionales, limitan la entrada de inversiones a corto plazo. Definitivamente, esta limitación no ha provocado daños. Por el contrario, ha contribuido a aumentar la confianza de los inversores extranjeros a quienes el país realmente desea atraer. No son los que vienen con visa de 30 días, sino los que vienen a invertir a largo plazo.
Es importante recordar que cuando un inversionista extranjero arriesga sus fondos en un país a largo plazo, instalando fábricas, desarrollando proyectos, creando empleo y en general adquiriendo una presencia real en el país, su interés por el futuro del país se vuelve mucho más sincero y similar al de la propia población de la nación. Mucho más que el interés de algún administrador de fondos sentado en Nueva York o Londres.
Publicado en el Daily Journal
Cuando hablamos de ganarnos la confianza de los inversores extranjeros, debemos aprender a discriminar entre ellos.

noviembre 28, 1997

Venezuela y Colombia hoy

Hace dos semanas asistí a una conferencia identificada como Venezuela y Colombia en el nuevo milenio. Este evento contó con el patrocinio de la Fundación Pensamiento y Acción, la Fundación Rómulo Betancourt y el IESA. También contó con el apoyo de la Corporación Andina de Fomento (CAF) y el Banco Mercantil.
El evento fue excelente, habiendo logrado imponer un ambiente estrictamente académico a pesar de un tema sumamente delicado. Había un respeto absoluto por ideas y sentimientos diferentes y contradictorios. Dado que el evento permitió momentos de reflexión y pensamiento, me gustaría compartir una preocupación personal.
En los últimos años, el comercio entre los dos países ha crecido drásticamente en términos nominales. Como resultado de esto, parece que se ha popularizado la idea de que ahora existe un proceso irreversible de integración liderado por mercados, empresas y consumidores. Además, este proceso parece estar ocurriendo a espaldas del sector político.
Esta idea es algo peligrosa. Especialmente si se tiene en cuenta que una parte sustancial del comercio que hemos observado en los últimos años se basa en premisas falsas y en factores que no son sostenibles a largo plazo. Entre estos podemos observar los siguientes:
La explosión de los volúmenes intercambiados entre los dos países se originó a principios de la década de los ochenta, en momentos en que Venezuela entraba en su fase de “empobrecimiento”. Ante esto, a excepción de cierta actividad comercial estrictamente unilateral de carácter básicamente local y fronterizo, Venezuela negoció a su voluntad, necesidad o extravagancia con los centros comerciales más sofisticados del mundo. Colombia prácticamente no tenía posibilidades de participar en el mercado venezolano.
Al mismo tiempo, los ingresos petroleros de Venezuela hicieron que el país mantuviera una moneda extraordinariamente fuerte que hizo prácticamente imposible alcanzar niveles de competitividad que hubieran permitido a la comunidad empresarial del país incursionar en el mercado colombiano. Evidentemente, no existía ningún incentivo para exportar cuando se requería que el país mantuviera una política de aranceles altos y cuotas de importación para proteger los mercados locales.
En los últimos años, la introducción de medidas económicas artificiales ayudó a alimentar este espejismo de aumento del comercio. Entre estas medidas, una de las más importantes fue la aparición de los subsidios cambiarios que ofrecía la industria venezolana con el fin de facilitar la importación de materia prima e incluso de productos terminados. Esto evidentemente generó una “exportación de subsidios” tanto en el mercado formal como en el informal. También es importante señalar que frente a barreras como los controles de cambio de varios tipos, el comercio naturalmente gravitó hacia países que pertenecían al acuerdo de compensación de ALADI, incluido por supuesto, Colombia. Esto también estimuló artificialmente las importaciones venezolanas de estos países.
También albergo la sospecha de que los flujos comerciales, incluso cuando se expresan en moneda fuerte y aparentemente favorables a Venezuela, esconden problemas que deberían ser analizados más de cerca. Entre estos problemas, vistos (quizás subjetivamente) desde la perspectiva venezolana, podemos encontrar los siguientes: ¿Es equitativa la generación de empleo que produce este comercio? ¿Venezuela exporta productos básicos a Colombia para los que el país siempre ha tenido mercados disponibles? ¿Colombia se ve favorecida por este intercambio, accediendo a un mercado de exportación de productos que realmente no son competitivos en otros lugares?
Ciertamente no estoy criticando el aumento del comercio entre Venezuela y Colombia. Estoy totalmente de acuerdo. Sin embargo, estoy convencido de que el comercio comercial entre Colombia y Venezuela por sí solo no constituye una base suficientemente sólida para apoyar la integración. Más especialmente cuando, como todos los venezolanos desean, el país logra salir de su actual estado de pobreza y como consecuencia altera totalmente su gestión de los flujos comerciales.
Definitivamente no debemos paralizar esta integración, pero debemos promover bases nuevas y sólidas que puedan sustentarla. Por ejemplo, es de suma importancia para cualquier integración beneficiosa entre los dos países llegar a acuerdos sobre el manejo de las cuencas hidrológicas y cuencas hidrográficas que garanticen el suministro de agua potable a las futuras generaciones de Colombo-Venezolanas.
Publicado en Daily Journal


