En agosto de 1974, graduado Master en el IESA, y tras un mes en el Banco Mercantil, fui postulado como candidato para el cargo de Gerente de Diversificación en el Fondo de Inversión de Venezuela, que se estaba creando para gestionar los excedentes de los ingresos petroleros de la nación.
Ingresé al FIV en su mismísimo primer día, y me marché un par de semanas después —el mismo día en que llegó mi escritorio—, totalmente frustrado.
La Presidencia (Miraflores) el martes me llamo y me solicitó —y, por ende al Fondo, que analizace, y que obviamente avalase, antes de que terminara la semana, los estudios de viabilidad económica de una inversión de 4.000 millones de dólares conocida como el Cuarto Plan de SIDOR, el gran complejo siderúrgico venezolano.
Al pedir algo de ayuda… como 5.000 ingenieros metalúrgicos y 2.000 sociólogos, me guindaron el teléfono.
Inmediatamente me dirigí a la Junta Directiva del FIV y cuyo presidente era Constantino Quero Morales.
Con un «si algo sale mal con este proyecto, los venezolanos podrían tener derecho a ahorcarnos en la Plaza Bolívar, y soy demasiado joven para eso», le cerré la puerta al sector público... y durante un año completo me fui a cosechar arroz, sorgo y girasol por toda Venezuela.
En 1999, en un artículo titulado "Mensaje a mi Presidente" publicado en El Universal, también me referi explícitamente a lo anterior,