noviembre 20, 1997

RECADI vuelve al ataque

En un pais donde el Gobierno con orgullo se atreve a publicitar en 1997 la terminacion de unas obras viales inciadas en 1973, los resultados tardios de las gestiones administrativo - legales no deberian sorprender. No obstante sorprendidos estamos al notar la reciente circulación en Caracas de citaciones, solicitudes de reintegros, imposición de multas, declaratorias sin lugar de recursos y demas hierbas aromáticas; todas estas relacionadas con Recadi. Si Señor: Con Recadi - No con OTAC - Con Recadi!.
Para mis lectores jóvenes que pudiesen estar bajo la equivocada impresión de que las loqueteras de los sistemas de controles cambiarios se originaron exclusivamente durante este Gobierno les recuerdo que a principios de los ochenta se implemento un sistema de controles, como respuesta confusa a una nueva realidad cambiaria donde se descubrió la devaluación del bolívar y que se conoció como Recadi.
El sistema Recadi, vía la emisión de señales económicas equivocadas, la estimulación de importaciones totalmente innecesarias y el uso corrupto de los beneficios cambiarios que se ofrecían, se constituyo en el experimento económico mas costoso de la historia venezolana. Todas las perdidas acumuladas de la reciente crisis bancario (y que estimo en unos US$ 9.000 millones ver nota) no suman un monto ni cercano al costo total producido por Recadi. Fue solo el hecho de que el costo de Recadi se incurrió sobre un periodo de varios años diluyendo su efecto que lo hizo menos visible, como desastre, que la crisis de bancos.
Aun cuando existió una cierta oposición, la inherencia casi absoluta que tenia el sistema Recadi en la economía nacional, resulto en la creación de una especie de sociedad de cómplices que hacia muy difícil tanto corregir como castigar los abusos que se cometieron. Todavía recordamos la sorna implícita en los comentarios relativos al chinito de Recadi, único personaje y que como excepción que comprueba la regla, sufrió un castigo judicial.
Recadi, como cualquier proceso burocrático gubernamental, requería para su funcionamiento de una amplísima documentación y lo cual le imponía exigencias administrativas poco usuales a una industria y un comercio en verdad poco acostumbrados a mantener relaciones con organismos oficiales de cierto nivel. Como co-ejecutor del sistema de Recadi el gobierno contrata ademas a la banca nacional y la cual bastante a regañadientes debe durante varios años dedicarse a papelear documentación y emitir fianzas por compromisos incomprensibles.
Cuando al fin Recadi desaparece el alivio es total. Como reacción normal los involucrados comienzan un proceso involuntario de archivar, guardar por ahi, esconder y perder todo tipo de documentación que pudiese recordarles tan nefasto capitulo. Asimismo surgen nuevos actores. O generaciones nuevas que nunca vivieron a Recadi (50% del país) o extranjeros inversionistas - banqueros pero que todos tienen algo en común. Ven una carpeta tipo Recadi, la observan, la definen como el producto de una loquetera histórica y con la eficiencia, energía y arrogancia propia del recién llegado, la mandan a botar.
Es al día siguiente que; del Banco Central de Venezuela; del Ministerio de Hacienda; de los bancos fiadores y; de las distintas Cortes Administrativas le empieza llover los escritos. 
"La Corte xxx en relación al recurso interpuesto ... declara SIN LUGAR el recurso contencioso administrativo interpuesto por yyy contra la decisión dictada por la Comisión de Registro de la Deuda Externa Privada mediante resolución de Febrero de 1985". 
"Tenemos el agrado de dirigirnos a Usted con el fin de notificarles que el BCV nos ha solicitado el reintegro de xxxx dólares en adelantos por las siguientes importaciones y por las cuales sostienen que no se consigno oportunamente la documentación que justificaba dichos adelantos"
Las preguntas que nos quedan a todos son varias ¿Que extraña fuerza de energía logra potenciar la reactivación casi fantasmagórica de lo que para todos los fines se había considerado unos expedientes muerto? ¿Es esto la nueva Venezuela donde la Justicia llega tarde pero llega? ¿Sera esto un te espero en la bajadita? ¿Sera esto el resultado de una nueva aplicación de la privatización de negocios oficiales?
Por lo menos algunas conclusiones parecen claras: !Guarde hasta el recibo del peaje! !Cuidado OTAC viene por ahi; si no este siglo, seguro el proximo!
Nota: Los 9.000 millones de dólares estimados como costo de la crisis bancaria es el resultado de sumar a.) 2.000 millones derivados de una mala administración de los bancos, b.) 3.000 millones en perdidas de cartera de cartera e inversiones resultante de una política monetaria anormalmente severa con tasa de intereses reales superiores a 20% y c.) y 4.000 millones de dólares de costo producto de la ineficiente administración de la crisis por parte de las autoridades.
Traducido del Daily Journal


noviembre 13, 1997

Reestructuración de PDVSA - algunas dudas

Para un venezolano común le puede resultar de mayor consecuencia real la eficiencia de la industria petrolera que la eficiencia del mismo gobierno. Considerando el alboroto nacional que generaria la busqueda de una reforma constitucional o una sencilla reforma electoral, resulta sorprendente la facilidad con la cual se ha logrado vender al pais, el plan de reorganizacion de PDVSA. 

Ante todos los problemas que presenta el pais actual creo que la mayoría de sus ciudadanos, por lo menos aquellos que no desean o pueden contemplar la opcion migratoria, han fijado todas sus esperanzas en la existencia, a la vuelta de la esquina, de una industria petrolera buoyante, productora de mas de 6 milllones de barriles diarios. Es posible que lo anterior les impida, so pena de entrar en el mas profundo estado depresivo, ni cuestionar ni mucho menos contemplar la posibilidad de que todo no este como debe estar en nuestra industria petrolera. 
Yo tambien espero mucho de la industria petrolera pero estoy seguro de que por cuanto "el ojo del amo engorda el ganado" todo venezolano tiene una clara responsabilidad de vigilar, emitir opiniones y en todo sentido hacer lo que este a su alcanze para evitar que por culpa de faltar un control efectivo se desvirtue su funcionamiento. Sin el debido control y de permitirsele a una meritocracia interna por meritoria que esta sea, el siempre hacer de las suyas, no guardo la menor duda de que una organización tan rica como PDVSA, dedicada a una actividad tan extraordinariamente generosa, que permite vender en 20 dolares un producto que tiene un costo de produccion de 5 dolares, se encuentra "condenada" a la degeneración. 
En tal sentido deseo expresar ciertas reservas sobre el plan de restructuración que recientemente se le ha comunicado al pais. El Plan segun tengo entendido, se fundamenta en sustituir la organización actual representada por las empresas Lagoven, Maraven y Corpoven y que cumplian todas las funciones propias de una operadora, por unas empresas funcionales especializadas y donde se destaca la de exploración y producción, la de manufactura y comercialización y la de servicios. 
Puede que haya pecado por inocente pero siempre tuve la impresión que el haber mantenido la industria petrolera venezolana dividida en tres empresas operadoras le suministraba al pais una herramienta de control al promover una cierta competencia, permitir establecer algunas bases de comparacion y finalmente mantener distintos equipos de profesionales especializados y que de una forma u otra pudiesen vigilarse entre si. 
No obstante que nunca fui tan inocente como para creer que el control anterior fuese perfecto y que por supuesto el esquema significaba una cierta duplicación de costos, la solución me resultaba un compromiso bastante satisfactorio y muy especialmente al compararla con las alternativas de politizar la empresa u otorgarle una independencia total (prendiendo velitas al santo correspondiente). 
Como elementos que justifican el nuevo Plan organizativo hemos oido; a.) estimaciones de ahorros y que en un plazo corto fueron creciendo de 1.000 a los 2.000 millones de dólares anuales; b.) que esto obedece a la necesidad de elevar la cuota de participación venezolana en el mercado mundial y c.) que esto simplemente responde a tendencias organizacionales propias de la industria. 
Los argumentos no me convencen de todo. Claro que pueden haber ahorros pero, si fuese posible lograr un ahorro de 1.000 a 2.000 millones de dólares y sin que esto tuviese un efecto sobre las operaciones tácitamente me suena como reconocer la existencia de una ineficiencia actual tan criminal que en cuyo caso la primera medida deberia ser remover toda la Junta Directiva de la propia PDVSA. 
El segundo argumento de elevar la cuota de participación de Venezuela en el mundo creo tiene mucho mas que ver con abandonar los acuerdos de la OPEP que con un plan de reestructuración. Finalmente no estoy seguro que en terminos de organización se deba comparar una empresa estatal como PDVSA con empresas petroleras privadas y las cuales operan en un mundo donde hay accionistas, bolsas de valores y otros elementos que ejercen un control sobre la gestón administrativa. 
Hasta que logre oir argumentos satisfactorios relativos a como se espera ejercer los controles a los que tiene derecho la sociedad, el Plan simplemente me parece una propuesta de centralización, tanto de funciones como de poder. En tal sentido creo que el Plan solo podria acelerar la degeneración a la cual sostengo esta "condenada" la empresa. ¿Por cierto si la centralización por funciones presenta tantas ventajas que hacemos descentralizando en Venezuela?
Publicado en el Daily Journal